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Mostrando entradas de septiembre 14, 2009

Discurso Amoroso

. fuente: Roland Barthes Fragmentos de un discurso amoroso - 1977- . . Capítulo : "¡Adorable!" . Encuentro en mi vida millones de cuerpos; de esos millones puedo desear centenares; pero, de esos centenares, no amo sino uno. El otro del que estoy enamorado me designa la especificidad de mi deseo.
Esta elección, tan rigurosa que no retiene más que lo Ùnico, constituye, digamos, la diferencia entre la transferencia analítica y la transferencia amorosa: una es universal, la otra, especìfica. Han sido necesarias muchas casualidades, muchas coincidencias sorprendentes (y tal vez muchas búsquedas), para que encuentre la Imagen que, entre mil, conviene a mi deseo. Hay allí un gran enigma del que jamás sabré la clave: ¿por què deseo a Tal? ¿Por què lo deseo perdurablemente, lánguidamente? ¿Es todo èl lo que deseo (una silueta, una forma, un aire)? ¿O no es sólo más que una parte de su cuerpo? Y, en ese caso, ¿què es lo que, en ese cuerpo amado, tiene vocación de fetiche para mí? ¿Qué porción, …

Locuras

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"La verdadera locura es el delirio de infatuación."
. G.W.Hegel . "Que el sujeto acabe por creer en el yo es, como tal, una locura.” . J. Lacan . "Loco no es el que ha perdido la razòn; loco es aquel que ha perdido todo menos la razón." . Paul Vàlery . "Si no cometiera alguna locura al año, me volveria loco."

Vicente Huidobro . "No està más loco un sujeto que se cree rey que un rey que se cree rey."
. J.Lacan
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El Sombrero

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. . ELLA DIJO: Sos mío. . ÉL miró con orgullo de infatuación y de completud. . ELLA DIJO: Sos mío. Y no soportaría ni pensar que otra te toque la piel. . ÉL siguió creyendóle que ella lo amaba. . ELLA DIJO: Voy a cocinar para vos, a cuidar de vos, a darte todo lo que pueda. . ÉL estaba exhausto de emoción; era capaz de abandonar todo por ella. . ELLA DIJO: Te amo. . ÉL miró sus labios violentos, su pelo azabache, sus orejas de racimo de néctar. Quiso reinvindicar el pacto. Sacó un sombrero de paño atercipoledo como sus ojos, se lo puso sobre su cabeza púrpura y sentenció una demanda: . ÉL DIJO: Qué bien te queda ese sombrero. . ELLA -sacándose el capelo- DIJO: No. A mi los sombreros no me quedan bien. . Ella, con una sonrisa histriònica, siguió caminando por la calle, calle de piedras robustas y resistentes, como su corazòn. Èl, lànguidamente, ya no dijo nada. . . m.a.p. . .