Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de septiembre 6, 2012

El Discurso Amoroso

El lenguaje es una piel. Yo froto mi lenguaje contra el otro. Mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción proviene de un doble contacto: por una parte, toda una actividad discursiva viene a realzar discretamente, indirectamente, un significado único, que es “yo te deseo”, y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo hace estallar (el lenguaje goza tocándose a sí mismo); por otra parte, envuelvo al otro en mis palabras, lo acaricio, lo mimo, converso acerca de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto la relación.
Hablar amorosamente es desvivirse sin término, sin crisis; es practicar una relación sin orgasmo. Existe tal vez una forma literaria de este coitus reservatus: el galanteo. La pulsión del comentario se desplaza, sigue la vía de las sustituciones. En principio, discurro sobre la relación para el otro; pero también puede ser ante el confidente: de tú paso a él. Y después, de él paso a uno: elaboro un discurso abstracto sobre al amor…

La Renegación de la Falla (o de la Falta)

Las noticias, las devotas noticias, llegan con tipografía del New York Times y nos introducen lentamente en una ficción cara a Julio Verne y al mismísimo Ray Bradbury.
Veamos un par de casos: hay un señor Robert Brewick que se autodefine como investigador en lingüística-computacional (pomposo significante del rejuvenecido postmodernismo) que parece estar consagrado a investigar e incluso diseñar artefactos informáticos –es decir: robots- que puedan hacer cosas simples como beber o hablar. Según él los robots hacen cosas complejas pero no simples. Y, al parecer y según él, hablar es una cosa simple. El susodicho confiesa, sorpresivamente y con una sensatez un poco extraña de los cráneos de las ciencias cognitivas –que como dice Isidoro Vegh que Dios los tenga en Harvard-, que a las bacterias les va muy bien, sin embargo, sin hablar. Como suelo decir en mis charlas: las bacterias y los virus fueron los primeros y serán los últimos sobrevivientes: les va más qué bien.
Lo que este…

Seguidores