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Mostrando entradas de enero 20, 2016

Libre de deseo; perdón: de humo. El Destino de escribir.

A finales del año 2015 yo tenía sobrepeso, fumaba como un sapo y estaba a punto de cumplir cuarenta y cinco años; es decir, tenía la edad exacta en la que se infartan los fumadores gordos y se mueren de camino al hospital. Tampoco hacía ejercicio físico; solamente caminaba tres o cuatro pasos cuando me ponían la comida rica un poco más lejos de lo habitual. Era obvio que iba a tener un infarto muy bestia, y que me iba a morir bastante joven. Pero por alguna razón me salvé. Hoy es enero de 2016 y sigo vivo; acá estoy. Nadie entiende por qué. . Hasta hace unos días mi vida era inconsciente y maravillosa. Ahora tengo que tomar siete pastillas cuando me despierto, tengo que ver doctores y hablar con ellos (nunca había visto a ninguno de cerca), tengo que caminar cuarenta minutos al día, y sobre todo: tengo que escribir sin fumar. Es lo más triste que le puede pasar a un escritor que fuma. A este texto tengo que entregarlo en unas horas. Son alrededor de mil doscientas palabras y no estoy acos…

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