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Lacan: Matemáticas y Espacios Topológicos. Segunda Parte.













En la primera parte de esta serie habíamos prometido relacionar la topología con la transferencia, es decir, con la relación analista/analizante.  Si el "candidato a analista" ( todos lo somos porque cada analizante es único, ergo: no existe esa cosa llamada experiencia ) no entiende que la presencia del Analista, ocupando -castración mediante-  el lugar de objeto;  es lo que realmente lleva al analizante, relación amorosa mediante, a atravesar su síntoma, no ha entendido nada. Por eso los analizantes, esos “héroes” que realmente deciden atravesar el río del acheronte, y sostener un análisis, suelen enunciar -de distintos modos y sólo después de muchísimo tiempo- que hay algo que no saben qué, "quizás haber hecho yoga o teatro o un taller literario", que ha hecho de ellos un ser diferente, un poco más feliz. No importa si el analizante sabe que se trató del tratamiento analítico, lo que importa, creo, es que el analista lo sepa. Que el analista sepa que es su presencia, su función paterna, que ha auspiciado de corte entre goce mortífero y goce habilitante del deseo. Y el analista deberá estar dispuesto a ocupar el lugar de objeto-desecho cuando el Sujeto Supuesto Saber caiga: el neurótico deberá “matar” al Padre-Ideal para poder prescindir de él; no sin antes “saber servirse” del mismo.



El analizante que lamentablemente no llega a vivenciar esto, porque no se banca la Ley, es decir, porque no acepta que algo habrá de perder para ganar otra cosa, no podrá decir nunca "algo cambió y no sé por qué..."- De allí que el sostén de la relación, con sus resistencias mediantes, dependerá mucho de cómo el analista se posicione en función de su deseo. La lucha en contra de la pulsión, de muerte obviamente -ya sabemos que no hay otra- es la lucha en contra del goce y en pro del deseo. Es la contienda que en cada sesión se juega como a-puesta de la partida. Es decir: del ingreso al orden de la Ley. 


Si la histérica es  nuestro elogio, lo es sobre todo porque nos ha enseñado que el goce es deseo insatisfecho y, por ende, que el deseo es defensa contra el goce. O, lo que es lo mismo, que el deseo deberá quedar insatisfecho para que una histérica surja. De allí que el lugar de víctima se correlaciona ipso facto con su Demanda y con su sufrimiento. No vamos a descubrir ahora que la histérica primero pide un Padre -un Amo- después lo derroca y después queda en lugar de víctima: "¿qué hice yo para merecer esto?" O "¿qué pretende usted de mi?"-.



El goce, la demanda, la presencia del analista como causa de lo inconsciente, la pulsión y -no en última instancia- el fantasma y el síntoma, se vinculan sin más a la topología lacaniana. Porque necesitamos hablar de dimensiones y relaciones topo(lógicas) para poder abordar la clínica diferencial que propone Jacques Lacan. (Volveremos sobre esto en la última parte de esta serie.)


Freud, por decirlo así, creía que hay un cuerpo y entonces después hay una pulsión. Para Lacan es exactamente al revés. Hay cuerpo gracias a que primero está la pulsión. Por lo tanto llegamos a dos conclusiones básicas: a) la pulsión, lejos de ser interna, llega desde afuera. B) ese afuera se llama Otro. En mi artículo sobre pulsión de muerte posteado en esta Blog, deje escrito mi idea -que comparto con no pocos analistas- que la única pulsión es de muerte: bien, es la que -justamente- mata el real orgánico y transforma en cuerpo en cuerpo del discurso, es decir: del deseo. Pero hay algo más: la pulsión, que no es ni el deseo ni el goce, es strictuc sensu, la respuesta que el sujeto puede dar ante la Demanda del otro. De allí que su matema lacaniano es este: ($<>d). Y si es la respuesta, es imposible desvincularla del lenguaje. Es la parte real del lenguaje. Sin por eso entender que tiene también un elemento imaginario y otro simbólico. La pulsión es la relación que el sujeto, dividido ante la Demanda, tiene con el Otro. En vez de simbolizar, actúa. El síntoma, la inhibición, el acting, las famosas escenas histéricas, los pensamientos que se le imponen al obsesivo, son sus representantes más latos. "No puedo dejar de pensar"- "No puedo dejar de hacerlo así..."- ¿Y qué es lo que el sujeto no puede dejar de hacer? No castrarse. No aceptar la Ley. Ergo: reacciona en consecuencia.



Ahora: gracias al lenguaje, y a la pulsión del Otro, el sujeto entra al discurso y paga por eso el precio de algo que Lacan bautizó objeto-a: que antes bien que un objeto pre-genital es el nombre de la falta misma. Esta pérdida es el agujero por donde la pulsión hará su tour. La pulsión y el objeto, como se ve, no son de uno ni del Otro: es lo amboceptor. En función de la castración que veníamos hablando, cuanto más el sujeto trata de atrapar ese objeto, más se apropia de la pulsión. Es decir: más goce, menos castración. Sin perjuicio de ello, y como sabemos, en todo goce hay una castración subyacente y toda castración toma al sujeto en pro de un nuevo goce. Como expresará Lacan, así como el deseo divide al sujeto, la pulsión divide al deseo. Por supuesto los dos toros enlazados no alcanzan para topologíazar la cuestión de cómo, bajo sus tres registros, el sujeto es anuda. Necesitamos tres toros y un cuarto nudo: el Nombre del Padre. Es decir: atarse a la Ley, a la castración.  La díada niño-madre debe separarse con Ley: que castra a la madre y al niño. 





En la primera parte de este escrito, habíamos llegado a enunciar el real, vía los números irracionales. En la tercera parte, que postearemos más adelante, vamos a cerrar con el tema topológico anudándolo a esto; pero para eso debemos hacer un pequeño rodeo sobre el número de oro, que –como sabemos- aparece en varios lados de la naturaleza (y por supuesto en el arte). Una visita a Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/N%C3%BAmero_%C3%A1ureo) y también al siguiente link ayudará a recorrerlo:
http://www.juntadeandalucia.es/averroes/recursos_informaticos/concurso2002/alumnado/naturaleza.html   En el link siguiente también encontraremos la relación de los colores con la serie de Fibonacci: https://matemelga.wordpress.com/tag/fibonacci/

 

Sabemos que el número de oro, o proporción áurea, nace de la consecuente sumatoria de 1 + 1 y de la sucesión de dicha suma: 1 1 2 3 5 8 13 21…  Por otro lado, sabemos que la ecuación de segundo grado a al cuadrado, más a, más 1 igual 0; tiene dos posibles soluciones: a1 y a2. Si 1/a = a/(1-a) (partiendo de los segmentos estudiados en el Seminario La Lógica del Fantasma); tenemos que la primera y la segunda solución de la ecuación cuadrática, nos da: a1 = -1,61803398874  y  a2 = 0,61803398874.



En “La Significación del Falo” –texto de 1958- Lacan dirá que “el falo como significante da la razón del deseo (en la acepción que el término es empleado como “medida y extrema razón” de la división armónica.)”  Ahora: sea el siguiente esquema en pizarra:

 



Si partimos un segmento DB en tres partes, nos queda un segmento DA, otro AE y otro EB.  En la clase del 1-3-67, del Seminario La Lógica del Fantasma, Lacan ha llamado al segmento AB como UNO (1); mientras que al segmento EB como (F)alo y al segmento AE lo nombrará (a).  Como se puede observar en la pizarra, FALO = 1-a = a al cuadrado. En la clase del 26/4/67, Lacan dirá 1+a = “sujeto sexual”.



Estas proporciones matemáticas son la apoyatura de Lacan para circunscribir al FALO y al OBJETO. En la última parte de esta serie, haremos una vuelta final sobre toda esta cuestión - volviendo a la topología- que servirá al maestro francés para llevarnos al campo del GOCE.

marcelo augusto pérez
topologería lacaniana, II.
IX / 2014
ARTE:
Oleg Shuplyak
Ucrania
Ilusiones Ópticas 

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