Blog de Vacaciones













Poesía Persa










Más sola que una hoja
con las cargas de mis lejanas alegrías
tranquila, lenta, silenciosamente fluyo
en las verdes aguas del verano
hasta la tierra de la muerte
hasta la orilla de las tristezas otoñales

Me abandoné a una sombra
a la volátil sombra del amor
a la fugaz sombra de la felicidad
a la sombra de lo efímero

Esas noches en que una brisa perdida da vueltas
por el bajo cielo del corazón doliente
esas noches en que asciende una niebla sangrienta
por las azules callejuelas de mis venas
esas noches en que estamos solos
con los temblores del alma, solos
- en el latido del pulso hierve
la sensación de la existencia de una existencia enferma

(…)



Ahora tú estás aquí
abarcando como el aroma de las acacias
las callejuelas de la mañana
pesando en mi pecho
ardiente en mis manos
enajenado ardiendo desmayado en mi pelo
Ahora tú estás aquí

Algo extenso oscuro abundante
algo inquieto como la voz lejana del día
por mis pupilas tristes
gira y se extiende
Tal vez me recogen en un manantial
Tal vez me cortan en una rama
Tal vez me cierran como una puerta
dejando fuera los instantes futuros
Tal vez…
No veo más

Brotamos en una tierra llena de maleza
Llovimos en una tierra llena de maleza
Vimos la “nada” en los caminos
montada en su gualdo caballo alado
avanzar como una reina

¡Ay! Somos felices y sosegados
¡Ay! Somos melancólicos y apagados
felices porque amamos
melancólicos porque el amor es una maldición.


Forugh Farrojzad
[ Teherán, 1935 / 1967 ]
En las aguas verdes del verano, fragmento.
Nuevo Nacimiento.
Trad.: Clara Janés y Sahand
Ed. Del Oriente y del Mediterráneo
Madrid, 2004
Artes Visuales:
Helen Zarin
[ Shiraz, Irán, 1970 ]

Psicoanálisis, Dios, Nombre del Padre...










Querido Marcelo, saludos desde Bilbao!
Respecto a toda la historia de los nombres del padre, lo real simbólico imaginario, la historia de Abraham e Isaac y el nombre impronunciable, el origen de la palabra...etc…
La palabra es simbólica y por lo tanto parcial... Cómo podría hablar Dios a través de ese canal? No es una contradicción en sí mismo? Hay como una doble visión a la hora de pensarlo... Si Abraham habla realmente con Dios, tampoco parece tan meritorio lo que hace. Si todo está en su mente, no sé ni qué decir al respecto. Habría que verlo como una metáfora?
Y esa mezcla de un Dios insaciable que quiere sangre con ese otro Dios compasivo, Dios padre que indica el camino a seguir… Y todo esto unido al momento personal en el que Lacan decide abordar el asunto.
Serías tan amable de dar un poco de luz a este asunto tan particular? Gracias, como siempre, por todo, Marcelo.  Por estar ahí, como un faro en la noche. Y disculpa si resulta ingenuo lo que pregunto. Cada uno va por donde va. Abrazo fuerte!!! Jon Castaños Lopez / Bilbao / España.




Hola Jon. Gracias por tus poéticas palabras y tu siempre inteligente interrogatorio en torno a las Preguntas por la Falta-en-Ser. Complejo abordar en un breve correo todo este tema del Nombre-del-Pladre, Dios y las rivalidades imaginarias expresadas en lo simbólico. Podríamos –pienso ahora- tomar un texto elemental en donde Jacques Lacan expone sintéticamente algunos puntos los cuales creo que sirven para abordar estas cuestiones.

En un encuentro con estudiantes de la U. de Yale –en 1975- Lacan expresó que “La religión es un síntoma. Todo el mundo es religioso, incluso los ateos. Creen suficientemente en Dios para creer que Dios no está ahí cuando están enfermos.

El ateísmo, es la enfermedad de la creencia en Dios, creencia de que Dios no interviene en el mundo. Dios interviene todo el tiempo, por ejemplo bajo la forma de una mujer.
Los curas saben que una mujer y Dios es el mismo género de veneno. Ellos se deslizan sin cesar. El análisis puede ser capaz de hacer un ateo viable, es decir alguien que no se contradice.”

También allí recordó que “Hay verdades que son del orden de lo real. Si yo distingo real, simbólico e imaginario, es que hay verdades de lo real, de lo simbólico y de lo imaginario. Si hay verdades de lo real, es que hay verdades que no se confiesan.”  Pero habría que recordar, siempre, que –para nosotros-  “La verdad tiene estructura de ficción”. Por lo cual no sólo estamos de acuerdo que Dios no podría hablar en lo simbólico (el significante engaña, Dios no puede engañar; la palabra falla, Dios no puede fallar; y así su ruta…) sino que –volviendo up supra- hay algo en el orden de lo real que no puede confesarse. Sólo que –claro- no hay real sin simbólico ni imaginario. O, creo, también: La religión es Dogma, el Dogma no se refuta ni se analiza; “Dios es la Verdad” y así la misma ruta.

El Dios que no engaña de Descartes, el amor intellectualis Dei de Spinoza podría equipararse al Otro: Lacan ha dicho una vez “El Otro es Dios”. Allí es donde habita el Nombre del Padre: el Dios Garante con el cual el neurótico cree sostiene al padre. Pero hay otro Dios, el del goce. El del sacrificio: sin garantías, como en el pedido de Isaac. El Dios que se presenta ante Moisés como el enigma mismo de lo real. Mientras que el Dios de Abraham es un Dios ignorante (Lacan habla en el Seminario 17 de la feroz ignorancia de Yahvé), un Dios incluso a Quien no le importa el bien del sujeto; el Dios del Sujeto-supuesto-al-Saber no solo es un Sujeto que se supone que Sabe sino que también querría el bien del hombre.

Creo que hay que pensar que –para Lacan- Dios como significante remite a un imposible, a un real: en su Seminario XI, en la clase del 12 de febrero de 1964 expresó: “"La verdadera fórmula del ateísmo no es Dios ha muerto (Nitschze) -pese a fundar el origen de la función del padre en su asesinato, Freud protege al padre-, la verdadera fórmula del ateísmo es Dios es inconsciente".  De allí que también enunció que “los verdaderos ateos son los teólogos pues hacen de Dios un objeto de conocimiento”.  “Dios no existe” es una denegación ligada al Padre Muerto. O en otras palabras: el ateísmo siempre entra en dificultad ya que siempre se necesita un significante para nombrar la ausencia, o la falta en el Otro. Dios es un significante, no un significado.

Pensemos esto: el Padre de Freud y el Padre de la Teología se equiparan: unen el deseo a una Ley.  La religión Romana (“la verdadera”, según Lacan) hace que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob “se encuentre en lo Real” (Discurso a los católicos, 1960).

En su texto La ciencia y la verdad, Lacan compara religión, magia, ciencia y psicoanálisis en relación a la “verdad como causa”. Refiriéndose a la religión, dice: “… la función que juega en ella la revelación se traduce como una denegación de la verdad como causa, a saber, que ella deniega lo que funda al sujeto a tomarse como parte activa en ella – entonces hay pocas posibilidades de dar límites, cualesquiera sean, a lo que se da en llamar la historia de las religiones, es decir, cierto rigor”.  Y agrega: “Digamos que el religioso deja que Dios se encargue de la causa pero corta el propio acceso a la verdad. Es así que es llevado a entregar a Dios la causa de su deseo, lo cual es propiamente el objeto del sacrificio”.




Ahora. Toda esta cuestión podría ser mera filosofía sino la circunscribimos al dispositivo y al síntoma del sujeto. Recuerdo algo que algunas veces comentó Slavov Zizek: circuló entre los lacanianos un chiste clásico que ejemplifica el papel clave que tiene el saber del Otro: un hombre que cree ser un grano de cereal es llevado a una institución mental donde los médicos hacen todo lo que pueden para convencerlo de que no es una semilla sino un hombre. Cuando el hombre se cura y es autorizado a dejar el hospital, vuelve inmediatamente temblando de miedo. Afuera hay una gallina y tiene miedo de que se lo coma. "Pero mi amigo -le dice su médico- si usted sabe bien que no es un grano, sino un hombre". "Claro que yo lo sé -responde el paciente-, ¿pero lo sabe la gallina?" De donde Zizek concluye: “El tratamiento psicoanalítico reside precisamente en esto: no basta con convencer al paciente sobre la verdad inconsciente de sus síntomas; el inconsciente mismo debe ser llevado a asumir esta verdad.”

De allí que en esa misma Entrevista que mencionaba, Lacan habló del Síntoma y su cara de Demanda y que habría que relacionarlo con toda la Religión del Neurótico –si puedo calificarla así-. Copio esos párrafos porque también nos lleva a comprender que ningún analizante demanda un análisis para conocerse; como siempre digo “nadie se conoce más que si mismo”.  Cito: “Trato que esta demanda obligue a los analistas a hacer un esfuerzo. Yo no les prometo ser desembarazados de un síntoma. Porque, incluso para un síntoma obsesivo, por más severo que sea, no es seguro que ellos hagan un esfuerzo para salir de él. En esta filtración hay una apuesta, una parte de suerte. Yo pongo el acento en la demanda. Es necesario que algo empuje. Y esta demanda no puede ser conocerse mejor; cuando alguien me demanda esto, lo despido.”

Finalmente, también habría que pensar que hay algo llamado Fantasma en donde el Sujeto coloca su Mito (y su goce): “Si hay fantasma, es en el sentido más riguroso de instituir un real que cubre la verdad” (Subversión del Sujeto…)  O –expresado por Lacan en su Seminario XX-: “Mientras hablemos, la hipótesis Dios estará siempre presente”. O, expresado en RSI: “Dios no es otra cosa que eso que hace que a partir del lenguaje, no se pueden establecer relaciones entre seres sexuados”.

Asocio esto también con algo más que ha dicho Lacan en Yale. Cuando le preguntaron por las implicaciones políticas de sus investigaciones psicoanalíticas, el Maestro respondió: “En todo caso, que no hay progreso. Lo que se gana de un lado, se lo pierde del otro. Como no se sabe lo que se ha perdido, se cree que se ha ganado.”

Como se ve, hay una amistosa relación entre todo este conjunto de significantes que llevan al sujeto a preguntarse por su traza, por su Ser.  Como dice Norberto Rabinovich: “La apuesta ética del psicoanálisis también es tributaria de la estructura de su objeto conceptual, das Unbewusste , el inconciente freudiano, que Lacan traslitera al francés como “l’une-bèvue”, “la unequivocación”. Dijo Lacan: “El deseo del analista no es un deseo puro. Es un deseo de obtener la diferencia absoluta, la que interviene cuando enfrentado al significante primordial [ el significante del Nombre del Padre] el sujeto viene por primera vez en posición de someterse a él; ahí sólo puede surgir la significación de un amor sin límites, ya que está fuera de los límites de la ley, donde sólo él puede vivir.”


Cordiales saludos y nuevamente gracias por tu correo que me permite expresar un poco estos temas tan debatidos y que –imprudentemente, por la brevedad del caso- me atrevo a perfilar aquí.   Marcelo A. Pérez. Feb / 2017.

Artes Visuales:
Remedios Rodriga Varo
[ España, 1908 / México, 1963 ]

La La Land / Tierra de Todos o de Ninguno.













Amarse a uno mismo es el principio de una historia de amor eterna.
Oscar Wilde


La La Land es una película que conviene a Hollywood: hace mucho que la Industria Yankee no produce un producto de característica naif que, a la vez, prescinda un poco de los tratados sobre xenofobias, guerras racistas y aversiones múltiples. Pero el arte colorido y fotográfico de Damien Chazelle no alcanza, a mi juicio, para ponerse a la altura de musicales tales El Fantasma, Chicago, Sweeney Todd e incluso el siempre digno Grease; y ni hablar de Cantando bajo la lluvia o Moulin Rouge.

Pero este trabajo artístico tiene un mérito a mi juicio imprescindible de subrayar: es una obra de amor donde gana el desamor; o el amor a sí mismo. Donde los Egos de cada protagónico no pueden –castración mediante y tapiada- abandonar su goce individual, traspasar por sobre el interés propio y sostener (y soportar) el Amor que durante lustros Hollywood intentó subvencionar.

No puede ser casual que el título de esta obra conlleve no sólo las notas de un pentagrama y las iniciales de la Ciudad de las estrellas; sino también esa tonalidad naif donde todo sigue su curso, donde “aquí no ha pasado nada” y “lalalalala”; y donde “yo soy así, qué voy a hacer”; sentencias amparadas sin más por los primeros diálogos de la obra donde queda claro que cada uno de sus protagonistas llegan a Los Ángeles para “brillar y estar arriba del escenario”.  No debe ser aleatorio que las luces de estas Estrellas nunca encandilen a la Estrella-Ego y que esa llama (Flame como en Fame!) sea ardiente fulgor e incandescente brújula con la que los protagonistas frotan su piel.

Aquí es donde la pulsión –siempre de muerte- arrasa con el amor, como en las mejores parejas. De allí que La La Land es la Tierra que entierra al Sujeto (del deseo que lo causa) para infatuar al YO. Con el guiño consecuente de darle sintonía y vitaminas al Goce acumulando el Fantasma Ideal donde el deseo queda Insatisfecho para... seguir deseando, música mediante.

No es poco –creo- ese mérito: el valor, la virtud, de cachetear un poco al siempre incauto público de cine y teatro, y de decirle: “Señores: todo bien con el Amor; pero si no se pone primero al otro, eso es Amor-Propio siempre. A ponerse las pilas...”-  Claro que cuando el Ego se encierra en sus reglas y compite y conlleva el signo de resentimiento, provocación y desafío histérico; es muy fácil decir Te-amo pero muy complejo sujetarse a la Metáfora Amorosa que –por definición- implica un cambio de discurso.


MAP
La La Land: La Tierra que Entierra al Sujeto.
Esbozo sobre el Film de Damien Chazelle.
II / 2017
Artes Visuales:
Roberto Casarrubio
[ Madrid, 1936 ]

Un poema










Buscamos la piel precisa 
Voz afable
Clausura de miradas en
Cuerpos ruidosos urgentes errantes marchitos
Y descubrimos calma en huellas Cortazianas
Y nos amarramos entre nubes de pipa y licor
Mientras trepamos con gotas de rocío ardiente
En la letra tornasol, indicio de la cifra de
Nuestro ayer.

Buscamos clavos y pasión en un
Pretérito cobrizo
Que volvía como vagones exhaustos
Derrotados cobardes
Y hallamos Saramago montañas alba
Y extraño Oriente
Tejido de ave y tisú
Y Satatango
Y madera
Noble y honrada
Como tus manos y tu generosidad
Y lágrimas de libélula con el sexo tieso
Orgasmos con fragancia a pera y manzana
Sonrisas de oruga fatigada
Crepúsculo receloso
Y abrazo pendiente
Y futuro.



Hay padres lejanos crueles
Madres insaciables
Hermanas de arbitrio baladí
Pero amanece de pronto
Y la locura es dócil
Compasión escucha espuma gesto
Trazas de corcheas celestes
Ramas secas que florecen como cigüeñas
Barba con incienso y pies y habanos y  esperma.

Paradojas cuando poco se piensa y mucho se vive
Coraje y enojo de tiempo y de abandono
Y ese misterio íntimo de dejarse hechizar
Por el desatino del otro que nos captura
Rescate quimérico voz que extrañamos
Sueños donde apareces como
Imprescindible como
Esencial como
Inevitable como
Único.

Buscar algún árbol dadivoso que nos regale su amistad
Y descubrir el sosiego bajo un cielo de capullos granates
Donde me leíste susurrando el exótico viaje de pájaros dichosos.

Paradojas siempre:
“¿y por qué sábado y domingo piden un plural?”
“¿Y mis manos buscan las tuyas
Y te ofrezco una cucharita de dulzura en la boca
Muy a pesar mío, frente a un mundo que ignoro
Al menos
A penas
Un instante?”



Y mientras los gusanos de mancebos incompletos
Y caracoles con dentaduras de terciopelo
Y jazmines averiados por la tristeza del domingo
Y relámpagos harapientos
Y hormigas pisoteadas por la bulimia del capitalismo
Consumen fastidio y tedio
Tu garganta clama un dolor añejo
Y nos empecinamos en robarle a las estrellas
El fulgor milenario de su barniz astral.

Y nuestra piel se pierde entre la tinta negra
Y una sedosa carta de amor imposible
Nos golpea con lágrimas
El quebradizo y escarlata corazón efebo.

MAP
Mientras trepamos...
II / 17
Artes Visuales:
Georges Mazilu
[ Romania, 1951 ]

Cuentos de amor...




El hijo del tintorero había nacido en 1797 y fue uno de los últimos maestros japoneses de la Escuela Utagawa de la técnica uyiko-e. Pero para Unokichi, el joven protagonista del cuento que Junichiro Tanizaki escribió en 1919, Kuniyoshi nunca hubiera podido reflejar la belleza de los pies de Fumiko del modo que él mismo los contemplaba y los veneraba. De hecho llegó a pensar que la verdadera obra de arte estaba en esos hermanos que hacían que las extremidades inferiores transformaran a  Fumiko no solo en el pivote común entre él y el Señor Jubilado, sino especialmente en el reflejo mismo de su goce.




El cuento Los pies de Fumiko nos revela en principio la tipología de un obsesivo que, dirigiéndose a su Maestro, le cuenta cómo conoció a esta alma gemela con quien comparte un goce común. Pero el relato tiene sus pinceladas poéticas porque Tanizaki sabe como contar algo simple, incluso una vertiente que rápidamente podría tentarnos en encasillar y rotular como una perversión, y transformarlo -sobre todo en las últimas hojas- en un sabroso esbozo de locura y deseo irrefrenable y consumado.

El protagonista no puede dejar de pensarse extraño frente a este goce que lo captura. Siendo de una personalidad rigurosa (a pesar de su corta edad ya presenta todos los rasgos de carácter de la neurosis obsesiva) le produce un fuerte ruido el hecho de apasionarse por una marca especifica de esa mujer, y que ese atributo no sea usual para el común de los sujetos, e incluso lo padezca con una intensidad impetuosa. 

La confesión de Unokichi, su abrupto deseo que lo vive como una cruel tortura, lo transporta a un micro cosmos donde puede hallar un síntoma común que lo apacigüe: esa mujer que hace de la Muerte, un lugar menos oscuro. Fumiko tiene dos sinogramas que lo atraviesan: fu, riqueza y mi, belleza. Pero Fumi se asocia fonéticamente a Fumu, que significa “pisar”, con lo cual la protagonista del relato no sólo es la poseedora de una riqueza que la embellece sino que en dicha riqueza se esconde la acción misma de su Ser. O: su goce también esta implicado en la acción que despliega y eso le refleja su misma belleza. ¿Una histérica que no puede dejar de tapar la falta del otro? ¿O una perversa que espera la muerta del Jubilado para apropiarse de su herencia?

En esta obra de Tanizaki no se trata de meros cuentos donde confluyen fetiches o crueldades amorosas, si se me permite el oxímoron. Se trata, creo, de lo que el mismo autor expone en el significante mismo de la compilación: cuentos de amor. Es decir: donde todo esta permitido si el partenaire acepta el pacto. O, como expresaba San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”- apotegma que lejos de ser Cristiano, nos confronta al deber Kantiano donde si se cumple la primera condición, la segunda no tiene razón de ser juzgada.


Marcelo A. Pérez
Sobre el cuento 
Los pies de Fumiko
de Junichiro Tanizaki
Cuentos de amor
de J. Tanizaki
Ed. Alfaguara
Barcelona, 2016.
Artes Plásticas:
Utagawa Kuniyoshi
[ Edo, 1797 / 1861 ]

Artes Visuales



















Josse Antoine
Caillon-Campagne, Francia, 1977 ]

Psicoanálisis - Medicina - Psicosomáticas y Cognitivismo









La teoría de Lacan es cómo conducir a un sujeto hasta el punto donde no hay nada, para obligarlo a inventar. Al sujeto le encanta dormir, la inercia, la repetición, la siesta. Podemos decir que la siesta es una buena metáfora de lo que hay entre un significante y otro, porque entre el día y la noche, uno pone la siesta. La siesta es una noche que es de día, un día que es de noche, y ahí uno cae. Macedonio Fernández hablaba de los dibujos en tinta china de la siesta, decía que era una especie de noche metafísica.


(…)

La idea sería definir cuál es el rasgo diferencial de una clínica de la psicosomática. Supongamos que yo tengo un analizante que tiene una úlcera y que esta úlcera es psicosomática ¿Qué hago de diferente? ¿Tengo un vaso de leche para darle cuando entra? Si no hago nada diferente no se ve porqué salgo al mercado a vender eso. Hasta ahora lo que se ha hecho con la psicosomática es bastante poco.


La gente fantasea, diría todo el día, que los robos de órganos, de niños, etc., delirar es parte del ser hablante. Pero el problema es si el analista tiene que ser el trasmisor de ese delirio de su paciente o si tiene alguna hipótesis sobre por qué delira, esa es toda la discusión. Si Chiozza es paciente de uno y a él se le ocurre que la enfermedad del hígado es Prometeo y el castigo, bueno, uno lo escucha, es una ocurrencia ¿por qué no? Pero si Chiozza dice que eso explica la enfermedad del hígado es otra cuestión.


La duplicación en una temática fantástica de enfermedades orgánicas ¿es una explicación? La psicosomática plantea un problema epistemológico serio. Si se piensa como una regla de acción tendría que preguntarse qué hace un analista que sabe psicosomática. Se discute si el analista tiene que ser médico, epistemólogo, filósofo, lo que sea; supongamos que el analista en cuestión es médico, ¿qué de la medicina, qué elemento x utiliza cuando analiza? Supongamos que es psicólogo, ¿qué utiliza de la psicología? Supongamos que es escritor, ¿qué de la literatura? Entonces vamos a encontrar que el dispositivo freudiano es un dispositivo irreductible a otros discursos.


Si el psicoanálisis fuera realmente una práctica médica, los médicos no se hubieran privado de apropiárselo y prohibirle a todo el mundo que lo practicara. (…) No pueden hacer eso porque, como dicen los norteamericanos, las terapias verbales son parte de la burguesía; no se puede hacer nada con eso porque no es ciencia.





Uno se puede preguntar si hay en la psicología algo que sirva para hacer psicoanálisis. Yo ahora estoy leyendo a Piaget, hay núcleos epistemológicos interesantes para cualquiera que piense, pero no creo haya ninguna cosa específica que un psicoanalista pueda usar en su práctica. (…) Le puede interesar a cualquier psicoanalista inquieto, como le puede interesar cualquier otra cosa, como el ocultismo. Es decir, que estamos hablando de operatividad, asi como decimos que si una persona no conoce los números, no puede sumar. Lo digamos al revés ¿qué le pasaría a un analista que no conoce Piaget? Nada. ¿Y a uno que no conoce conductismo? Nada. Al revés, ¿qué le pasaría a un psicólogo al que no le dieron un poquito de una ensalada de Melanie Klein, Freud, etc.? Jamás se atrevería a analizar a nadie, eso pasaría.

(...)


El semblant en la práctica analítica tiene tres vertientes. (…) Una es imaginaria, otra simbólica y otra real. La imaginaria es ¿a qué precio? Es la primera pregunta que hace alguien cuando va a un psicoanalista, ¿a qué precio me amará? ¿a qué precio me aceptará? ¿qué me va a costar a mí este asunto? La pregunta no es qué quiere el otro, eso viene después. A veces la gente tarda mucho en preguntarse qué quiere el que escucha; trata de hacerse entender, de tasar el precio de la comunicación, como decía Macedonio Fernández.


Una mujer que analizo en Buenos Aires se levantó furiosa y se fue porque yo estaba leyendo una revista, ella no estaba dispuesta a hablarle a alguien que miraba una revista mientras la escuchaba. Esta mujer dice que nadie es digno de escucharla si no presta plena atención. Pero eso se contradice con una regla que cumplí y que es la atención flotante. La primera cuestión entonces es establecer el precio, no solamente económico, sino, por ejemplo, qué va a hacer el otro con lo que yo le digo, me va a interpretar o no. La compulsión de los principiantes a interpretar se debe a que hay una exigencia de entrada. No está la pregunta sobre qué quiere el analista sino un “demuéstreme que es capaz, que es un profesional sólido, que entiende lo que digo,  desenrede este sueño donde los gatos no son pardos”, todo eso.



Después de eso viene la pregunta por qué quiere, ahí estamos en la dimensión del deseo. El “qué quiere” tiene  muchas variables: qué quiere escuchar, qué quiere decir, qué quiere de mí, qué quiere para sí. Cuando alguien analiza siempre está rodeado de un rumor, la gente va después al bar y especula sobre qué quiere un analista. La respuesta que este tiene que dar a la pregunta imaginaria del precio es controlar la contratransferencia: no cobrar por compasión, no cortar por hostilidad, etc; tratar de que su respuesta al otro no esté dictada por sus gustos y sus aversiones.


Un analista puede jugar a enojarse y puede enojarse jugando a que se enoja, pero lo que no puede hacer es que su enojo sea la expresión de lo que le pasa a él.


Germán L. García
Diversiones psicoanalíticas
Otium ediciones, Bs. As., 2014
Clases 2 y 3 de Abril y Mayo de 1988


Artes Visuales:
Redmer Hoekstra
[ Holanda, 1982 ]
www.redmerhoekstra.nl 

El amor...









No puedo evitar enamorarme...
[ G. D. Weiss, H. Peretti, L. Creatore ]
/ 1961 /
The Steve Shurack String Trio




My baby shot me down
[ D.FERM, L.FREEZE, S.REYES, SONNY BONO ]
/ 1966 /
Jonathan Chan & Jan Bislin

Quizás...

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Quizás ni tenga nombre.
Anunciado sólo por el temblor
del follaje.
La risa invisible, el grito
de un pájaro, lo oscuro
de la voz. Cierta dulzura,
cierta violencia.
El espeso, voluble
tejido de la noche rozando ahora
el cuerpo del agua. Y por fin
la muy lenta pasión
del fuego, sofocada.
Era verano.

EUGÉNIO DE ANDRADE
1923 / 2005
Quizás
(Traducción: Ángel Campos Pámpano)
La sal de la lengua (Hiperión)
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Arte:
Marx Ernst
1891 / 1979
Una semana de bondad