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Lacan, Transferencia. Escritos.


El autor que hoy está destinado al lector es tan polifacético como preciso y nos invita a recorrer un tema por demás complejo –incluso delicado- en el campo psicoanalítico: la pregunta por la Transferencia; vocablo por demás controvertido (¿qué Cosa se transfiere, a quién?) que podríamos suavizar un poco con un giro dialéctico, apropiándonos de la etimología: ¿Adónde pretendemos mover al analizante? o, para decirlo mejor: ¿Adónde pretende mover el analizante al analista? Convendría plantearlo así, máxime si recordamos que ese lazo particular comienza a pensarse por Sigmund Freud en función de un fracaso: Anna O. y Joseph Breuer. Y este es el Horror al Acto que se juega en el fantasma del analista.

Juan Manuel Martínez nos invita -a partir de este fallido encuentro- a recorrer un trazo teórico que no es más que el hilvanado dialéctico de –lo enuncio aunque suene disparatado- todo el problema clínico en psicoanálisis.

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Juan Manuel Martínez toma sus primeros párrafos para recurrir a un ejemplo específico: el modo en que muchos analistas leen la abstinencia e interpretan absolutamente todo; recordado con un enunciado bien metafórico: “…Freud siempre los vuelve [a los pacientes] a sentar en la silla”. Me parece una rúbrica muy acertada porque el analista suele leer ciertos dichos/hechos como una sublevación hecha y derecha. Esto, en el contexto de “la agresividad en psicoanálisis”–texto que inaugura la obra de Martínez- queda perfectamente ligado: ¿qué hace un analista con su propia agresividad cuando debería saber desde el inicio que no existe psicoanálisis sin resistencia? Y es justamente este punto que se escucha en los colegas que traen sus analizantes a control: “No avisa si falta”, “Nunca paga en término”, “Volvió a reincidir con su goce”; falta que digan: “No asocia”. Porque claro: muchos han leído unos cuantos libros, tienen un par de postgrados que ciertas Universidades les vendieron, pero ahora se encuentran con que inventar lo inconsciente no se aprende en las aulas de ninguna institución; de allí que no pueden leer el texto del paciente (de la máscara, de la persona) para hacer aparecer al Sujeto. Y tampoco entienden que eso que se erigió como un pedestal ahora es una pared (imaginaria) donde el amor traba el análisis: “...su principal motor y su principal obstáculo”.

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Estas problemáticas, incluidas en el sombrío y plomizo Horror al Acto, hace que escuchemos historias de nuestros colegas que rayan con el disparate: hace poco una nueva paciente me comentó –por ejemplo- que su ex analista le dijo que deje de ir porque ella (la paciente) había decidido operarse los párpados “sin previo aviso ni previa autorización” de la profesional. (Por supuesto esto no es psicoanálisis aunque muchos colegas se autoclasifiquen como analistas). La paciente sale del “análisis” y cae en un cuadro depresivo por primera vez en su vida. Ya medicada la colega la vuelve a alojar al dispositivo. Esto es lo que Juan Manuel Martínez transmite cuando habla (en el capítulo sobre La Pregunta en el Sujeto) sobre las cuestiones del deseo, de la repetición y de la diferencia con la representación; y sobre el inconveniente clínico en que caen los colegas cuando entienden a lo Inconsciente y al Trauma como un descubrir lo profundo y no como un invento que es provocado y producido por la sola presencia del (A)nalista. Por eso insisto –y creo es la intencionalidad de nuestro autor- que la temática de la Transferencia hace a toda la problemática clínica. De allí que esté ligada –en esta obra- con la Pregunta “en” el Sujeto, cito: “Por ende, lo que ustedes verán entrar en el consultorio es la articulación de una pregunta que el ser plantea con el sujeto como herramienta. Esta idea es muy diferente de aquella que sostiene que el problema son las relaciones de los pacientes con sus seres queridos.” De allí también que en la última Sesión, el autor vuelva sobre la fisura Freud-Lacan criticando a los conocidos analistas mudos (que quizás estaría mejor bautizarlos como sordos) en cuya constelación afásica niegan totalmente que el fenómeno de la Transferencia les incumbe y les afecta: “De hecho, los analistas lacanianos justifican su silencio en el argumento de que ellos no saben nada y quien realmente sabe es el paciente ¿No han escuchado esto miles de veces? ¡Es otra forma de eliminar la idea del Otro! Es como si el análisis fuera un autoanálisis, con un analista allí sentado en silencio. Es otra forma de sostener la idea científica freudiana de no influir sobre el experimento.” De alguna manera esto nos remite a la Sesión sobre La Transferencia como Clasificación cuando Martínez –apropiándose del texto princeps La Instancia de la letra…- nos puntualiza que “Vamos a establecer qué tipo de psicoanálisis se practica dependiendo de la forma en que cada uno entiende el concepto de transferencia.”

Marcelo Augusto Pérez
Fragmento Prólogo:
Lacan. El concepto de Transferencia en los Escritos.
De Juan Manuel Martínez.
De reciente edición.

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