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Anexo al Posteo Anterior

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Hola Marcelo, soy Gabriel. Mirá con respecto al posteo que hoy hiciste en tu blog, el de “el antónimo de amor”, tengo algunas dudas: ¿qué querés decir cuando afirmás que el bebé es Ego puro? ¿No dice Freud –al contrario- que es Ello puro? Y por otro lado: ¿Cómo se sale de esa disyuntiva entre dejar de ser el falo de la Madre y poder funcionar más allá del imaginario? ¿La no-castración es infinita si el deseo lo es? Finalmente: ¿Por qué llamás bebé al niño? Gracias.

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Bueno Gabriel: respuesta sacadita del horno, porque hoy es un domingo frío y preferí sentarme frente a la máquina…

A ver: cuando decimos No-Castración queremos dar a entender que el neurótico no puede aceptar una pérdida; no puede aceptar tener que perder algo para ganar otra cosa o –lo que es lo mismo- que siempre que se gana por un lado se pierde por otro. En realidad No-Castración es un oxímoron: siempre hay castración. O la hay en las palabras, o la hay en los hechos, o la hay en el síntoma.

No poder aceptar una pérdida, una falta, es la característica que hace que llamemos “bebé” a un sujeto, ya que –para ser freudianos- esa falta –como sabemos- siempre remite a la Madre. Al Otro en cuanto se cree que uno puede colmarlo. Me permití llamarlo “bebé” y no simplemente “niño” porque el niño ya comienza a poder elegir entre una cosa u otra: el bebé no está en ese estado aún, no puede. (Igual vemos frecuentemente cómo los niños –al jugar- quieren acaparar todos los juguetes.) Por otro lado el Ego es “sordo y ciego”. Un bebé, más allá de sus funciones biológicas, también lo es.

Cuando expresé “el bebé es puro Ego” (y es verdad que Freud dice “puro Eso”) lo hice bien adrede: JUSTAMENTE el bebé es Eso y Ego: ahí se juntan, ¿dónde? En la sordera pulsional. Aún aunque un bebé no tenga constituido su Yo (el Estadio del Espejo nunca termina completamente y por eso el neurótico necesita afianzarse cada vez defendiéndose permanentemente, alienándose a una imagen que cree se (le) desvanece) lo que quise expresar es el estado “bebifico” –por decirlo así- en que un sujeto –alienado a su imagen- puede permanecer a costa de la no-castración en el momento en que él mismo es consciente de que hay que realizarla. Porque, insisto, castración siempre hay: “De un Padre no se puede desembarazarse, aparece siempre.” (Freud, I.S.A.)

No-Castración, entonces, es pretender un goce absoluto (incestuoso) con el Otro: de ahí que decimos también “gozar sin Ley”; y de ahí también que –desde el punto de vista Estructural- podemos llegar a confundir a un neurótico con un perverso, quien pretende gozar a cielo abierto. Esto es, tambièn, un mito de nuestro fantasma como neuróticos; puesto que el perverso tampoco puede escapar de su goce mortìfero.

Siempre hay deseo, por tanto siempre hay castración. ¿Cómo se sale de un goce mortìfero? Castrándose en lo simbólico; el Acto siempre divide y engendra al Sujeto: si no hay Acto, si no hay Corte, no hay pasaje del goce al deseo. A veces el nombre de esa castración viene de significantes como "divorcio", "renuncia", "duelo", etc. Cada sujeto analizará -si puede, a veces no- con que pèrdida se queda y qué ganancia deja ir.  Y lo expreso así para acentuar la condición de Des-Ser que toda castración conlleva.  

De ahí que la función simbòlica (incluida en la Metáfora Paterna) sea tan importante; de ahí también que aceptar cierta Paternidad nunca es fácil: primero, porque hay –en todo fantasma neurótico- un padre que ocupa un lugar de Ley y de Castigo. Y un lugar que opera inhabilitando, como interdictor, un goce. Segundo, porque la identificación con un padre a la vez amado y odiado –deseado y temido al mismo tiempo- no cursa en el sujeto sin dejar huellas. Por eso también finalizo el posteo diciendo que un Padre no deja de ser un Sujeto que pretenderá desear y gozar.  No se puede inhabilitar todo el goce al sujeto: hay que darle también la posibilidad de facilitarle vías de goce; por eso no es lo mismo el goce-fálico que la significación fálica. Un Padre -alguien instalado siempre en la misma función- inevitablemente hará síntoma.  Al igual que una madre -o un niño- que no puede salir(se) de ese nudo edípico.  De allí que escuchamos a muchos analizantes -por ejemplo obsesivos fuertes- en dónde hay determinada jactancia en la función paterna pero -sordera y ceguera yoica mediante- no terminan de captar que esa sobre-adaptaciòn (un Padre que hace sombra a un Hombre) produce un síntoma inmediato. Esto se ve clínicamente en las Mujeres que abandonaron ese rol en pro de otro: la Madre.  En definitiva: no jactarnos de nada, no creernos nada: todo se construyó en base a síntomas.

Saludos! marcelo.-

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