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Pan para hoy...

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Marcelo, te escribo desde México; gracias por tus posteos y tus videos… Muchísimas cosas se me aclararon viendo tus clases… Pensaba ayer esto que decías en los últimos posts. Qué cierto esto del “pobre padre” o del “pobre tipo” ¿verdad?


Uno lo escucha en la clínica: están desautorizados por su mujer y por su hijo… y tanto la mujer como su hijo terminan siendo cómplices de esa renegación de la ley… lo que quizás se ignore es que también “arruinan” el vínculo amoroso porque una madre que está casada con su hijo sosteniendo un pobre-padre, no puede ir a la cama con su hombre, lógico. 


Cuántas veces en la clínica se escuchan, de los hombres decir: “Mi mujer (o mi hijo) no me escucha, hace la suya… sólo me quiere para pagar cuentas…" y del lado de la mujer: “Mi marido es un boludo; no me puede calentar alguien qué sólo le interese pagar las cuentas o administrar su empresa…” Es paradójico pero es así, no? Lo lamentable es que las cuentas la terminan pagando los hijos, por eso digo que la complicidad no sirve; que –como vos decis citando a Lacan- el goce debe ir acotado con la ley. 


Mi propia historia de un padre “bonachón” –como decía Lacan- me hace ver esta clase de movimientos que hoy en mi consultorio están a la orden del día, porque más allá de la “comodidad” –como vos bien expresaste- de ambos cónyuges, a los hijos también les conviene que ninguna Ley les atraviese.  Por eso, como también hace mucho leí que escribiste, para un Padre es bien problemático Castrar al hijo y Castrar a la Madre ya que corre el riesgo de perder el amor de ellos y por eso en el obsesivo esto se ve claramente: el obsesivo –por amor, obviamente- prefiere ser un bonachón -un idiota útil- a hacer circular la Ley. Y claro, esto está agravado por la presencia de los hijos que ¿qué más quieren que todo sea una fiesta, a puro goce? Son los matrimonios que parecen funcionar con vendas en los ojos, no? Y claro, ojos que no ven... Como vos decis, en psicoanálisis esto sería algo así como "el matrimonio perfecto": un marido-ideal que no demanda y una esposa-ideal que siempre le duele la cabeza cuando tiene que ir a la cama: el uno para el otro. Nadie se castra y el único feliz -como decía Lacan- es el falo. Tener un padre bonachón es lamentable... tienes razón: un pobre tipo; creo que alguna vez te escuché decir que es tan grave como una madre fálica. Bueno, las dos cosas suelen ir de la mano, no?: el hijo no se castra y queda pegado al goce incestuoso.  Disculpa mis acotaciones, tenía ganas de compartirlas contigo; gracias nuevamente, D.J.L.



Sí Daniel, todo muy cierto lo que expresás. Ojos que no ven, oidos que no escuchan... Pan para hoy, hambre para mañana... y que siga la fiesta...   

Sólo quisiera acotar algo: a un padre "bonachón" hay que sumarle un hijo renegatorio y una madre fálica: el triángulo es ese; muchas veces el padre quiere transmitir la Ley, pero un hijo -especificamente alguien cuya estrctura YOICA está absolutamente rigidizada- no la acata: son los niños que siempre contestan con las frases de rigor: "Yo hago lo que quiero" o "No me importa".  Esto, en un niño, puede limitarse porque -como la otra vez decía Isidoro Vegh en su seminario- hay un momento que el padre debe decir: "Es así y punto porque lo digo yo" Pero el tema es que encontramos sujetos adultos que siguen repitiendo la misma axiomática y allí no hay ya manera de sostener nada sin caer en la violencia dual.   Saludos,  marcelo a. pérez-


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ARTE: 
Santiago Carbonelli
Hombre y Mujer con cara tapada
Litografía sobre papel

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