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Separse de un Padre es unirse a su Ley

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To: psicocorreo@yahoo.com.ar
From: cyntrip@hotmail.com
Date: Sat, 5 Nov 2011 21:46:51 -0300
Subject: ME PREGUNTO...

Hola Marcelo. Te quería preguntar algo con respecto al posteo de Mozart. En realidad quisiera que me respondas la pregunta que vos mismo hacés en el posteo: ¿Cómo se puede tener tanto talento? ¿Creés que es innato? Por otro lado, ¿para vos esa versión de la sinfonía es una de las mejores o podés recomendarme otra? Grcs! cyn.


“Sólo el amor permite al goce condescender al deseo."
Jacques Lacan; Seminario X, La Angustia, clase del 13-03-1963

Hola. Bueno, veo que las noticias corren rápido; lo postié hace horas… Empiezo por el final y con la obligatoria acotación de que no soy crítico de música ni músico; mi oido con Mozart empezó a funcionar en la adolescencia y sin tener referentes puesto que nadie en mi familia escuchaba Clásico.  En opinión de mi oido la Sinfónica de Viena tiene una de las mejores cuerdas del mundo; y los músicos le ponen garra; aunque con este director me parece que no están a pleno. Con respecto a la versión de la sinfonía, hay muchísimas obviamente; pero creo que esta tiene un tempo muy justo: otras –sobre todo las Yankees- tienen un ritmo más acelerado para esta sinfonía que, a mi gusto, no va.

Voy a la pregunta que me hago en el posteo. Bueno, si “innato” llamás a “genético”, no. No creo que sea genético. Creo que todo es Cultural, y se transfiere vía el Edipo. Creo que el talento es transpiración, pero cuando la ecuación edípica funciona con la Ley de la Castración y las Identificaciones que están en juego también cumplen su rol adecuadamente.

Te voy a responder desde mi lectura de las biografías de Mozart y desde la interpretación que puedo darle como psicoanalista.  (Lo de "seres de otro mundo" es obviamente una licencia metafórica que me permití.)

Pienso que Mozart ha tenido un Padre muy a-justado, que ha sabido transmitir muy bien la Ley. Por eso en la primera escena de la obra de Peter Shaffer (“Amadeus”) que después se llevó al cine; el personaje de Salieri cuenta –al cura que quiere que confiese- que su padre miraba hacia otro lado cuando él le decía que quería ser músico e incluso en la película se ve cómo Leopold (el padre de Mozart) lo acompaña en la trayectoria –sin apurarlo y escuchando sus potencialidades- cosa que el padre de Salieri –en cambio- refiere como crítica (esto en la obra de teatro original no está). 

A esto hay que sumarle –de modo previo- la admiración que Wolfgang sentía por su padre (de ahí su identificación) puesto que es obvio que sino no hubiese podido darse la ecuación transferencial.  Es decir: un hijo que mira con respeto a un padre; y un padre que lo acompaña produciendo talento: haciendo de una piedra en bruto, un diamante. Creo que si esto no hubiese ocurrido, Mozart no sería quien fue. Por eso la metáfora de la obra de Shaffer muestra claramente –sobre todo al final donde Mozart escribe el Réquiem- la relación entre dos hombres (Salieri está disfrazado con un uniforme negro, podríamos decir que es el Padre que viene a demandarle la Obra; que viene a decirle que muera un poco más, que haga de su talento, desecho, objeto-a) unidos por el mismo pentagrama.

De aquí que podríamos homologar la función que todo analista semblantea en el análisis; ocupando un rol paterno para autorizar y habilitar que el síntoma de un sujeto se deslice a algo más allá del dolor: el sinthome.  Por eso decimos que un final de análisis, en Lacan, es un “saber hacer allí con”…
 
Cuando la metáfora paterna falla en la realidad fantasmática del analizante, el analista es quien cumplirá –no sólo la lectura- sino la sutura, el abrochamiento, de esta falla.  En la vida cotidiana también es así, y por tanto vemos como en las relaciones se compensan los aportes de un padre –que soporta esa falla- y los de un hijo que -lejos de competir con su padre o de revelarse- intentará demostrarle que su Palabra se escucha y de hacer algo con ella. Esto, obviamente, no se cierra en tener el mismo oficio que los ancestros; estamos hablando de lo simbólico, de la palabra que se acepta, se transmite, se escucha y se vuelve a donar en obra, en producción, en sublimación. Por eso -como te decía al comienzo- no necesitamos un padre que escuche música clásica para transmitir, por ejemplo, cierta sensibilidad poética, musical, a su prole.  El problema es alrevés: cuando un hijo -a pesar de su deseo- no puede acceder al logro: su neurosis estructural depende obviamente de la de sus Padres. Por supuesto se hará lo que se puede con lo que se tiene.

Todo esto en un marco donde no se juegue, repito, lo especular: donde un Padre pueda quedar habilitado para el Don –sin ponerse en el nivel de su hijo- y donde un hijo pueda aceptar ese Don –sin competir con un padre, sino entendiendo que está habilitado para heredarlo-.  Por eso Freud citó a Goethe cuando dice: “Lo que heredas del padre lo debes adquirir.” Cierto: no es tarea fácil; sobre todo para un neurótico que cree que todo Padre viene a estropearle la fiesta, es decir: el goce

De allí que –volviendo al comienzo- creo que la Ley fue bien transmitida y bien recibida en el caso mozartiano.  Porque todo hijo deberá aceptar -obviamente- una pérdida de goce en procura de sublimar (amar y trabajar, dirá Freud).  Acá están en juego los goces de cada uno: como en el caso de que un Padre llame a la Madre y ésta no escuche. La responsabilidad es de los dos. 

Finalmente, cuando digo "bien transmitida" no quiero decir que Wolfgang no se quejaba de su padre o cosas por el estilo -o que aceptaba todo sumisamente como un idiota-; quiero decir que pudo ir más allá de la queja y sostener también el vínculo por el amor, por el Ideal, que todo hijo proyecta en el Otro.   La falla puede llevar a la sutura y a seguir el sostén del Ideal, o puede llevar al estrago. No por nada Freud bautizó uno de sus artículos como "La disolución del complejo de edipo": yo cambiaria "disolución" por "separación": un hijo que no puede separarse seguirá compitiendo ad infinitud sin producción y con el agravante de aniquilamiento del Otro. La paradoja es que, para separarse, hay que juntarse, es decir: aceptarlo, adquirirlo. De allí la frase de Goethe. Y de allí que el neurótico se caracterice por su rivalidad, su permanente resentimiento y su falta de tacto para ajustarse a la Ley.   Ya dijimos alguna vez: analizar quiere decir "desatar"; ¿para qué? Para atarse a Un Padre, a la Castración que permite -como dice Lacan- que el goce condescienda al deseo.  Saludos, marcelo pérez-


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