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Lacan & Spinoza; La Excomunión y el Psicoanálisis Hoy.


Les comparto este bellísimo texto de un colega (y Maestro de Música) que ha producido dentro del marco del Grupo de Lectura de los días Jueves que tengo el honor de coordinar.

Una lectura crítica y un análisis susceptible de la primera clase del Seminario XI: Los Cuatro Conceptos Fundantes del Psicoanálisis, de Jacques Lacan. Seminario por demás muy simbólico dentro del contexto en que se desarrolla:

Lacan había pensado -después de su Seminario La Angustia- dedicar el siguiente a Los Nombres del Padre -dando un paso más allá del Edipo con el desplazamiento del plural mismo- pero sólo pudo dictar una lección: fue interrumpido por la "excomunión" de la Asociación Internacional de Psicoanálisis que consideraba que el Maestro Francés se apartaba de los cánones del famoso Setting del Dispositivo. En este contexto institucional, Lacan asume su exposición del año 1964 sobre todo para puntuar las implicaciones éticas en juego en el Acto del Analista y "el deber de esclarecer lo abrupto de lo real que restaurábamos en el campo que Freud dejó a nuestro cuidado".

Ojalá lo disfruten; MAP.


Dejando de lado - sé que esto excluirá la mitad de los psicoanalistas que vean este texto - las cuestiones de traducción, la primera clase del Seminario XI se ha titulado “La excomunión”. Este “dejar fuera de la comunión”, particularmente el significante desde su raíz latina, connota al clero romano, a su inquisición y a sus hogueras. Cierto es que se toma “excomunión” en sentido amplio para aplicarlo a cualquier separación de una grey religiosa y es cierto también que casi todas ellas, los monoteísmos al menos, tienen alguna forma de “dejar afuera”, vale decir “atópico”, sin lugar a algún integrante de la comunidad por algún juzgado exceso de transgresión. Vayamos al texto:

“El lugar desde donde vuelvo a abordar este problema [refiere al tema inconcluso de la clase última del Seminario X] ha cambiado; y que no es un lugar que está del todo adentro, y no se sabe si está afuera” 

Lacan utiliza – supondremos que nada en esta clase del 15 de enero de 1964 fue escogido al azar – la comparación con la Kherem, la forma tradicional judía de “excolmulgar” insisto en tomar el término en sentido amplio y en reclamar la raíz romana, para considerar su apartamiento de la International Psychological Asociation (IPA). Párrafos después introduce “chammata”, la imposibilidad del apartado de retractarse y volver a las filas de la institución. ¿Por qué no usó simplemente “excomunión” en aquella clase? ¿Qué diferencias sustanciales hay entre un significante y otro?

Lacan tuvo una infancia signada por el catolicismo romano y, no creemos que casulmente, un hermano sacerdote. La homologación del lenguaje al espíritu santo en el Seminario IV no parece tampoco casual ni, del mismo modo, desconcertante opúsculo -para lacanianos distraídos- “El triunfo de la religión”. La Kherem (o Cherem en algún texto) es una decisión colegiada de un grupo de ancianos y rabinos de la sinagoga. La excomunión romana es una decisión final del papa. Sanción “horizontal” la primera y vertical, como la institución que la formaliza, la segunda. Pudo Lacan haberse comparado con algún excomulgado ilustre, Martín Lutero o Giordano Bruno (ambos del siglo XVI) incluso este último quemado en la hoguera, por sólo citar algunos, pero elige situarse con Baruj Spinoza, solidario en la kherem con el filósofo del Siglo XVII que pretendió resolver el dilema cartesiano, “el problema del puente” al que volveremos.

El mismo Spinoza de “Dios existe, todo es Dios” (panteísmo donde no hay adentro y afuera, ¿registro simbólico que presagia las topologías lacanianas..? El mismo Spinoza de “El orden y la conexión de las cosas es idéntico al orden y la conexión de las ideas” (ordo et connexio rerum idem est ac ordo et connexio idearum) El mismo Spinoza que formalizó su pensamiento a partir de un, me permito el neologismo, “protomatema”, en su obra “Ethica demostrada según el orden geométrico”.

Lacan ensaya una identificación con Spinoza, aquel que pareciera haber anticipado un pensamiento topológico, que recurrió a cierta pretensión de precisión en la geometría de la época, aquel “separado” sin lugar entre sus pares, viendo la filosofía como ética (recuérdese el Seminario VII).


El rasgo más interesante, volviendo al problema cartesiano: ¿Tanto Spinoza como Lacan son subvertidores de la subjetividad? Rene Descartes, vía “duda metódica”, llega a la conclusión de la existencia de una cosa (sujeto) pensante (res cogitans) opuesto a una supuesta objetividad (res extensa) que sólo puede sustanciar con Dios, con un “Dios garante de la verdad” que no puede engañarlo y del cual tiene que demostrar la existencia tomando prestado un viejo argumento de la patrística. Había dicho San Anselmo (siglo XI): “Dios es aquello más allá de lo cual nada puede pensarse”. Descartes toma esa idea y supone que la idea de perfección que habita su “cogitare” no puede ser otra cosa que de imposición divina, formalizada por ese mismo “Dios – perfección”. Repudia la razón que de lo imperfecto surja lo perfecto, enseñará Descartes. El comodín de Dios le quita el sueño a Spinoza, si ese Dios no es trascendente, si su inmanencia lo alcanza todo, incluso al sujeto “pensante” el problema está resuelto.

El comodín de Dios, hecho espíritu santo con artesanía irónica, vuelve en Lacan para romper el darwinismo freudiano, para “garantizar” la preexistencia del lenguaje. A su modo Spinoza y Lacan pretendieron completar la tarea cartesiana que Freud sólo habría puesto en cuestión. El primero con la “inmanencia” el segundo con la subversión del sujeto tan atractiva para los psicoanalistas (donde no pienso, soy).

Además de la alianza identificatoria con el filósofo ilustre, Lacan apela a otras alianzas entre los presentes al seminario. Henri Ey y Claude Levi Strauss, por ejemplo, para luego mostrar su narcisismo gozante declarándose “un refugiado”. Conmovedor, teatral, es el Lacan ya atravesado por Bretón, por Dalí, por un siglo incendiado de revoluciones, guerras, necesidades de refugios gregarios que den un lugar/no lugar que pueda, quizás, no distinguir adentro de afuera. Lacan cita el “no busco, encuentro" de Picasso por si lo anterior no fuera suficiente. Parece interesante al mismo tiempo las menciones a la comedia, su diferenciación de “la risa” pareciera que lo separa de uno de sus textos freudianos canónicos (El chiste y su relación con el inconsciente). ¿Se trata aquí de salir de la tragedia? ¿Se propone una tangente que permita abordar un costado menos “oscuro”? ¿Será la posibilidad de ironizar también aquello en lo que el freudismo se había convertido?

Cedo la palabra: “... sea esto cosa de comedia, en el sentido de cosa de risa. Quisiera, no obstante decirles de paso que no se me ha escapado algo de inmensas dimensiones cómicas en este rodeo. La dimensión cómica no pertenece al registro de lo sucedido en la formulación que llamé excomunión. Tiene que ver más bien con la posición en que estuve durante dos años, la de saber que me estaban negociando y negociaban justamente quienes, respecto de mí, estaban en posición de colegas y hasta de alumnos.”

Denuncias... dos años de “negociar” al refugiado... De las dos carátulas que simbolizan el hecho teatral, tal vez la que faltaba al psicoanálisis tan circunspecto y formal, tan trágico, tan totémico: la carátula de la comedia es bienvenida en esta clase. Otra escansión que pareciera complementar:

“Desde el ángulo del humor, que aquí no es más que el reconocimiento de lo cómico” Dentro de la misma deriva del discurso del seminario las menciones a la religión son abundantes: “No estoy diciendo –aunque la cosa no es imposible- que la comunidad psicoanalítica sea una iglesia.” Podemos proponer, tal vez, como una fórmula: ¡sacar los “no”! Sin embargo, alguien tenía que decirlo con la elegancia del maestro.

El árbol de un sólo tronco, refiriendo al pecado original, “la ciencia del bien y del mal” del Génesis... La mención a la experiencia mística y un guiño curioso de Lacan que parece ir con la física cuántica mencionando la pureza del alma del operador (sic). El significante seleccionado por mera resonancia de esta lectura de “La excomunión”, es “hermenéutica”. Ese andar por los textos sagrados isomórfico a la deriva por la obra de Lacan o de Freud. Se presupone aquí, en este Seminario fundacional, una hermenéutica a los textos de Freud, a sus “textos canónicos” y, seguramente, Lacan estará considerando una hermenéutica futura para la lectura de las transcripciones de su “Seminario”. La presentación de los cuatro conceptos fundamentales: Inconsciente, repetición, transferencia y pulsión parece un manifiesto formal en tanto contexto “alquímico”, asunto también mencionado por Lacan y que nos parece alguna referencia lejana a Carl Jung, aquel hijo rechazado de Freud que, según se sabe, habría interesado a Lacan con su “Sincronicidad” en algún momento.

El texto termina con una confesión pública in absentia: Jacques Lacan, el refugiado, el excomulgado, aquel que recibió la Kherem es ahora fundante de su propio legado confesando el pecado original del psicoanálisis: El deseo del propio Freud, la manzana devorada de su propio paraíso inaugurado por aquellas histéricas mentirosas... La ética de Spinoza en el diván de Viena, El sujeto resignificado de Descartes, sorprendido en su evanescencia, subvertido... Habla Lacan:

“Por eso la histeria nos da la pista, diría yo, de cierto pecado original del análisis. Tiene que haberlo. El verdadero no es, quizá, más que este: el deseo del propio Freud, o sea, el hecho de que, en Freud, algo nunca fue analizado”

Los excomulgados de la historia, quemados o no en la hoguera del dogma brutal, muchas veces fueron fundadores de historia, revolucionarios, seres señalados por el devenir, por su dialéctica, para recordar que las ortodoxias deben convertirse en nuevas tesis para nuevas antítesis. Lo definido es lo muerto, lo que se descartará de la “praxis” y de cualquier intento futuro de encasillar lo unario, el agalma. La excomuniones recuerdan la vida y la muerte, la falta, el motor de la historia. En la situación actual del psicoanálisis tal vez fuera necesaria una Kherem a los dogmatismos, a las verdades inconstestables, a las colegiaciones excluyentes... La praxis irá, sin embargo, marcando derivas posibles.

Juan Trepiana
Lacan excomulgado (resonancia religiosa para analistas no religiosos)
Texto Inédito
V / 2018
Artes Visuales:
Leonora Carrington
[ Reino Unido, 1917 / México, 2011 ]

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Jacques Lacan
Acerca de la causalidad psíquica, 1946.
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Jacques Lacan
Seminario III -Las Psicosis-, 1955.



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