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Mostrando entradas de marzo 30, 2010

ABRIGO

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. para hacer un abrigo de piel se necesitan 120 crías . . . . .

Petrificada

Amelia Earnshawe colocó las rebanadas de pan integral en el tostador y presionó la palanca. Ajustó el temporizador para que quedaran bien tostadas, justo como le gustaban a George. Amelia las prefería sólo levemente tostadas. Es más, prefería el pan blanco, pese a que no tuviera tantas vitaminas. Llevaba diez años sin probar el pan blanco.

Sentado a la mesa del desayuno, George leía el periódico. No levantó la vista. Nunca levantaba la vista.

«Le odio», pensó ella, y el simple hecho de ser capaz de expresarlo con palabras la sorprendió. Mentalmente, lo repitió de nuevo: «Le odio». Era como una canción. «Le odio por sus tostadas, y por su cabeza de calvo, y por el modo en que persigue a las jovencitas de la oficina (chicas recién salidas del instituto que se ríen de él a sus espaldas), y por cómo me ningunea cuando no le apetece estar conmigo, y por ese “¿Qué dices, mi amor?” que me suelta cuando le hago una pregunta sencilla, como si ya no recordara ni cómo me llamo. Como si no recordar…

Desnudez

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Amo tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros,
como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo.
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Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como un niño perdido
que en ti dejara quietas su edad y sus preguntas.
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Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mi universo, el credo que me nutre;
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a las sombras los deseos me ladran.
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Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.
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El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.
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El día en que te mueras te enterraré desnuda,
como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.
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ROQUE DALTON GARCÌA
San Salvador, 1935 - 1975
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