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Su Majestad el Neurótico

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La prematuración del infans conlleva una anticipación -imaginaria- de su imagen -especular- que lo identifica: recordemos que el YO es -desde Freud- la proyecciòn del cuerpo.
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He aqui la alienaciòn esencial que Lacan metaforizará como "ese nudo de servidumbre imaginaria".
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Sabemos que el Sujeto no es el YO (moi) y que el YO es una instancia a construir; el CUERPO es algo que se construye; el Sujeto no viene con un Cuerpo: tiene un cuerpo; y -para "obtenerlo"- es necesario involucrarse en la alienación al Otro, en el marco del Lenguaje.
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El YO se constituye desde el campo del otro. El YO, imaginario pero tambièn salpicado por lo real y lo simbòlico, cautiva al sujeto. Como bien sabemos, no se trata de parecerse-a-mamá-o-a-papà sino que desde el mismo origen constitutivo, el YO y las Pulsiones (las Demandas del Otro; el Deseo del Otro) arbitrian su juego matricial.
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La relación imaginaria es una relación narcisista. Sabemos que dentro del Esquema Òptico que introduce Lacan; el espejo plano es el A. La "mirada" de la madre como espejo. La madre "ve" al infans -en una relacion intersubjetiva- como alguien constituido, aún en su prematurez biològica: recordemos que la mielenizaciòn de las vainas se produce recièn a los 18 meses. "Mirada" del Otro que se desenvuelve en la superficie de Reflejo. Mirada que libidiniza, que captura, que aporta significantes: "sos lindo" / "sos bueno" / "sos un boludo"; es decir: que FALICIZA. Al decir de Massotta: mirada que nos transforma en el "salame de mamá": excelente definiciòn de FALO. Es decir: de creerse el FALO. Es decir: de creer que somos el salame perfecto.
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Entre este Imaginario, y este Real que se transforma, lo Simbòlico -el Deseo mediatizado por la Palabra- termina por constituir la Matriz que dará lugar al Complejo de Castraciòn: nuestro Edipo de cada día. La Madre al mirar/significar/nombrar la falta; tambièn identifica su deseo: esa imagen, ese YO, queda para siempre libidinalmente fascinado, seducido. He ahi el lugar al que los neuròticos de nuestros consultorios "vuelven" siempre; o lo que nuestro maestro vienès ha bautizado como: "His majesty the baby".
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Nuestro Sujeto de divàn a-punta siempre a la infatuaciòn que ese Otro ha hecho de èl. He aqui porquè, tambièn, Lacan ha luchado tanto en contra de las psicoterapias que apuntalan al YO: YO que no es más que un sìntoma o, como querìa Lacan, "la enfermedad" del sujeto.
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Inclinar el espejo, inclinar el A, no es poca cosa para comenzar un final de anàlisis. Para que el Sujeto se confronte con sus Ideales; advierta su deseo y -nobleza de este parràfo obliga- no se crea ni tan salame ni tan majestuoso.
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marcelo augusto pèrez
2009.-
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