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Mostrando entradas de febrero 1, 2016

Fernando Peña...

Señor Puto Lindo Fernando Peña: extrañamos tus personajes y tu talento. Todavía hay gente que no puede creer que en tu cuerpo había tantos personajes, y todos al mismo tiempo, y con guiones tan redondos, tan logrados por vos mismo; en una época que te tocó donde todavía ser puto -como a vos te gustaba nombrarte- era una osadía.
Tu Martín Revoira Lynch -Revoira, no simplemente Lynch, católico apostólico y Romano, de familia Patricia- me sigue pareciendo un personaje tan extraordinario, como Doña Caterina o Catita de Nini Marshall.  Estés donde estés; te homenajeo con este posteo.  Gracias por tu arte!



El puto pobre escucha a Natalia Oreiro, en casete, no tiene reproductor de Cd. El puto pobre tiene timbre pero es chicharra… El felpudo es de alambre… El puto pobre en vez de pintar las paredes, las limpia con Cif y lavandina… Pero el puto pobre es más alegre… El puto de clase media abunda… Por lo general está en el closet. No le gusta que sepa que es puto… En los portarretratos sólo hay foto…

Esclavos blancos, esclavos negros.

No hay nada peor que una guerra civil. Los coterráneos son los seres que más se odian cuando se entremeten en un conflicto armado. Estados Unidos puede dar testimonio de la veracidad de tal afirmación. El Norte y el Sur llevaron a cabo, entre 1860 y 1865, una guerra feroz, sanguinaria. La excusa fue la esclavitud. El Norte quería abolirla. El Sur conservarla. El Norte quería obreros libres para sus industrias. El Sur, esclavos para sus plantaciones de algodón y tabaco. El Norte sabía, siguiendo el ejemplo de Inglaterra, que sólo el valor agregado que la industria añadía a los productos del suelo establecía un valor superior. El monocultivo sureño conducía al atraso. El industrialismo del Norte era el ariete que abría las puertas del progreso. Así, todo indicaba que el Sur quería esclavos para cosechar la tierra. Y el Norte obreros para sus industrias. Esto entusiasmaría a los socialistas europeos, todos partidarios del Norte. De esta forma, Marx y Engels envían cartas alentadoras a Li…