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Mostrando entradas de agosto 6, 2011

La Cisterna

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Ellos se conocieron cuando transitaban sus veintes; es decir, hacía ya tres décadas. Eran de las parejas a la antigua usanza: a pesar de que la pasión se había adormecido y la tediosa rutina se les había colgado del pescuezo, habían formulado lo informulable; habían jurado lo imposible: irse uno cuando no era necesario seguir porque el otro ya no estaba. Ninguno de los dos creía en el destino; los dos sabían que nadie muere en la víspera y ambos estaban muy seguros que no eran los virus, ni las bacterias lo que mata a un alma; sino simplemente la tristeza.

Ella nunca abandonó la respotería. Él era carpintero. Con sus cuatro manos laboriosas, ella ponía luz a la gentil madera de los sueños, mientras que él siempre trataba de encontrar la vuelta para que el juramento permanezca vigente. Vigente y vigoroso. No necesitaban demasiadas cosas para estar: la vida no les había otorgado la misión de engendrar hijos, ni la utopía de educarlos. Pero abundaban otros privilegios humanos: agasa…

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