Psicoanálisis y su Enseñanza.










¿Cómo saber cuándo alguien se encuentra con una disciplina? Un encuentro que merezca ese nombre es siempre portador de las marcas de lo imprevisible. Todo lo importante nos llega de modo imprevisto, pero lo imprevisto necesita tiempo para prepararse. En este caso lo imprevisible se fue preparando a partir de distintas escenas, escenas que de algún modo introducían una orientación hacia un cierto tipo de psicoanálisis. 
(...)
¿Qué le debo al psicoanálisis? Haber aprendido a saber perder. ¿Qué es la vida para el que no sabe perder? Pero saber perder es siempre no identificarse con lo perdido. Saber perder sin estar derrotado. Le debo al psicoanálisis entender la vida como un desafío el que uno no puede sentirse víctima; en definitiva, el psicoanálisis me ha enseñado que uno debe entregarse durante toda una vida a una tarea imposible: aceptar las consecuencias imprevisibles de lo que uno elige.




Por otra parte, a diferencia de otras disciplinas o corrientes del pensamiento más propicias para dejarse seducir con los espejismos intelectuales del saber, lo que más me importa en el psicoanálisis es su honestidad con respecto a una verdad que nunca puede ser dominada por el saber, el psicoanálisis es una experiencia de pensamiento donde el saber queda «desidealizado», pero que nos advierte de la infatuación que implica identificarse con la verdad. Su honestidad mayor radica en verificar siempre que es posible e imposible en una experiencia humana con otro. Sin coartadas nos abre a la impotencia o imposibilidad que toda auténtica empresa de transformación pone en juego irremediablemente.

Jorge Alemán
[ Filósofo, Psicoanalista ]

Extracto Entrevista:
El aprendizaje de saber perder






«Querida madre superiora —le dije—, en relación con el caso de la candidata que usted me propone ver, no podría seguir un camino distinto. De todos los caminos que propone la psicología no conozco otro que el freudiano. Por otra parte, usted sabe muy bien cómo arreglárselas para evaluar una vocación sin utilizar tests psicológicos. No pierda su saber trocándolo por otros bienes, aun cuando  éstos muestren aspectos científicos. ¿Qué puntuación habrían obtenido en un test de personalidad un san Agustín o un san Jerónimo, tan pesadamente afligidos en su carne? ¿Y santa Hildegarda de Bingen o santa Teresa de Ávila, tan presas en un mundo fuera de lo común? ¿Y el papa Inocencio III no tuvo razón al confiar en su sueño para detectar en san Francisco de Asís al polarizador de un movimiento de hermanitos medio espirituales y medio locos?» La madre superiora, dama de una gran inteligencia, asintió, y dejó los tests para monseñor.

Para decir las cosas de la manera más justa, hablar de un encuentro con el psicoanálisis no es nunca exacto, porque si hay encuentro, es con un psicoanalista, ese del que un sujeto puede llegar  decir: es el mío. Es el mío, exclusivamente el mío, aunque muchas veces sea, el pobre o la pobre, el analista de algunos otros. Ese a quien vamos a investir con las insignias de nuestro inconsciente se convierte rápidamente, poco tiempo después de los primeros encuentros, en alguien privado. Privado porque es el nuestro. Tan nuestro que parece que estuviera allí desde siempre. Pero privado también, porque está, si es verdaderamente un analista, siempre en otra parte. De hecho, todo eso no tiene ninguna importancia sino para subrayar que el psicoanálisis, para que funcione, debe estar encarnado. Pero esta encarnación debe escapar como la peste a todo abuso de poder, so pena de rebajar el psicoanálisis al nivel de cualquier práctica de sugestión.




En lo que a mí respecta, resumiría la cuestión en estos términos: ¿cómo permanecer fiel a mi pasión, a pesar de los cambios que, por la cura analítica, se habían operado en mi existencia?
Para eso sirvió mi análisis. Primo, aceptarme por lo que yo era, sin adornarme ni precaverme con ilusiones, las mías o las de alguien cercano. Secundo, advertir que el objeto de mi deseo —que era también eminentemente el deseo de los otros, principalmente el de mi madre— no  tenía nada que ver con lo que le causaba ese deseo. Tertio, si bien el objeto del deseo podía volverse caduco, el objeto que lo causaba no había caducado en absoluto: por el contrario, la causa que alimentaba la pasión deseante se ejercía a pesar de la contingencia del objeto. Quarto, para alcanzar ese objeto que causaba el deseo, debía pasar por una verdadera renuncia: renunciar a todo lo que se presentaba bajo alguna marca susceptible de recubrir un agujero. Ese agujero que es el mío. Ese agujero es un lugar sin etiquetas, sin objetos fútiles, un lugar sin nombre. Sin embargo, no es simplemente un vacío. Porque un agujero es un vacío con un borde. Y el psicoanálisis —mi psicoanálisis— me sirvió para hacer el recorrido de ese agujero, para explorar sus bordes hasta el punto de poder habitar, sin ninguna angustia ese lugar vacío: para, simplemente, estar allí.

Lo que el psicoanálisis me ha enseñado es que ese agujero, ese agujero sin nombre y que no conozco, es, sin embargo, lo más precioso que tengo. Porque allí soy extraño a mí mismo, siempre extranjero, trascendente diría, sin por ello ser de ningún modo divino, sino simplemente un ser mortal. Desde ese lugar vacío puedo escuchar a un sujeto que me habla. Pero también desde este lugar vacío puedo amarlo como mi prójimo. «Porque en él, este lugar es el mismo», como dice Lacan. Y finalmente desde ese lugar vacío puedo amarme como siendo, para mí mismo, mi propio prójimo.


Antonio Di Ciaccia
 [Analista miembro de la Escuela de la Causa Freudiana de París, miembro de la Escuela Europea de Psicoanálisis (Sisep), y presidente del Instituto Freudiano de Roma. Es fundador del Instituto para niños psicóticos de Antenne 110 de Bruselas. ]
Extracto de Entrevista: 
Lo que el Psicoanálisis me enseñó.

Artes Visuales:
Jeannie Lynn Paske

Viaje de Hervé











El Viaje de Hervé
[ Versión Libre de SEDA de A. Bariccó ]
Compañía Teatral Ladrones de Quinotos
Dramaturgia y Dirección:
Bruno Luciani

Centro Cultural de la Cooperación Floreal Goorini
Buenos Aires
Argentina




Lorca & Whitman












Cuando la luna salga
las poleas rodarán para tumbar el cielo;
un límite de agujas cercará la memoria
y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.



Nueva York de cieno,
Nueva York de alambres y de muerte.
¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?
¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?
¿Quién el sueño terrible de sus anémonas manchadas?


(...)

Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,
he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
ni tus hombros de pana gastados por la luna,
ni tus muslos de Apolo virginal,
ni tu voz como una columna de ceniza;
anciano hermoso como la niebla
que gemías igual que un pájaro
con el sexo atravesado por una aguja,
enemigo del sátiro,
enemigo de la vid
y amante de los cuerpos bajo la burda tela.


Ni un solo momento, hermosura viril
que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,
soñabas ser un río y dormir como un río
con aquel camarada que pondría en tu pecho
un pequeño dolor de ignorante leopardo.


(...)

Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson
con la barba hacia el polo y las manos abiertas.
Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando
camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.


Duerme, no queda nada.
Una danza de muros agita las praderas
y América se anega de máquinas y llanto.
Quiero que el aire fuerte de la noche más honda
quite flores y letras del arco donde duermes
y un niño negro anuncie a los blancos del oro
la llegada del reino de la espiga.



Federico García Lorca
[Fuente Vaqueros, 1898 / Alcafar, 1936 ]
Oda a Walt Whitman, fragmento.
Poeta en Nueva York, VIII, 1929/1930
Artes Visuales:
Ricardo Ajler
[ Mar del Plata, 1958 ]

Psicoanálisis como una Erotología.









Quienes controlan sus analizantes con otros analistas suelen preocuparse -a veces de modo excesivo- por dónde "encajar" estructuralmente al analizante que supervisan. Es decir: en ubicar rápidamente el cuadro nosográfico que, en términos psicoanalíticos, se reduce a tres pivotes: Neurosis, Perversión y Psicosis. Como le decía ayer a un colega que supervisaba, estas tres estructuras creadas por Lacan son también un diagnóstico; y -como sabemos- los analistas no hacemos diagnósticos a no ser "al final de un tratamiento" que es sin final: porque la Estructura, en definitiva, no tiene cura y es constituyente para el ser que habla.

A mis colegas que me honran con el control de su clínica, le suelo decir que las Estructuras existen, pero yo no creo en ellas: y esto no es un oxímoron. Del mismo y reverso modo que no existen las Hadas o las Paredes que Hablan pero sí hay que creer en ellas cuando el analizante las enuncia en su Mitología: es decir, en su Fantasma. Lugar donde se juega lo que Jacques Lacan, parafraseando el texto de Sigmund Freud, ha denominado "El Mito Individual del Neurótico".

Sin embargo, en lo que sí hay que creer es en el Síntoma. Que es el portador de la Verdad del Sujeto. Y más allá de que entre colegas podemos decir que en la Perversión o en la Psicosis no hay Síntoma; siempre que tenemos un Sujeto frente a nosotros, con su padecimiento, con su queja, con su goce; siempre hay un Síntoma Analítico. No importa lo que diga, en este sentido, la teoría en su más refinado Lacanismo.




Dar una apertura de análisis en una Neurosis no es lo mismo, claro, que trabajar con una Psicosis; pero el Dolor del Pa(de)ciente siempre implica, creo, que en el horizonte del trabajo del dispositivo, esté ausente la Nosografía que no es más que el discurso Amo que la Medicina ha impuesto -ha construido- con el Saber Estadístico; que nada tiene que ver con el Saber (Inconsciente) de cada Sujeto.

En este texto que extraigo del discípulo de Lacan aún entre nosotros; encontramos un recorte de un tópico que suele ser también motivo de discusión entre colegas: si el fetichismo define una Perversión.

Sé de analistas que, siendo Lacanianos, siguen siendo Freudianos; y piensan a la Perversión aún como el "cortador de trenzas" del que hablaba Freud. No pueden entender que toda sexualidad tiene, por definición, rasgo fetiche: que todo lo que nos excita del partenaire es un rasgo significante, cultural. Incluso su tono de voz o su modo de moverse. Ni hablar de su color de piel, del largo de su cabellera, de sus labios, de su estatura, de las dimensiones de sus miembros (teta, pene, piernas, cadera, etc.): ¿cuántas veces hemos escuchado decir: "si es alta no me gusta" o "sólo me calientan las de más 1,80"? Todos significantes; todos títulos que porta el otro que causa mi deseo. Incluso que me enamora.

Si los analistas del siglo XXI siguen pensando al fetichismo como prototipo de una estructura border o perversa, o incluso como hermano natural de la homosexualidad, no sólo creo -personalmente- que no han leído a Lacan, sino que incluso no han escuchado la homosexualidad o el fetichismo en una Psicosis o en una Neurosis. Quizás sean los mismos que piensan que el sujeto Heterosexual no se calienta con un perfume, con el título universitario del partenaire o incluso con su coche o su dinero (fetichismo princeps si lo hay; recordemos el Fetichismo de la Mercancía, de Marx.)

Cada sujeto, independiente de su elección sexual de objeto, puede condensar su goce en el agujero que mejor ha podido para reprimir, renegar o forcluir su Castración. Esto, para un analista, no debe ni puede implicar un diagnóstico y mucho menos un juicio moral: todo diagnóstico, del algún modo, lo es. 

Encontramos, en nuestra praxis y en nuestra Vida Cotidiana, que -por ejemplo- la mayoría de los canallas -perversos- son heterosexuales o que los psicóticos pueden ser también homosexuales o que ciertos neuróticos -heterosexuales o no- tienen prácticas fetichistas extremas: desde vestirse con pañales (¿y cuál es la diferencia entre eso y pedir que la esposa se vista de niñera o enfermera?) hasta introducir varas de hierro en el canal uretral del pene. Ni hablar de quienes cogen con muertos.

Toda prueba de que decir sexualidad-humana es ya un pleonasmo: no hay sexualidad que no sea cultural. Por eso Freud ha querido decir en ese famoso texto, que toda Psicopatología ES de la Vida Cotidiana.

Tampoco habría que olvidar que el gran compañero de la Histérica es la Masturbación; y a nadie -sin embargo- se le ocurriría decir que por eso hay una Perversión: después de todo Freud descubre que el Sujeto puede gozar más con el clítoris que con su vagina; y que a veces ese goce llega a su climax sólo con una mirada o con el roce de un pie.

En  la nota 3 de “Conclusiones, ideas, problemas”, (Obras completas, Ed. Amorrortu, T. XXIII) Sigmund Freud escribía que en la masturbación "Siempre falta algo para que la descarga y la satisfacción sean completas – “ en attendant toujours quelque chose qui ne venait point” [esperando siempre algo que nunca venía] – y esta pieza faltante, la reacción del orgasmo, se exterioriza en equivalentes en otros ámbitos: ausencias, estallidos de risa, llanto..."
 Puede haber sujetos que rían después del coito -a modo defensivo- pero por algo los enamorados necesitan sellar su coito -muchísimas veces- con una sonrisa. Quizás porque no es lo mismo defenderse que entregarse. No es lo mismo reírse histéricamente que cuando las miradas piden cerrarse con la sonrisa.

Por eso no está muy loco razonar que Amor mata Perversión. De hecho, y más allá del rasgo puntual de la Perversión (angustiar sistemáticamente al partenaire), si un fetiche es tal en su forma pura y bruta; lo debe ser en ausencia del otro que lo porta. Es decir: si el sujeto sólo y únicamente encuentra goce con el objeto fetiche aislado del vínculo. Si a esto le sumamos el Amor (que implica dar la falta; es decir: la Castración) es claro que funciona también este Acto como un tapón para el agujero estructural por donde la Pulsión empuja su Goce. Si el Amor es, como sabemos, hacer de dos, uno; entonces sólo el fetichismo puro sería dividir lo que Eros ha unido.

En este texto de Jean Allouch cuyo introito acá cierro; se intenta reparar (con lo que él levanta bandera a partir del concepto de Lacan del psicoanálisis como una erotología y de la construcción horizontal y vertical de la sexualidad), lo que por muchas décadas -y aún hoy- muchos analistas se empecinan en sostener.
Sería bueno recordar que si escucho al Manual no escucho al Sujeto.


Marcelo A. Pérez
Intro[co]ito: el goce de hacer el amor con palabras...
I / 2017




El siglo le ha dado un giro al psicoanálisis, lo ha como invertido, ha hecho de su reverso un espejo tendido donde debía encontrarse hermoso. Mientras Freud y sus amigos creían que recogían hechos, los establecían, los explicaban, forjando una teoría a la vez revolucionaria y apropiada, la cultura se apoderó poco a poco y cada vez más de esa teoría para convertirla en el horizonte a partir del cual todos estaban invitados (¿conminados?) a situarse. Actualmente, en los medios masivos, los psicoanalistas expresan decididamente la norma social . Pero este horizonte “psi” no es solamente una lejanía contra el fondo de la cual se percibiría al sujeto; más radicalmente, interviene como aquello a partir de lo cual el sujeto se haría consistente. 

Vale decir que en cuanto ek-sistente, en el mismo momento en que Lacan lo definía mediante el par significante, el sujeto se encontró haciendo su agujero en otro lugar. Así aparecieron otros horizontes (primero como contra-cultura, luego como sub-cultura), y uno de los más evidentes actualmente bordea el campo llamado “gay y lesbiano”.




Esa pluri-horizontalidad del sexo, así como la elección que implica, no deja de tener consecuencias en el psicoanálisis, aun cuando el psicoanálisis todavía teme extraer dichas consecuencias. Es sabido que la homosexualidad ya no se considera una enfermedad. Es menos sabido que el transexualismo ha efectuado el mismo desplazamiento, escapando al culturalizarse a la nefasta influencia (y por añadidura completamente ineficaz) de lo psicopatológico. En particular, se derrumba la categoría misma de perversión y con ella el acreditado paradigma pernepsi (perversión / neurosis / psicosis). 



Tendremos que atrevernos a dar el paso, perfectamente indicado por Lacan, de una clínica radicalmente singular, es decir, sin nosografía (Lacan la usaba como una muleta, algo que olvida la actual medicalización del psicoanálisis dando a entender que se trata de una pierna, y ni siquiera de madera). 

La perversión, la homosexualidad, el transexualismo como psicosis, la misma heterosexualidad, se revelan como construcciones culturales históricamente localizables y en adelante bastante bien localizadas. 

La pérdida de su poder normalizante, o más bien el comienzo de ella, estuvo signada de alguna manera por el surgimiento de nuevas formas de sexualidad, y tal vez, más radicalmente, por el advenimiento de una nueva relación con lo sexual. 

Al enunciar su “no hay relación sexual”, Lacan, por lo menos en mi opinión, hizo posible que el psicoanálisis reciba esos cambios sin espantarse demasiado, a riesgo de dejar con ello algunas plumas desdichadas. 


Quedémonos tranquilos, esto ya no será un mal sino más bien la ocasión para que el psicoanálisis se defina mejor como lo que es: no algo socialmente integrado sino, desde Freud, una analítica “pariasitaria”.


Jean Allouch
Horizontalidades del Sexo.
Extraído de Follement Extravagant, L’Unebévue nº 19.
L’Unebévue Editeur, Paris, 2001 / 2002. 
Traducción: Silvio Mattoni.

Artes Visuales:
Mario Rossi
Fetish Art Maker
[ Siracusa, Italia ]

Salud Mental o Psicoanálisis














El inconsciente bajo su forma sujeto, bajo su forma repetición, bajo su forma síntoma hace obstáculo a la noción de salud mental. Porque no hay sujeto sin inconsciente entonces la salud mentalde algún modo- está prohibida para el ser que habla. La noción de salud mental emerge del discurso del amo. A la salud mental también se le supone un sujeto, del mismo modo que le suponemos un sujeto a lo inconsciente. A la salud mental se le supone un sujeto que es el sujeto del Derecho. Del derecho a la salud y al equilibrio. Mientras que la noción de inconsciente excluye todo posibilidad de armonía del sujeto con el mundo.


Si al síntoma lo ubicamos como una formación de lo inconsciente, adquiere una dimensión de verdad, de mensaje que, me apresuro a decirlo, es uno de las vertientes del síntoma: la vertiente de querer decir del síntoma. En el síntoma hay una dimensión de la verdad reprimida que se expresa metafóricamente. Hay otra dimensión del síntoma que es la dimensión del goce del síntoma que es el modo que la pulsión esta implicada en el síntoma. (…) En el discurso de la salud mental el síntoma no esta en su valor de verdad (de verdad reprimida) esta en su valor de enfermedad, enfermedad a la que se opondría la salud mental. (…)

Cuando citamos al síntoma en su dimensión de salud esta como un trastorno definido estadísticamente. Es un dato homologable que excluye la particularidad. El ideal de la salud mental es hacer un síntoma mudo, que se calle. El modo de silenciarlo es hacerlo homologable mediante la comparación estadística. Es decir, desde el punto de vista de la salud mental, lo que se busca en las manifestaciones de sufrimiento de un sujeto es lo que lo hace igual a otros sujetos, y permite ubicarlo en un cuadro, en un síndrome, dentro de una clasificación estadística. Esto supone desubjetivizar al síntoma, tratarlo en el puro orden médico. (…) Lo que hace con el síntoma es vaciarlo del enigma: del enigma que comparta para quien lo padece. Y que el síntoma vaya acompañado de un enigma es lo que puede hacer que un síntoma sea analizable. Es decir, que el síntoma pueda ser concebido en la dimensión de verdad: a veces la única presencia de la dimensión de verdad de un sujeto es su síntoma. (…)




Al contrario de la salud mental (…) la transferencia analítica se basa en hacer al síntoma charlatán en su particularidad. Exige que el síntoma en esta dimensión de verdad se articule al analista. (…)

Las instituciones de salud mental substituyen esta particularidad, este significante cualquiera del algoritmo de la transferencia por el significante de la salud mental. La suposición de saber no es al saber que encierra el síntoma, al mensaje enigmático. Un síntoma psíquico es algo que el sujeto repite sin poder evitarlotiene la estructura deno puedo impedírmelo” (…) ante eseno puedo evitarlo” la pregunta analítica es por qué. Esto supone entender que yo tengo algo que ver con lo que me pasa, (…) que el sujeto está implicado en su síntoma, lo contrario de verlo como un disfucionamiento o mal aprendizaje o error cognitivo. El síntoma es un funcionamiento. Un funcionamiento tan eficaz que existe y se repite de un modo imparable. (…)

Lo que substituye el saber del síntoma es el saber del técnico. El técnico sabe lo que a usted le pasa y recurre a una clasificación para colocar lo que le pasa al lado de muchos otros que le pasan lo mismo y al mismo tiempo tiene un protocolo que garantiza el tratamiento mas adecuado para eso que le pasa a usted y a diez mil más.

Manuel Fernández Blanco
La Salud Mental a la luz de los 4 conceptos fundamentales del psicoanálisis.
Seminario Instituto del Campo Freudiano en Granada.
España. 
https://youtu.be/4x0fYVPQw2E
ARTES VISUALES:
Rubén Alpízar Quintana
[ Cuba, 1965 ]

Estadio del Espejo, Modelo Óptico, Creérsela y el Amor.














En la clase de los sábados, en donde mis colegas me honran en permitir ordenarles un poco la teoría, estamos trabajando el Estadio de Espejo y el Esquema del Modelo Óptico. Para que no sea ni tan esquemático (paradoja mediante) ni tan cargado de tecnicismos, y -a la vez- para que se entienda que el psicoanálisis sin praxis, sin el cuerpo del analista y del analizante, no existe; tratamos también de articular permanentemente ejemplos de la vida cotidiana, ya harto nombrada por Freud como el único espacio de la psicopatología, si es que la hay.



Les pedí a mis colegas que preparen un trabajo grupal oral y algo preocupados por ello, hoy sábado me dicen que están pensando algún caso clínico para adecuarlo al plano teórico. Inocentemente no se percatan que no hay caso clínico porque, como acabamos de decir, todos los casos son de la vida cotidiana, y todos los ejemplos pueden servir y sirvieron para las investigaciones de Freud y de Lacan. Por suerte el pedido que formulo –en posición de barrado, es decir: de sujeto deseante- no ha angustiado demasiado, pero seguramente algún abucheo pudo haber generado... Cuando Lacan expresó "ustedes buscan un Amo", estaba recordándonos eso: aceptar una posible caída de uno es primero, y ante todo, aceptarla en el otro. Que el otro ya está caído por estructura. Y prologo así este escrito porque de lo que se trata es de caerse y levantarse.



Por eso, y como una colega me informó que llegaba tarde porque tuvieron que internar a la abuela (de todos modos -nobleza obliga que hagamos mención- llegó puntual), procedo a escribir un par de matemas en la pizarra y enseguida voy en busca del caso que nos convocó en la pretarea, mientras el café se calienta. La abuela en cuestión, Doña René, de ochenta y piquitos, se cae por un pequeño/gran esfuerzo que realiza. Vamos por la autopista (aunque enseguida retomamos por la colectora): ¿Adivinen por que se cayó? Ayudita: no había obstáculo adelante (aunque -vía Esquema- ya veremos cuál es el obstáculo), ni se quebró súbitamente la cadera. ¿Adivinaron? Supongo que sí, porque estamos en el marco del Narcisismo: se cayó por creída. Vamos al punto.



Resulta que la abuela tiene una falta y esa falta la cubre muy bien el abuelo, Don Ángel. Y resulta que el abuelo se ha caído. Y resulta que el abuelo mide dos metros de alto y la abuela, de contextura muy pequeña, ha intentado levantarlo del piso. Bien: hasta aquí la escena. Escena que se une con otro ejemplo de otro colega del grupo donde uno de sus analizantes ha cruzado el Rio de la Plata... nadando. Con el florido agregado que el susodicho no sabía nadar y fumaba tres paquetes de cigarros por días. Ustedes estarán pensando lo mismo que nos dijimos todos: ni un nadador profesional hubiese hecho dicha hazaña... Y justamente porque es un nadador profesional es que no la hace. 

Y aquí muestro las primeras cartas: cuando decimos que el sujeto se la cree es cuando traspasa los límites de una creencia -digamos lógica- que es la creencia en la que todos nos sostenemos para poder hacer cualquier cosa. Como dije en otro escrito (y siempre doy el mismo ejemplo, será que me gusta comer rico) si porque hago un huevo frito me creo Francis Mallmann, estoy más que perdido. No se puede prescindir del Yo, es decir que un poco hay que creer en lo que uno hace, pero caemos rápidamente en el goce supremo de creernos el falito, por eso Lacan ha dicho una y cien veces que el Yo no es nada más que un síntoma, la verdadera enfermedad es la pasión por el Yo.  (Por eso no podemos jactarnos de nada: ni de la inteligencia, ni de la bondad ni de las buenas costumbres: son todos síntomas, vía pulsión.)



Ahora, vayamos al plano técnico sin olvidarnos estos ejemplos... porque la clase fue realmente ejemplificadora en toda su extensión: quien se hace cargo de ella, creyendo que sabe; quienes se hacen cargo participando y concurriendo, creyendo que algún día van a saber; e incluso -siempre hay ejemplos de yapa- alguien que se levanta, me dice "Marce, voy a tirar un chicle", le digo: "La puerta del cesto de basura se rompió, no vas a poder" y me contesta anticipándose: "Ya pude".  Mortal.  Todo de un realismo tan humano y todo tan englobado en lo mismo, que parece una puesta de teatro ensayada desde hace siglos; desde Edipo para acá, digamos.



Para trabajar el Modelo y el Estadio lo hacemos conjuntamente con las clases tres, cuatro y siete del Seminario X de Lacan, además de haber leído previamente vastos capítulos del seminario I. Coloquemos ahora los Grafo en cuestión que Lacan dibuja en la clase del 28/11/62.








Nos dice:


“Tal investimento de la imagen especular es un tiempo fundamental de la relación imaginaria, fundamental por el hecho de que tiene un límite y es que no todo el investimento libidinal pasa por la imagen especular. Hay un resto.”



Es decir: la reserva operatoria de la que ya Freud nos notificó, digamos que no pasa del lado del espejo plano, donde el Sujeto se ve gestalticamente unificado, Ideal para el Otro, es decir: para sí. No pasa quiere decir que quedaría escondida. Y agrega:



“Ya he intentado, y espero haberlo conseguido en buena medida, hacerles concebir cómo y por qué podemos caracterizar ese resto bajo un modo central, pivote en toda esa dialéctica —aquí retomaré la próxima vez y les mostraré en qué es privilegiada esa función, más de lo que he podido hacer hasta ahora—, bajo el modo, digo, del falo.”



Bien: el Falo entonces es el significante de esa falta. Sigamos:



“Y esto quiere decir que desde ese momento, en todo lo que es localización imaginaria el falo llegará bajo la forma de una falta, de un [menos phi]. En toda la medida en que se realiza en i (a) lo que llamé la Imagen real, la constitución en el material del sujeto de la imagen del cuerpo funcionando como propiamente imaginaria, es decir, libidinalzada, el falo aparece en menos, aparece como un blanco, El falo es sin duda una reserva operatoria, pero ella no sólo no está representada a nivel de lo imaginarlo sino que se halla delimitada y, digámoslo, cortada de la imagen especular.



Entonces: primero no olvidar que en este seminario Lacan presenta formalmente el objeto-a, y por lo tanto está tratando de diferenciarlo del falo imaginario. Segundo, el falo es el significante de la falta mientras que el a es la falta misma. Tercero, el a es el objeto causa del deseo  (surge de la falta, del agujero que quedó) mientras que el falo es "la falta que me haces" del poeta tanguero. Se ve que ambos se confunden rápidamente, incluso no está del todo incorrecto hacer de ellos una sinonimia, pero por algo sabemos que Lacan los ha diferenciados: mientras el a permite la travesía de la pulsión y la metonimia del deseo, el falo imaginario es lo que va a posibilitar, como todo imaginario, engañarnos un poquito. Es de hecho, el pivote que juega en la triangulación edípica: basta que el infans se crea que completa al Otro para posicionarse siendo "el salame (falito) de mama".  Si se quiere podríamos decir que el falo imaginario es la imagen fálica. Es decir, el poder cautivante que tiene para el sujeto, ¿adivinen qué vanidosa cosa? Exactamente: su Yo.



Dice Lacan aquí  mismo:



“He escrito [menos phi] porque deberemos traerlo la próxima vez. [menos phi] ya no es visible, ya no es sensible, no es presentificable allí como no lo es aquí, [menos phi] no ha entrado en lo imaginario. El destino principal, inaugural, el tiempo—insisto— del que hablamos reside en lo siguiente —y habrá que esperar a la vez que viene para articularlo—: el deseo estriba en la relación que les he dado por ser la del fantasma, $, le poincon,con su sentido que además pronto sabremos leer de manera diferente, a---$.”



Es decir: el destino inaugural nos lleva al fantasma, donde el sujeto hará proporción con su falta. Pero, entonces, ¿por qué se cae la abuela René? Porque la falta está a punto de faltarle. Y el sujeto sólo puede verse detrás del espejo plano, integrado -falsamente integrado, yendo de la insuficiencia a la anticipación, creyendo que puede- pero no puede ver que detrás, incluso por debajo, está el real.



Y si hablamos de real hablamos de goce y de angustia. Por eso es justamente en este seminario sobre La Angustia donde Lacan nos presenta este Esquema. Porque, además, los sujetos no podemos ir angustiados todo el tiempo por todos lados, nos llevaría a la muerte... Debemos engañarnos de vez en vez: creyendo que sabemos hacer algo, por ejemplo dar una clase, creyendo que si el otro nos dice "hermoso" lo somos, creyendo que un anillo o un diploma puede querer decir casamiento u oficio, etc. Pero el sujeto, entonces ¿engaña al otro? En eso estamos: el sujeto necesita del otro (del otro que esconde su falta) para engañarse él, para creérsela. Por eso las relaciones no son entre a y a'  sino que Lacan coloca el imaginario y - entre paréntesis- la falta, dando la vuelta por el Ideal:



Cito: “Esto quiere decir que sería en la medida en que el sujeto podría estar realmente —y no por intermedio del otro— en el lugar de I, que tendría relación con aquello que se trata de tomar en el cuerpo de la Imagen especular original i (a), a saber, el objeto de su deseo, a; estos dos pilares son el soporte de la función del deseo, y si el deseo existe y sostiene al hombre en su existencia de hombre, es en la medida en que esa relación, por algún rodeo, es accesible, en que hay artificios que nos dan acceso a la relación Imaginarla que constituye el fantasma.



Pero esto en modo alguno es posible de una manera efectiva. Lo que el hombre tiene frente a sí nunca es sino la imagen de lo que en mi esquema yo representaba —ustedes lo saben o no lo saben— por i' (a), que la ilusión del espejo esférico produce; aquí en estado real, bajo forma de imagen real, él tiene de ella la imagen virtual con nada en su cuerpo. El a, soporte del deseo en el fantasma, no es visible en lo que para el hombre constituye la imagen de su deseo.”



Es decir: el a no es visible, queda encerrado entre paréntesis. La abuela René se nos cae porque va a buscar esa invisibilidad que esta caída en el piso, esperándola... ¿para ayudar al abuelo? Bueno, digamos creyendo en las buenas intenciones que sí, pero sabemos que en realidad es para levantarse ella: si su falta cae, cae ella. Lo levanta para salvarse. Si los neuróticos pudiésemos entender esta axiomática narcisística, entenderíamos que toda castración es siempre por y para el propio narcisismo. Nadie se castra por otro o por otra cosa que no sea su Yo. Por eso toda castración implica dejar un goce por otro. El problema es cuando – por “salvarnos”- terminamos en el hospital.



Siguiendo la lectura de estos párrafos, leemos que entonces la abuela René, yendo hacia el encuentro del imaginario abuelo Ángel, se aleja de su deseo, porque, como es obvio, si YO camino hacia la derecha, lo que queda a la izquierda se me aleja... Y como Lacan era un lógico, entendió perfectamente esta problemática neurótica: el deseo es innombrable, la abuela va a levantar al abuelo para no dejarse caer, pero eso que levanta es imaginario...



“Esa presencia por lo tanto en otra parte, más acá y, como aquí ven, demasiado cerca de él para ser vista, si puede decirse, del a, es el initium del deseo; y de aquí obtiene su prestigio la Imagen i' (a). Pero cuanto más se aproxima, cerca, acaricia el hom bre lo que cree ser el objeto de su deseo, en realidad más desviado de él se encuentra, más descaminado, justamente por el hecho de que todo lo que hace en ese camino por acercarse a él da siempre más cuerpo a lo que en el objeto de ese deseo representa la imagen especular. Cuanto más anda, más quiere preservar, mantener —escuchen bien lo que les digo— proteger en el objeto de su deseo el lado intacto de ese florero primordial que es la imagen especular, más se embarca por ese camino a menudo llamado, impropiamente, el camino de la perfección, de la relación de objeto, y más embaucado resulta.”



Es decir, tenemos:   a'...........$..........i(a)   Más voy hacia la derecha, más tapono la falta. ¿Eso está mal? Como se sabe, es una cuestión del caso por caso: es decir de la economía de distribución del goce: de qué se hace con ese goce. Freud era cocainómano, pero inventó el psicoanálisis. Alberto Castillo era médico, pero un día conoció a una paciente que le dijo que ya estaba desvestida para que él la revise y le preguntó si él también se había desvestido, y entonces Castillo supo que para la medicina no servía: se casó con esa mujer y cambió un goce por otro: se dedicó al tango.



El analizante de mi colega cruza nadando casi doscientos kilómetros durante 19 horas consecutivas para tapar una falta. ¿Eso es una proeza? Para el psicoanálisis es darle mas pulsión a un goce. Como dijimos en la clase: nadie que haga un deporte de riesgo lo hace para sentirse bien físicamente, sino mas bien para gozar. Si ese deporte en vez de parapente es el boxeo, se entiende que ese goce lleve rápidamente a una conmoción cerebral. En el caso del analizante de mi colega, esa "hazaña" lo aleja hacia la derecha,  le hace perder su brújula. Por eso ahora, años después que retoma su análisis, enuncia "Tengo que encontrar otro sentido para mi vida". El imaginario nos da el sentido, pero se cae rápido sino se sostiene en lo simbólico.



Cualquier ejemplo puede servir: una persona que hace años no encuentra trabajo puede sentirse bien cuando lo encuentra, pero si ese trabajo no coincide con su deseo, en un tiempo cae y el sujeto queda vacío. Otra persona puede querer cojerse a otra porque imaginariamente le despierta interés sexual,  pero si lo simbólico no se anuda, sólo tenemos una relación carnal. En los tiempos que corren tener trabajo y un partenaire de coyuntura no es poco, pero el verdadero síntoma lo anuda el otro registro, porque si el goce esta desvinculado de la Ley, de la castración, es puramente engañadizo. Lamentablemente hay sujetos que se conforman con la puesta en acto de un puro imaginario (otros, por supuesto, no pueden pasar a más). Pero no por nada Lacan grafica su Modelo con un ramillete de flores: las flores simbolizan lo que Confucio ya había expresado perfectamente y también dijimos hace poco en otro escrito: "Me preguntas para qué llevo arroz y flores: arroz para vivir y flores para tener una razón por la cual vivir."



Enfrentarse con el deseo es un proceso complicado.  Hoy mismo un analizante me decía que, enganchado en su imaginario y en la histerización triangular, escuchó que un amigo le elogiaba a su pareja, entonces -después de verla caída, de estar abúlico hacia ella- a partir de esta enunciación, su deseo repuntó. Coincide con la situación paralela de este mismo analizante donde decae el deseo por una actividad hasta ahora lúdica porque -según se analiza- no tiene "la ventaja" de tener verdaderos Maestros para dicha actividad y, al tener meramente docentes, su configuración imaginaria-simbólica decae. Es decir: nos es necesario la Demanda del otro. Y que ese otro, en lo posible, se configure como un Otro, vía transferencial. Por eso los sujetos llegan a lo que llegan vía la transferencia hacia el otro; no solamente hacia la materia en cuestión. Por eso es más fácil que una materia de la universidad que no nos gustaba, nos guste ahora gracias al profesor; que cursar con alegría algo que nos gustaba pero es arruinado por un mal docente.



Entonces: la Demanda es no sólo necesaria, sino imprescindible; el problema es cómo poder responder a esa Demanda sin chocarnos con una pared y que aparezca la pulsión arruinándolo todo. Al preguntarle a mi analizante porque no buscaba Maestros en vez de profesores, me respondió con total lógica lacaniana: "porque soy un cobarde". El deseo asusta. Y asusta aún más, como diría Borges: espanta, encontrarnos que después de un duelo es posible que lo que fue  nuestra falta, imaginaria, ahora sea un desecho, un resto. Por algo todos pasamos por la misma frase cuando nos divorciamos alguna vez: ¿Que le vi? ¿Adivinen porque preguntamos eso? Justamente porque no la/lo vimos.  De ahí que magistralmente, como todo lo que sale de la pluma de Freud, el maestro conceptualizó lo ominoso, como el velo que se levanta detrás de lo que siempre fue familiar y ahora resulta siniestro. (El texto de 1919 en aleman es «Das Unheimliche», que -como sabemos- conjuga en un solo vocablo lo (no)familiar.)  De ahí también que el otro genio, Lacan, finalizando su clase de este seminario sobre La angustia, anuncia su conocida tesis:



“La angustia se constituye cuando un mecanismo hace aparecer en su lugar, que yo llamaré, para hacerme entender, simplemente "natural", en el lugar corresponde al que ocupa el a del objeto del deseo, algo, y cuando digo algo, entiendan cualquier cosa.



Les ruego que de aquí a la vez que viene se tomen el trabado, con esta introducción que les doy, de releer el artículo sobre lo Unheimlich. Es un artículo que nunca, nunca he oído comentar; y del que nadie siquiera parece advertir que es la clavija absolutamente indispensable para abordar la cuestión de la angustia.”



Es decir que la angustia se nos presenta cuando el abuelo se cae, es decir: el abuelo, que se cae, hace caer a la abuela (antes que literalmente se caiga). Es decir, cuando cae la falta. Es decir, cuando desaparece la falta. De ahí que Lacan diga que la angustia aparece, "cuando falta la falta":



“Así como he abordado el inconsciente a través del chiste, este año abordaré la angustia a través del Unheimlich lo que aparece en ese lugar. Por eso hoy escribí: el [menos phi], el algo que nos recuerda que todo parte de la castración imaginaria, que no hay —y con motivo— imagen de la falta. Cuando allí aparece algo es, por lo tanto, si así puedo expresarme, que la falta viene a faltar.”



¿Genial, no? Bueno, por algo Lacan refunda el psicoanálisis.



Finalizando: la abuela René, en su caída, trata de levantarse levantando al abuelo Ángel. Ambos caen. La abuela René no advierte su insuficiencia, cree que puede. Sin embargo esto no la hace una boluda -no al menos en este caso-. Cae para poder sostener un Ideal. Su Ideal, imaginarizado en el abuelo Ángel. Cae -la castración le juega una mala pasada- por creída, pero para seguir sosteniendo una relación amorosa. De ahí cuando Lacan habla de lo cómico del amor.  Pero más ridículo, digamos, es un tipo que se cree que puede levantarse a todas las minas en un boliche.  Y también muchos caen a un vacio, o -peor aún- no se permiten ni siquiera caer-un-poco por seguir sosteniendo la imagen. (Llevar un ramo de flores a la vista del público puede ser, para muchos, una mortal caída. De ahí que nos resultaba tan conmovedor que el profesor Jirafales, con su porte de grandote y con su significante de "profesor"; revele su caída ante el amor hacia Florinda.)



Pero demos un palito final a la abuela René: cae por ella. Sí, pero ¿cuál es el problema si dijimos que toda castración es finalmente por uno? El problema es si esa caída es un pequeño o es un gran esfuerzo para la Estructura del sujeto, como dijimos al comienzo.  Y el problema virtualmente adherido lo relata justamente su nieta, mi colega: Estando en estado de caída, pide ponerse coqueta ("Que me traigan mi sweater!-") para que no la vean caída. Me recuerda, como les decía a los colegas del grupo que se aventuran en la lectura de Lacan, a la madre de una amiga -Doña Norma- que hace diez años está con un accidente cerebro vascular (apenas si habla) pero que no se le ocurriría ni remotamente que la vean sin el peinado arreglado; y se pone extremadamente furiosa si así no sucede. Y estamos dando ejemplos límites justamente para recordar que del imaginario engañoso nadie está a salvo, ni siquiera los mas caídos.



Mencionemos que lo peor de todo esto puede ser cuando el vínculo con el otro comporta la guerra entre los dos imaginarios. Porque una cosa es caerse cuando levanto la razón de mi deseo, y otra cosa es patearlo o eyectarlo  para que mi imaginario gane.  Una cosa es engañarse, amando para ser amado, pensando en el otro, en el caído, y otra cosa es amarse tanto que no podemos dejar de pensar en nosotros mismos y, al ver caído al objeto de nuestro deseo, y sabiendo que sí podemos levantarlo sin terminar en un hospital, huir o doblar la apuesta por quien la tiene más larga.  Ciertos sujetos no tienen ningún inconveniente en enunciar con total enfásis: "Yo no voy a permitir que vos..." Es decir: "...que vos la tengas más larga" confundiendo Dignidad con Narcisismo, atrapados totalmente en el imaginario.

Un análisis implica inclinar el espejo plano para que el sujeto escuche su deseo, mas allá de su (i)maginario. Cuando dicho espejo se inclina, el (A)nalista se barra: eso implica angustia, ya que el Padre que le conviene al neurótico es el Padre Muerto, y -como sabemos- si el Otro se barra, es porque tiene un hueco, una falta, es decir, porque desea.  Por eso siempre es ¿mas cómodo? lo carnal -vía el goce meramente imaginario-que recorrer el camino de la Ley. Si el otro no habla, está muerto; si habla, yo estoy en problemas. (De ahí que al comienzo prologué esto con la anécdota de Otro que pide, que se muestra barrado. Pero, qué alegría que –pidiendo- podamos entre todos compartir una clase tan divertida.)



A la abuela René (y a su falta real) y a su caído (su falta imaginaria) dedico pues estas líneas...

marcelo augusto pérez
El modelo óptico de Lacan y la abuela René.
Buenos Aires  / VIII /  2013.