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Mostrando entradas de octubre 2, 2015

Muertes.

I

Salgo de ver Artaud. Antes de entrar paso frente al lugar donde semillas y espinas alguna vez brotaron. Entro al teatro, pensando en ese cuarto, en esas escaleras, en sus paredes con estantes frágiles, y con una cafetera, y con velones que escoltaban el gozo. Una pareja, a mi lado, se abraza antes que las luces bajen.
Intuyo que en breve sus manos se enlazarán en la oscuridad. Los actores me hablan de torpezas, de mierda, de dolor, de rencores, de mezquindades. También me hablan de crueldad. Y de psicosis. Pero no hay locura en esa obra. 
Locura robusta, locura radiante, locura de la noble. Artaud, la poesía, la habitación, la locura... Salgo y miro nuevamente ese lugar: ¿y si no hubiese sido cierto? Saco una torpe foto. Imposible graficar mi rendición ante el amor. Hambre, soledad, amor: raíces de idéntico árbol. Márgenes de la vida. Al bar de abajo fui solamente una vez, que te esperé como tantas veces... Hotel 1546. Una farmacia en una esquina y un Chino en la otra. Me resultan figuras cercanas…

Lo húmedo del amor. / Jacques Lacan / Reservorio: Dar el Resto.

Se trataba de aquello de lo que nos habla Freud, a ese nivel de la Introducción al narcisismo,a saber, que amamos al otro con la misma sustancia húmeda que es aquella cuyo reservorio somos nosotros, que se llama la libido, y que es en tanto que ella está aquí [en 1], que puede estar ahí [en 2], es decir, entornando, ahogando, mojando el objeto que está enfrente. La referencia del amor a lo húmedo no es mía, está en El Banquete, que hemos comentado el año pasado.
Moraleja de esta metafísica del amor...
puesto que es de eso que se trata: el elemento fundamental de la Liebesbedingung, de la condición del amor, ... moraleja: en cierto sentido yo no amo... 

lo que se llama amar, lo que llamaremos aquí amar, cuestión de saber también lo que hay como resto más allá del amor, por lo tanto lo que se llama amar de una cierta manera,
... yo no amo más que mi cuerpo, incluso cuando, este amor, yo lo transfiero sobre el cuerpo del otro.
Desde luego, ¡siempre queda {reste} una buena dos…