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Sueños para Escribir la Historia del Sujeto



Viví en tu amor una esperanza
la inútil ansia de tu salvación.
¡Perdonáme si fui bueno!
Si no sé más que sufrir.
Si he vivido entre las risas
por quererte redimir.
¡Cuánto dolor que hace reír!


E. Santos Discépolo
Soy un arlequín

¿Como es que no sentimos todos que las palabras de las que dependemos nos son de alguna manera impuestas? Es precisamente en eso que lo que llamaron un enfermo llega algunas veces más lejos que lo que llamamos un hombre normal. La cuestión es más bien saber por qué es que un hombre normal, llamado normal, no se da cuenta de que la palabra es un parásito, que la palabra es un enchapado, que la palabra es la forma de cáncer de la que el ser humano está afligido.

Jacques Lacan 
 Seminario 23, El Sinthome
Clase 7, 17.02.1976

Los sujetos escapan ante su deseo; varias veces lo enunciamos. De hecho la Neurosis no es más que una defensa en contra de ellos; cuyo mecanismo predilecto en juego Freud lo bautizó Verdrängung; es decir: Represión. Un sujeto “reprimido” -como suele decirse habitualmente en lo cotidiano- no es un boludo “que le falta calle”: es un neurótico cuya Imagen no le permite conciliar su deseo con su Ideal y “que le faltan huevos”: de allí que la Neurosis es también una respuesta Ética frente al goce. El recorrido de un análisis pretende que el Sujeto se encuentre con un deseo donde el Otro del goce ya no sea una excusa para estropear su pequeña felicidad. (Recordemos que la definición canónica freudiana de la Histeria es tener un deseo insatisfecho. Cierto: todo deseo lo es; pero el recorrido de un análisis pretende que esa neurosis histérica –con su vertiente fóbica u obsesiva- pueda reconocerse y que el sujeto pueda también hacerse cargo del deseo que lo causa. Es decir: cumplir algunos sueños.)

A través de los sueños, de los fallidos y de todas las señalizaciones que el estilo de cada analista pudiesen leer, el neurótico se conduce por la travesía de este deseo escurridizo y angustioso. La lectura del trazo del Sujeto no es cualquiera. No trabaja igual un psicólogo conductista que un analista freudiano o que uno lacaniano. Las cosas que uno escucha de nuestros colegas más el andamiaje teórico con que uno se formó siempre nos lleva a conjeturar que es justamente la Posición del Analista lo que marca la Posición de lo Inconsciente (texto prínceps de Jacques Lacan de 1960 retomado en 1964) y, ergo, la posibilidad que el analizante (se) escuche de un modo diferente.

Por ejemplo: si un analizante (como ocurrió la semana pasada) cuenta que sueña algo terrible, “totalmente siniestro”, porque el relato del sueño era que descuartizaba a una “mina”(*); algún psicoanalista propenso a simbolizarlo todo (Kleniano o postfreudiano) podría decir: “no cabe duda que esa mina es su Madre, la mujer número Uno donde todo comienza y usted desea matarla para poder realizar el incesto y acostarse con su padre, con lo cual se podría concluir que usted tiene en el fondo una tendencia homosexual reprimida.” Esto, que no debería parecernos muy irónico ya que se suele “analizar” de este modo muchas veces (incluso Freud se ha permitido licencias de este tipo y ni hablar de Jüng cuyo espectro de simbolizaciones es el Abc de su teoría) no sólo es un simple disparate sostenido en el background teórico de un colega, sino que tampoco sirve de nada para el pa(de)ciente: le estaríamos justificando algo ominoso en base a una teoría que es como decirle que es esquizofrénico u obsesivo. ¿Y, qué hacemos con eso? O, mejor dicho: ¿qué hace él con eso? “Ahh buenísimo. Ahora sé que no soy un malvado asesino sino un homosexual reprimido. Pero le juro doctor que cada vez me gustan más las mujeres…”- podría responder el susodicho. Con lo cual el sueño que nos trajo -a pesar que el paciente creyó en el Otro del Saber- no le sirvió para nada porque el sentido (la significación) se la dio el fantasma del analista.


En cambio; para Lacan el sueño es lo que se dice del sueño y hay que leerlo a la letra, porque es una letra lo único que Lacan ha dicho que él mismo inventó y es una letra lo que circula en el análisis y lo que se trata de escuchar. Es decir: no esconde nada. Es decir: el Sujeto lo sueña mientras lo dice y de hecho lo sigue soñando con las preguntas que el analista pudiese hacer en relación con cierta escucha, con cierto ruido. En el ejemplo que dimos, y conociendo ya el analista la tela, la estofa, del analizante (los significantes se despliegan sesión tras sesión y se van anudando), lo que hace ruido es el verbo: descuartizar. Porque, como digo siempre, un Sujeto puede contar la misma historia de mil maneras diferentes, pero por algo utiliza las palabras que utiliza; exhibiendo -exponiendo- siempre lo inconsciente a la vista “estructurado a la manera de un  lenguaje”, siendo no lo subconsciente (lo inconsciente no está por debajo de lo consciente sino por arriba) sino lo que está en la superficie del discurso: como digo siempre: el analista no es un buzo que ahonda y “descubre” algo en lo profundo. Por eso lo inconsciente no es un descubrimiento de Freud sino un invento. Por eso si el analizante dice “no sé” (los dos monosílabos más repetidos en una sesión por el neurótico); el analista Lacaniano responderá: Invente. Sumado al verbo del sueño, tenemos el significante mina que también trae el analizante. Entonces: descuartizar quiere decir cortar con el cuarto. En su cuarto él no puede dormir si no es con una mujer acompañado (si está solo duerme en el living). Cuando piensa en el otro significante (mina) vuelve a soñar y agrega, con lágrimas en los ojos: “Mina es la mujer que me crió, incluso por la cual he pensado en algo erótico con ella en mi infancia. Mina estaba descuartizada encerrada en una conservadora. Mina era lo más esclava en la casa de mi infancia…”- Y aquí nos vuelve a hacer ruido otra palabra: no dijo heladera, dijo conservadora. (**) “Sí, tenía necesidad de conservarla…”-¿Qué cosa? ¿Qué representa Mina y todo esto para este analizante?

[(*) Mina es un lunfardismo argentino que connota a cualquier mujer. Así como chabón remite a hombre o, a la Española, tío.

(**) En Argentina ningún nativo de lengua española dice “conservadora” para referirse a una heladera. Pero como el deseo tiene a un Sujeto, entonces lo Inconsciente nos ayuda y anoticia al analista que se no se trata de un mobiliario de cocina sino que lo que está en juego es el verbo que, a la vez, esconde –vía represión- una función: conservar.]

Ocurre que -como dijimos al comienzo- el neurótico huye de su deseo: por tanto reprime lo que realmente lo angustia: lo “terriblemente siniestro” es -para él- dormir en el cuarto con una mina, que obviamente no es cualquier mujer sino su Mina de infancia. ¿Por qué? Porque si la mujer -que reúne características de su Mina- se queda en su cuarto toda la noche, eso implica un fantasma anexo: se puede transformar en algo doméstico, en algo habitual, incluso en su futura esposa. ¿Y eso qué implica? Para este sujeto eso implica volver a caer en un fantasma de oblatividad obsesiva donde él siempre queda como un esclavo como Mina. Atado e incluso endeudado: con su única esposa legal comenzó a tener  deudas por primera vez en su historia. ¿Pero no es acaso la angustia índice de deseo? Claro: él lo quiere, pero no lo puede soportar. Por eso desea conservar algo de Mina (de esa mujer, de las mujeres que hacen Serie y sobre todo de lo que él tiene de ella) pero, a la vez, eso se le presenta siniestro porque debe matarla, es decir: aceptar que algo se pierde si duerme en el cuarto con una mina así. Por eso prefiere salir al balcón con su gato, whisky en mano, y congraciarse con la lectura de Bukowski que representa eso que también extraña cuando está en el cuarto. Pero hay más: cuarto es anagrama de cuatro: son cuatro los miembros del núcleo primario: sus padres y su hermana. Y son cuatro los miembros de su primera relación que aún no puede descuartizar: su ex mujer y sus dos hijos. [Hace más de siete años que se separó pero aún no concretó el divorcio en papeles, es decir: simbólicamente.] No puede descuartizar ese lazo porque le da absoluta culpa reemplazar una mujer/del/cuarto por otra (“no hay deseo sin culpa, el sujeto es culpable de su real”; Lacan dixit).Y demos una vuelta más de tuerca: en la sesión siguiente habla de su gato y dice “Mi historia es canina… mi viejo fue un perro para mi madre: nunca pudo salir de ahí; y mi madre para él, mi hermana es perra domesticada… y yo. Y mi gato me enseña que el instinto no se reprime: mea y caga en las piedritas porque todos los gatos lo hacen, nadie se lo enseña; y si no le da la gana lo hace en el balcón…”- Nos está agregando más de lo mismo: se siente un esclavo, como Mina, en cada lazo que lo compromete; atado igual que un perro a su imagen.  De ahí que prefiere que cualquier mujer llegue, tener un buen sexo con ella, whisky Bukoskiano en mano  y que después se vaya. Pero también ocurre que si se enamora, en breve tiempo el lazo pasa de lo erótico a lo doméstico y se pierde la poesía. Lo terriblemente siniestro se percibe cuando queda atrapado en ese lazo, cuando es un perro repitiendo la escena familiar que declara; cuando no puede ser como su gato: que está en la casa pero puede treparse al alambre de su balcón cuando se le antoja. Conservar lo erótico sin perder lo domestico, como “la que me crió”, y viceversa. Retengamos en todo esto el sostén del Ideal, de su imagen, que está en juego para el sujeto: ser un perro, ser un esclavo, es lo que se espera de él, según su fantasma. Nada de locuras, nada de estudiar teatro o ser actor o esas boludeces por el estilo. Nada de poesía Bukoskiana: sí un trabajo muy bien remunerado que hay que cuidar, un Padre de familia como se debe; en definitiva: siempre atado al collar del Ideal.


Vamos al siguiente. Un sueño es -como dijimos- lo que se dice. Es decir: lo que se le dice al analista para que el analista, cada uno con su estilo y su oreja, escuche y señalice. Sino, un sueño no es. O sirve solamente para decir: “que terrible” pero no compromete nada de la subjetividad y del síntoma. Un analizante llega desde hace más de seis meses con síntomas conversivos: migrañas, vértigos, dolores de espalda, gastritis (“Noo, si me das café me matas”), etc. Sólo merman cuando hace lo que le gusta: jugar al fútbol, cantar (y a veces actuar en teatro) y estar con alguna mujer. Sin embargo uno podría avanzar rápido y decir: “Lógico, chann! Listo.”- pero no es tan simple porque los analistas sabemos que el deseo también angustia. Veamos: se trata de lo que podríamos llamar a la criolla, un chico 10: de hecho -al ser un buen goleador en el fútbol- hasta lo pasan a buscar en coche para ir a la cancha. En su trabajo, administrativo, también es un Chico Harvard. Y por supuesto en la vida: pide disculpas cada vez que tiene que putear, “siempre pido muchas veces disculpas”, y así recorre su vida medio perdido y medio atrapado en esto que se construyó, y sobre todo que se creyó, para el otro. Es decir: en su imagen. Con el correr de las sesiones puede dejar la facultad -por ahora- a mitad de camino e ir entendiendo como se liga su imagen (su narcisismo) con toda su sintomatología. Demás está decir que ya recorrió 14 especialistas de hospitales con todo el Laboratorio y las Imágenes pertinentes; sin excluir el pasaje por algunas “eminencias”.  A esto se le agrega algunas terapéuticas de bolsillo que matiza con su vertiente obsesiva: reiki, yoga, flores del Señor Bach, y por las dudas -hablando de bolsillo- unas piedritas energéticas que siempre lleva. Él sabe que todo este arsenal no es más que un parche [y no porque su pensamiento no le permita tener ciertas cábalas o rituales (¿Quién no los tiene?) sino porque sabe que la respuesta no está allí]; pero le dan consistencia al fantasma: protección ficticia, sí; pero toda protección no es más que un Mito porque no hay garantías, porque no hay fórmulas, porque –en definitiva- el Otro está en falta.

En la última sesión cuenta un sueño. El segundo que trae. El primero era con su abuela, primera vez que la nombra y que llora hiper angustiado. Como dijimos up supra, cualquier analista que simbolice podría decir “Claro, quien no quiere a su abuelita, quien no lloraría por una abuela…”- pero el sueño es lo que se dice del sueño (perdón por repetirlo tanto, pero si no se entiende esta cuestión estamos haciendo Tarot o astrología) y el analista aun no sabe qué cuernos quiere decir “abuela”, se lo tiene que preguntar al susodicho: “lo primero que tiene que saber el analista es olvidar lo que sabe…” o “cuando el psicoanalista cree ya saber de algo –de psicología por ejemplo- empieza ya su perdición”, Lacan otra vez. Es decir: no sabemos que es “abuela” de la misma manera que no sabemos que es “hombre” o qué es “psicótico”.

Paréntesis: esta semana en una de las clases que coordino relaté un ejemplo en relación con el significante: si nosotros supiésemos qué quiere decir la palabra hombre; trabajaríamos con nuestro fantasma y con signos (es decir: con definición de diccionario), no con significantes. Como un significante es para Lacan lo que representa a un Sujeto (y para otro significante) primero tenemos que hacer hablar al Sujeto para ver qué le representa –por ejemplo- la palabra hombre. Una vez un analizante llegó por primera vez y dijo: “Yo no soy hombre”. Como los analistas –repito- no tenemos la más puta idea de lo que es –para cada quien- ser hombre; se le pregunta: “¿Por qué no sos hombre?”- “Porque aún no la puse.”- Este significante retornará muchos años después –el fantasma sigue siendo el mismo- cuando el analizante (que ya tuvo relaciones sexuales pero hace mucho no la pone) cuenta que cogió con una mujer que no le gustaba: “¿Para qué coger con quien no te gusta?”- pregunta el analista. Bien: como coger –al igual que “hombre”- no es para todos lo mismo, cae de maduro: no por deporte, no con placer, no con pasión; sino para ratificar, por supuesto, que sigue siendo hombre. Cierro paréntesis.

Entonces volvemos a la abuela del analizante. “Su” abuela no es la misma que la abuela del analizante que viene después o que llegó antes. Su abuela es la que una vez pronunció un sintagma que, al recordarlo y repetirlo, lo vuelve a hacer llorar desconsoladamente: “No dejes nunca de cantar.”- El primer problema es que él aún no se convence de eso. Es decir: busca –como el Holandés Errante- el significante que lo represente. El segundo problema es que uno de los significantes que lo representaba está muerto: su abuela. El tercer problema es que él le prometió a su abuela “recibirse en la facultad”- y aquí el analista no debe solo leer sino anudar. Entonces, volvamos al último sueño, reteniendo este primero y recordando que es toda la cadena de significantes (y no una única sesión) la que representa al sujeto.

Se trata de que él está subido a un avión en desperfecto que se está cayendo donde viaja su familia, su madre; pero él no está angustiado por eso, todo lo contrario: recorre el pasillo del avión mientras cae y mientras ve que las alas se rompen. El avión cuando cae lo hace ¡oh casualidad! en algo parecido a una cancha de fútbol y estaciona donde hay un risco donde él (en olímpica proyección inconsciente/yoica) visualiza a un tipo  con armas (“viste como una Ak47?”- dice después cuando lo vuelve a relatar) y observa allí a uno de sus hermanos y  a su primo. Sale corriendo y ahí despierta. Hasta acá nada muy extraño, y lo obvio (la cancha de fútbol) cae de maduro, pero falta preguntar algunas cuestiones enigmáticas… ¿Por qué viaja en avión y no en súbte o en bicicleta? ¿Por qué si dice “mi familia” tiene necesidad de aclarar que está la madre? ¿Por qué aparece uno de sus hermanos y su primo? ¿Qué podrían tener en común entre ellos (y con él)? Empecemos por aquí: los dos juegan al fútbol… igual que él, que juega pero no pudo (y esto lo acepta como una frustración) ser jugador profesional. Y aquí la relación de subrayar a su “madre”: su madre no es la que le dio la teta, o la que lo parió, o la que le dio la vida… podrían ser todas estas cosas pero ninguna tiene importancia sino la que él enunciará que será lo que -en este contexto- represente a su madre: es la persona que le recortaba diarios y todo lo relacionado al fútbol y que lo alentaba para eso. No niega que su padre siempre lo apoyó en todo, pero aquí es su madre la que le pasa la pelota para que pueda hacer un gol con su deseo. ¿Y por qué el avión? “No sé, ni idea.”- “Inventá”- “Y ahora me vas a decir que porque quiero volar…”- “Tú lo haz dicho”- podríamos recordarle citando la misma frase con la que Lacan concluye uno de sus textos principales (el Discurso de Roma) y vuelve a repetir en otro, como en L'Étourdit, 1972. Bien: ¿Y las alas rotas? “No sé, ni idea.”- “Inventá otra vez”- “Se me viene algo ahora: el otro día en la cancha vi una paloma y yo pensé: quiero volar como vos, paloma.”- Traducción hasta acá: las alas-rotas, el avión averiado, no son un impedimento para llegar al destino. ¿Y por qué estarían allí su hermano y su primo? El analizante asocia dos cosas de las cuales voy a reservar una por una cuestión charlada con él quien habilita estas líneas: los dos sufrieron mucho con las mujeres pero a pesar de eso pudieron estar con otras y sostener. ¿Y el risco? (Significante que –convengamos- no es un vocablo común): “No se... No se me ocurre más que decirte que en vez de una montaña era algo plano pero elevado…” “Qué quiere decir algo plano pero elevado?”- “Jajaja... Pienso en el teatro… ¿Ahora sí cerramos no?”- dice riendo. ¿Se escucha como el ideal-Teatro está arriba, elevado, pero es dónde hasta allí llega él después de la caída? Pero nos falta ahora revelar el significante que aclara “fuera de programa” entre paréntesis: Ak47. Dice: “Lo único que se me ocurre es que era el juego que íbamos a jugar al Cyber y que yo era malísimo, perdía siempre”- ¿Y entonces? “A pesar de que perdía re disfrutaba.”-  Ahora si ¡Chan! Porque la persona con la Ak47, no es él, claro: es lo que él quisiera ser y no puede (de allí que lo coloque en otro que encima es el que debe matar para no morir) porque él es un chico 10, un chico Harvard. Lo que él quisiera es poder disfrutar aunque sea malísimo jugando, como en su adolescencia y como actualmente está empezando a poder hacer en una cancha, cosa que nunca hacía porque si erraba goles era una catástrofe. Esto se une al hecho de tener las alas rotas o el avión averiado pero aún así, de todos modos, disfrutar; de allí que él camina “sin angustiarse” –como aclara- como si el avión no estuviese bajando a punto de estrellarse. Desde el comienzo del sueño ya nos está marcando la brújula del camino; que podríamos traducir así: te estoy diciendo, señor analista, que quiero volar y que a pesar de caerme, quiero no sufrir e incluso llegar y re-encontrarme con el juego, con lo que me producía felicidad, a pesar de perder. Y también nos está diciendo otras cosas: cómo necesita medirse fálicamente (su primo y su hermano también representan eso) y que está pidiendo pista al Otro para poder despegar. Pero para eso deberá matar algo de esa imagen que lo ata al Otro (y aquí los dos casos clínicos se homologan) y perder –en consecuencia- ser el perrito fiel o el Chico 10.



Es decir: dejar de creérsela: dejar de creerse el falito del Otro o –como diría Oscar Masotta-: el salame de mamá. Desde la primera sesión le menciono algo así: “Qué cruz ser un chico diez, no?”-  y ahora lo subraya y lo entiende con este sueño que se regala y entonces le digo: “Bueno, si vas a llevar una cruz, mejor que sea la tuya…”- Sabemos, analistas y analizantes, que nadie cambia su personalidad: pero no es lo mismo ser un Chico10 infeliz y dependiente de la mirada del Otro, que ser un poco más feliz aún siendo un Chico7. Porque, en definitiva, y así como el Ideal también esconde un deseo; el deseo también es un Ideal, por eso se sueña. Es decir: si idealizo demasiado a quien canta (o a quien pinta, o a quien juega al fútbol) nunca voy a poder hacerlo yo porque la pretensión neurótica siempre es el Todo; es decir: ser el diez.

Como se ve, el sueño no solo se trabaja bajo transferencia, bajo la lectura que hace cada analista; sino que se va construyendo mientras se dice. La obra princeps de Sigmund Freud se llama Die Traumdeutung: se la tradujo como “La Interpretación de los sueños”; su traducción correcta debería haber sido: “El trabajo del sueño”. El que trabaja, cuando trabaja lo inconsciente, es el sujeto que deberá barrarse –angustiarse- para poder aceptar el deseo que se le impone y barrar al Otro que cree que completa; por eso el Psicoanálisis es el único oficio que quien paga es quien trabaja. Como también se ve hay una cuestión de la Imagen siempre en juego: cómo  matar esa imagen (ese Yo) apenas un poco (cómo inclinar el Espejo en el Modelo Óptico de Lacan, apenas un poco) es la cuestión que Lacan define como “aceptar la Castración: perder para ganar” o lo que nosotros –a nuestra criolla- definimos al comienzo de estas líneas, como “tener huevos”. Los sujetos llegan a un análisis porque advierten que están perdiendo para perder. Cuando nuestros analizantes comienzan a descubrir que perdiendo un poco se puede ganar mucho y disfrutar igual; ya dan un pasito adelante o –mejor aún- dejan de huirle al deseo.

Cierto es que el analista hace una lectura posible, cierto también que dependerá del analizante la rectificación o no de esa lectura (en general la angustia es índice de eso) pero lo más importante –creo- sería entender que la lectura la hace el analista para que el analizante pueda después escribir, seguir escribiendo, su destino. 

Marcelo Augusto Pérez
Sueños para Escribir, I
-Los Sueños que llevan a la Escritura de la propia historia-

VI / 2018
Artes Visuales:
Eva Denka
[ Buenos Aires ]
Exponiendo en Feria Pza. Dorrego
San Telmo, Buenos Aires.

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Suena categórico y hasta paradigmático: es que lo es. Si creemos que la letra con sangre no entra (a diferencia de muchos -incluso políticos del Primer Mundo del Capitalismo- que piensan que al fuego hay que responderle con fuego) y si creemos que –aunque suene romanticón o naif- el amor es la única cura posible para la neurosis (que no tiene cura); entonces es claro que suene un apotegma riguroso.
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