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Mostrando entradas de enero, 2012

Lo Bello y el Vacío

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Hay algo misterioso y perdido en lo bello. Lo bello se ha extraviado y vivimos buscándolo. Lo bello esconde un goce, y es también como un agujero que nos libera de la muerte, matándonos un poco. Paradoja no tan loca: vivir es ya empezar a morir. Así como Lacan expresó que somos hermanos del otro en la medida que somos hijos del Lenguaje; también belleza y verdad se hermanan en lo que Freud descubre: la verdad tiene estructura de fantasma.
Demos un rodeo. Tenemos –por un lado- el apotegma de William Morris, un huérfano anglicano instalado en nuestros pagos allá por las primeras décadas del siglo pasado: “Lo que no nos es útil no es bello.” Quizás dicho negativamente pretenda apaciguar algo tan categórico. Esta idea ronda lo que Jenofonte, en el siglo V a.C., clasificaría como belleza funcional.
Los Mayas –por otro lado- consideraban que tener estrabismo era bello y, para conseguirlo, las madres ponían jarras delante de los niños para que crecieran con este defecto. En es…

El Mito de la Genitalidad

. . . . . . Este mito de la genitalidad es, para muchos psicoanalistas del período abarcativo de las décadas de los años cuarenta a setenta del siglo pasado –dicho de manera aproximada, es claro- la manera de alcanzar la plenitud normal y no-neurótica. A mi entender, dicha concepción es el resultado de una lectura superficial del Freud; en función de esta, toda evolución libidinal –se asevera- debería culminar en la genitalidad. Entonces, ¿qué implicaría ésta? Aparentemente, el dar lugar a una personalidad completa. No estoy inventando el término, por cuanto puede ser localizado en un texto de los años cincuenta, llamado precisamente Psicoanálisis del hombre normal, de Gustave Richard, quien procura trazar el desarrollo de acuerdo con el diseño de un ser humano maravilloso, porque es genital. Una personalidad genital ama, produce, tiene buenas relaciones amistosas, participa en la ciudad, se siente realizada en su trabajo, disfruta de la vida familiar, etc. Todo ese cuadro felicísimo se alc…

Nominaciones

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…Consideremos los nombres de que se vale el psicoanálisis. Estenogramas de un montón de casos, parecen volcar éstos del lado de su comunidad de propiedades, pero, por otro lado, se suponen que aprehenden, en el montón, lo que justamente forma casos, es decir, lo que resiste a toda comunidad. Y quien dice el neurótico, el perverso, la histérica, el obsesivo, hace oír, bajo las especies del singular genérico, la unicidad de un sujeto que le es homónimo: literalmente, nadie podría decir si lo que se designa mediante estos nombres es un género, o un individuo, o un arquetipo.  En esta vacilación característica se describen multiplicidades cuyo modo es la dispersión, y cuyo principio es lo real de un deseo. ¿Quién va a creer, en efecto, que se trata de clases fundadas en propiedades, quién va a creer que los neuróticos se semejan entre ellos y se oponen a un complemento? O por lo menos, ¿quién va a creer que a esto se orienta el nombre, cuando se articula desde el punto del análisis? …

Palabras...

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Las Palabras se quiebran, Crujen y a veces rompen, bajo la carga,
Bajo la tensión, resbalan, se deslizan, se estropean,
Decayendo con la imprecisión, no permaneceran en el lugar No permanecerán quietas. Voces gritonas
Regañando, mofando, o simplemente charloteando Siempre las asaltan. La Palabra en el desierto
Es la más atacada por las voces de la tentación La sombra llorante en el funeral de la danza El lamento fuerte de la quimera desconsolada.
T. S. Elliot BUIRNT NORTON
Cuatro Cuartetos / N º 1, fragmento.
Gracias a mi colega María Julia por recordarme estos versos.
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Analizante / Analista / Acto / Trípode Freudiana

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I. Vegh: Nosotros lo que defendemos, vuelvo a insistir, es el absoluto rechazo a que cualquier organismo estatal pueda regular quien tiene derecho o no a llamarse psicoanalista....
N. Ferrari: ¿Cómo seria esto?
I. Vegh: Para nosotros solo vale como psicoanalista quien se forma en lo que llamamos el trípode freudiano. Ya Freud percibió muy bien las condiciones que en ningún otro campo se piden. A ningún grastroenterólogo se le pide que tenga un tratamiento para su estómago. Pero para un psicoanalista, sin su análisis, no hay analista. Por eso estamos en contra, por ejemplo, de las Maestrías con título de psicoanálisis.
G.Pietra: Eso te quería preguntar. ¿Que pensás de las Maestrías o Doctorados en la Universidad?
I. Vegh: Que son un gran negocio, que corre mucho dinero, y entonces se prenden con demasiado entusiasmo algunos colegas, y que lo lamento.  (…)
N. Ferrari: ¿Qué pasaría con los analistas que no están en ninguna institución?
I. Vegh: Yo puedo entender que alguien no quiera estar …

Cuando sonries...

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 When you´re smiling / Fisher-Goodwin-Shay /
Louis Armstrong & His Orchestra
Second New Rhytm Style Series No.22





 Our love is here to stay
/ George & Ira Gershwin /
Louis Amstrong, Ella Fitzgerald & Oscar Peterson Quartet .

Síntoma - Deseo - Verdad

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Para Freud, el síntoma es una formación de compromiso: en èl, el sujeto recupera, en la forma de un mensaje cifrado y no reconocido, la verdad acerca de su deseo, la verdad con la que no fue capaz de enfrentarse, a la que traicionó.
. Slavoj Zizek
¿Por què hay siempre dos padres? En:
¡Goza tu síntoma! Jacques Lacan dentro y fuera de Hollywood Buenos Aires; N.Visión, 2004.-
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Modelo Dualista: Pulsión vs Deseo

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Freud y Lacan ubican el pináculo del goce del ser hablante en la muerte. (…) Ciertos rodeos especulativos hechos por Freíd para fundamentar la existencia de la pulsión de muerte (Todestrieb), tal como asentarla en una supuesta tendencia de lo viviente a volver a un estado anterior, inorgánico, no sólo no son pertinentes con el campo de su investigación sino que se desvían y entorpecen la comprensión del problema.  La pulsión, según el mismo explicó, es una tendencia específica de un sujeto y no debe ser confundida con una tendencia del organismo. Por consiguiente, cuando la muerte es planteada como el fin del goce de la pulsión, a dicha muerte es preciso concebirla en el ámbito de la subjetividad.  Lo que la caracteriza no se apoya en el cese de los signos vitales, sino en una experiencia subjetiva traumática del orden del desfallecimiento o disolución de los límites del ser, es decir, una experiencia que implica la pérdida de la consistencia imaginaria del yo o, como un equivale…

Tiempo de agujerear el goce

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El pasaje por la transferencia debiera implicar que el analizante se refunde, se refilie, haciendo otra su historia en un vector retrógrado del presente hacia el pasado.  De otro modo, nos quedaríamos varados en la ribera exclusivamente psicoterapéutica. El desafío, en cualquier análisis, pero mucho más en los análisis que van a revelar estas “horribles verdades” de las que hablaba Nietzsche, ésas que destruyen toda ilusión de amor real, es volver a escribir la función unarizante del Otro, de modo tal de que el sujeto pueda darse el tiempo de ir agujereando ese goce compacto y no necesite rebotar hacia la posición narcisista, posición en la cual la única salida es desaparecer.

Por supuesto no estamos negando la necesaria cara de goce que un niño le aporta a quien lo ha hecho venir a este mundo. Nadie es convocado al mundo si no cifra goce para su Otro. Pero, sin el tope que el amor pone al goce, no habrá cuidado del retoño, sino uso instrumental, pasando el niño a se…

Costumbres & Buenas Intenciones

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El primer juego al que juega el niño es a destetarse. Quien haya observado a un recién nacido ha visto que el bebé toma la teta, luego la deja, vuelve a tomar la teta, luego vuelve a dejarla: se puede reconocer la precocidad con que esa actividad introduce un tinte lúdico. Su ejercicio inicia una alternancia que es vital para el recién nacido. Ese mínimo gesto le otorga un primer derecho a su incipiente humanidad, un intervalo para jugar sus barajas, para iniciarse como partícipe en el juego que le ha sido propuesto. Puede sorprender que en tiempos tan tempranos, cuando aún es tan dependiente en todas sus necesidades, ejerza así su singularidad personal; la escena nos enseña que, para el ser humano, llegar a vivir no es equivalente a haber nacido. Que la relación del bebé con el pecho de la madre fluya en una periodicidad alternante es, desde el vamos, una nota mayor, un tiempo anticipatorio del sujeto, una toma de posición, una respuesta al Otro. . Para el bebé, tal p…

Plaza San Martin

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En busca de la tarde fui apurando en vano las calles. Ya estaban los zaguanes entorpecidos de sombra. Con fino bruñimiento de caoba la tarde entera se había remansado en la plaza, serena y sazonada, bienhechora y sutil como una lámpara, clara como una frente, grave como un ademán de hombre enlutado.




Todo sentir se aquieta bajo la absolución de los árboles —jacarandás, acacias— cuyas piadosas curvas atenúan la rigidez de la imposible estatua y en cuya red se exalta la gloria de las luces equidistantes del leve azul y de la tierra rojiza.



¡Qué bien se ve la tarde desde el fácil sosiego de los bancos! Abajo el puerto anhela latitudes lejanas y la honda plaza igualadora de almas se abre como la muerte, como el sueño.
Jorge Luis Borges Plaza San Martin (A Macedonio Fernández) Fervor de Buenos Aires, 1923.
, Fotos: map/ Enero 2012

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Otredad

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Dos amigos dando un paseo por una de las hermosas plazas del Tigre, uno psicoanalista.
Alfredo:
. La verdad que ésta plaza es encantadora, llena de flores y árboles solemnes, fuentes de agua al estilo oriental y maravillosos monumentos de próceres que hicieron nuestra nación Argentina. Lástima que tengamos que ver tantos cirujas viviendo en ella y no sólo cirujas, también están locos de remate sino mira como gritan y hablan solos. La verdad me dan mucha LÁSTIMA, sería bueno que los  desterraran  de la plaza,  arruinan todo lo bello que ella manifiesta.
 Eduardo:
. Recuerdo al escucharte una escena de la película Luces de la cuidad de Chaplin:  van a inaugurar una estatua y toda la gente “racional”, bella, culta estaban ahí esperando el suceso, cuando sacan el manto que cubría la obra se encuentran con que había un mendigo durmiendo en ella, la gente bien se aterro y pedían a grito que sacaran al paria que arruinaba todo lo bello de la civilización.
Alfredo:

Si es una buena película, per…

Otredad (II)

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En toda la historia del cine, Luces de la ciudad es tal vez el ejemplo más puro de un film que, por así decirlo, apuesta todo a su escena final –la totalidad del film sólo sirve, en última instancia, para prepararnos para el momento final, concluyente, y cuando este momento llega, cuando (para usar la frase final del ‘Seminario sobre «La carta robada»‘, de Lacan) ‘la carta llega a su destino’(4),el film puede terminar enseguida. Éste está, entonces, estructurado de una manera estrictamente ‘teleológica’, todos sus elementos apuntan hacia el momento final, la largamente esperada culminación; razón por la cual también podríamos utilizarlo para cuestionar el procedimiento habitual de la deconstrucción de la teleología: tal vez anuncia un tipo de movimiento hacia el desenlace final que escapa a la economía teleológica según se la pinta (uno se siente incluso tentado a decir: se la reconstruye) en las lecturas deconstruccionistas(5).
Luces de la ciudad es la historia del …

Credo de Poeta

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Los versos que recuerdo son los que en estos momentos les vienen a ustedes a la memoria:
Tú no has nacido para la muerte, ¡Inmortal pájaro! No han de pisotearte otras gentes hambrientas; La voz que oigo esta noche fugaz es la que oyeron En los días antiguos el labriego y el rey; Quizás este mismo canto se abrió camino al triste Corazón de Ruth, cuando, con nostalgia de hogar, Llorando se detuvo en el trigal ajeno. (*)
Yo creía saberlo todo sobre las palabras, sobre el lenguaje (cuando uno es niño, tiene la sensación de que sabe muchas cosas), pero aquellas palabras fueron para mi una especie de revelación. Evidentemente, no las entendía. ¿Cómo podía entender aquellos versos que consideraban a los pájaros -a los animales- como algo eterno, atemporal, porque vivían en el presente? Somos mortales porque vivimos en el pasado y el futuro: porque recordamos un tiempo en el que no existíamos y prevemos un tiempo en el que estaremos muertos. Esos versos me llegaban gracias a su música. Yo había …

Creerselo (el falo del Otro): he ahi el problema...

. . . . . . - "Aunque tù no lo creas, maestro, yo, Hiu Si, tengo miedo.  Cada vez que voy a la batalla tengo miedo, y cada vez màs.  ¿Què puedo hacer?
- "Cuando Hiu Si se olvide de Hiu Si, Hiu Si será entonces un gran general".
Cuento Zen .

Fotografia

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Colonia, Uruguay. Diciembre / 2011
foto: map
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