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Mostrando entradas de septiembre 14, 2010

del deseo

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El deseo no es nada sin su devenir y su despliegue, su encarnadura: si bien es indestructible, se sustancializa en un objeto sensible. Por eso, se debe dejar que “el deseo diga” sin que el analista se asuste o repruebe o condene, pues es la culpa la que funda todos los sistemas morales.
En resumen. El deseo orienta, marca direcciones en relación a la sexuación y no es una acción predicable sobre el sujeto. El deseo vincula con la falta -vacío del origen, exiliado del Uno-, nos hace consistir en la propia inconsistencia, es decir, no se puede ser uno consigo mismo: esta errancia nos coloca siempre más acá o más allá de nosotros. Así, si el deseo es el sello de lo incompleto humano es testimonio también de la primera dependencia respecto a ese Otro, dependencia que posibilitó y limitó, fragilidad que, como la muerte, aterra y organiza. Por eso, el deseo molesta. Pone en una línea de sometimiento por fuera de todo lo que es la voluntad, es decir, que la voluntad es lo contrario al de…

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