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Mostrando entradas de febrero, 2019

Infierno

En otro tiempo, si mal no recuerdo, mi vida era un festín en el que se abrían todos los corazones y en el que se derramaban todos los vinos. Una noche senté a la belleza sobre mis rodillas y la encontré amarga. Y la injurié.
(...)
"Seguirás siendo hiena, etc..." insiste el demonio que me coronó con tan amables adormideras. "Llega a la muerte con todos tus apetitos, con tu egoísmo y con todos tus pecados capitales."

¡Ah! ya aguanté lo mío: -Pero, querido Satán, os conjuro; ¡miradme con ojos menos irritados!
Y, aguardando las pequeñas cobardías en demora, para vos que apreciáis en el escritor la ausencia de facultades descriptivas o instructivas, voy a destacar algunas odiosas hojas de mi carnet de condenado.
Arthur Rimbaud  [ Charleville, 1854 - Marsella, 1891 ] Una temporada en el infierno  [ 1873 ]
Artes Visuales: Bill Carman [ Seúl ] bcarman.wixsite.com/billcarman billcarman.blogspot.com

Eduardo Galeano. Poeta.

En los fogones de Paysandú, el Mellado Iturria cuenta sucedidos. Los sucedidos sucedieron alguna vez, o casi sucedieron, o no sucedieron nunca, pero lo bueno que tienen es que suceden cada vez que se cuentan. . Este es el triste sucedido del bagrecito del arroyo Negro. . Tenía bigotes de púas, era bizco y de ojos saltones. Nunca el Mellado había visto un pescado tan feo. El bagre venía pegado a sus talones desde la orilla del arroyo, y el Mellado no conseguía espantarlo. Cuando llegó a las casas, con el bagre como sombra, ya se había resignado. . Con el tiempo, le fue tomando cariño. El Mellado nunca había tenido un amigo sin patas. Desde el amanecer, el bagre lo acompañaba a ordeñar y a recorrer el campo. A la caída de la tarde, tomaban mate juntos; y el bagre le escuchaba las confidencias. . Los perros, celosos, lo miraban con rencor; la cocinera, con malas intenciones. . El Mellado pensó ponerle nombre, para tener cómo llamarlo y para hacerlo respetar, pero no conocía ningún nombre de pescad…

Amor y Anticapitalismo.

El amor produce familiaridad en relación al otro; a partir de la radical diferencia que hay... (...) El amor es un espacio de crisis permanente, donde el particular arreglo de dos se procesa y se negocia. El amor tiene una escena, necesaria. No hay amor sin escena. Y es en los rasgos particulares de la escena donde la crisis de la cultura le da sus determinaciones. El amor, como suplencia del no hay proporción sexual, se constituye como síntoma del lazo establecido al Otro. (...)
En un hombre como en una mujer, aunque de diferente manera, el otro está conformado por el respectivo objeto en el fantasma; el fantasma fundamental comanda la vida erótica de cada uno.
El fantasma es el anhelo de unir el objeto que uno es, al cuerpo del Otro carente, del otro al que un enunciado ha transformado en sujeto y un enunciado en el cual el fantasma no se dice en primera persona. Si comanda la vida erótica, el fantasma ya es la escena que separa al sujeto definitivamente de la naturaleza. (...)
El fant…

De Oruga a Gusano a Mariposa a Nada...

Una mora demora tu única morada. (Te educaste a vivir sin el fausto bronce    Ni el opulento exceso.) En cautiverio perduras, dócil y crédulo. Peculiar modo de protegerte Encadenándote al Otro de tu suerte.
Con tu falso ojo y tu hábito vasallo Cinco mil años te ameritan ser El primer domesticado, después del poeta.
Tu esplendor silencioso, almidón de morera,
Al alba brota y muriendo renaces.
Antes de tu eclosión, la inmóvil crisálida (Que es oro y desgano y escolta) Arrulla un kilómetro de estéril seda. Y asomas tu sexo taciturno y libre En hendidura de hembra E hinchazón de macho.
Hilo infatigable como el mar y la cuerda Letal oxímoron que en su poder fallece. ¿Quién pudiese resistir indemne Tus cinco modestas edades de púrpura?
No te acarician el ego Ni te adulan dormido. Por eso nunca te engañas. Ni suspiras ni gimes ni lloras, Por lo tanto: ni ríes ni cantas.
Te pareces a la suavidad y a la nostalgia.
Y al perdón y al silencio. Violín y  frágil -como tu vecina araña- Resistes noblemente en la esmeralda glorie…

Soñar para Silbar. Un cuentito de verano.

A Waldemar, cuando silba bajito.
[Estaba yo en estos días buscando alguna señal de mi padre, a quien extraño de cuando en cuando; y sobre todo la estaba buscando porque justamente no creo en esas señales que a algunos le pasan pero nunca a mi. Por decirlo a la criolla: en ocasiones me aburre la razón y quisiera ponerlo todo en la credulidad; y estoy tentado en decir: hasta en el dogma. Por ejemplo alguna llamada anónima con la voz de mi padre, o un cartel en una esquina simbólica de Buenos Aires donde la tipografía se engarce con su mirada, o un atardecer en el mar con un arcoiris donde el rostro de mi padre se mimetice con sus colores, quien sabe, qué sé yo… Andaba indagando por un cierto apaciguamiento que me tranquilizara y demoliera mi agnosticismo; que me de un signo de que después de esto podría haber un irrefutable mas allá, por así decir... Le confieso, lector, que nunca he sido un místico, pero a veces me gustaría ser un poco más crédulo y otro poco menos lógico, por no decir:…

Baricco. Deseo, Océano.

"Después no es que la vida vaya como tú te la imaginas. Sigue su camino. Y tú el tuyo. Y no son el mismo camino. Es así… No es que yo quisiera ser feliz, eso no. Quería… salvarme, eso es, salvarme. Pero comprendí tarde por qué lado había que ir: por el lado de los deseos. Uno espera que sean otras cosas las que salven a la gente: el deber, la honestidad, ser buenos, ser justos. No, los deseos son los que nos salvan. Son lo único verdadero. Si estás con ellos, te salvarás. Pero lo comprendí demasiado tarde. Si a la vida le das tiempo, muestra extraños recovecos, inexorables: y adviertes que, llegado ese momento, no puedes desear nada sin hacerte daño."
Alessandro Baricco [ Turin, 1958 ] Océano Mar, 1993

Pececitos...

la pesadumbre de una morada irreal
el agua en que se ahogaron mudos la mano perezosa que no los pudo salvar el escepticismo que inundó la pecera el aire desafiante que los asfixió la soberbia que desató el crimen.
MAP Dos pececitos, II XII / 2012 Artes Visuales: Alfred Gockel [ Alemania, 1952 ]

Pulsión / Instinto / Goce

Este lunes una colega de un grupo me comentaba un recorte clínico: al terminar la viñeta, dijo:"El tipo murió de cáncer de huesos. Su papa era ortopedista."    Esta conclusión -que no nos deja de asombrar y escuchamos a menudo en la clínica- me disparó pensar algo que me preguntan permanentemente: por qué la pulsión tiene que ver con la cultura y no con lo natural.  Esta cuestión de pensar que el concepto de pulsión viene a reemplazar al de instinto, no sólo es un error técnico fuerte sino que no nos permite avanzar y entender que la enfermedad es del lenguaje. Instinto es una cosa. Pulsión es otra. 
Los animales son perfectos porque tienen instinto y siempre responderán a la necesidad (propia y de la especie) El sujeto, en cambio, tiene la capacidad de no responder. Puede equivocarse. Puede fallar. Puede decir:"el cigarrillo me mata, prometo que no fumo más"y fumar cada día más. Puede enunciar:"Gasté mis últimos ahorros en el casino, prometo no volver"y v…

¿Salud Mental?

Quería hablarles de la extrañeza de un título como este: "Psicoanálisis, Salud y Políticas públicas" (...) El psicoanálisis tiene algo particular como si perteneciera a otro mundo (...) y no obstante ese otro mundo nos afecta (a los psicoanalistas). (...) Mi consultorio está en el espacio tridimensional y la transferencia está en el espacio topológico: y este es el problema que se plantea... Salud y Políticas Públicas están en distintos espacios: el espacio de la transferencia no pertenece al espacio tridimensional, lo que no impide que el espacio tridimensional intervanga en la transferencia: interviene siempre trayendo problemas. (...) Hay una disarmonía con la que convivimos todo el tiempo... Cuando en el avión me preguntan la profesión yo pongo "médico", no se me ocurre poner "psicoanalista"; y cuando voto yo estoy como ciudadano, ni como médico ni como psicoanalista... Es decir que una misma persona tiene dimensiones diferentes que coinciden y que no s…

El Sujeto en la Psicosis

La constitución del sujeto en el orden del significante (…) tiene como aspecto central esta representación que abre la dimensión de la falta: en la medida de que toda representación tiene como trasfondo una ausencia, el sujeto representado en el significante tambièn falta allí. La teoría psicoanalítica así lo concibe: la falta no es de algo “real”, es consecuencia del significante que la produce activamente en tanto su función es evocar. (…)
En la medida en que el Otro sólo puede responder en términos de significante, que como tal no remite más que a otro significante, esta pregunta por el ser será el interrogante siempre abierto. En el Otro falta el significante que pueda detener el deslizamiento infinito del significante (…) En efecto lo que Lacan escribe S (A/ ) indica cierta forclusión: la del significante “propio” del sujeto en el Otro.
¿Quiere decir esto que tambièn hay cierto tipo de forclusión en la neurosis? La respuesta es afirmativa. Más allá de las apariencias, la forclusión…

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