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Okja. Capitalismo Cerdo.


Qué Bong Joon Ho es el único director coreano moderno que ha sido capaz de mantener su personalidad intacta al cruzar el charco, es algo que nos quedó claro con la fantástica Snowpiercer. Un logro notable frente a sus compatriotas, vale la pena) recordar las espantadas 'anglosajonas' de Park Chan-wook y Kim Jee-woon, que se refuerza con Okja; una película que a primera vista puede parecer la más accesible de Joon Ho, pero que en realidad es en esencia tan o más peculiar que sus anteriores obras. Y es que esta sátira que a veces ralla la farsa circense sobre la industria alimentaria que abraza con acierto la ciencia ficción 'soft', es un cruce posible entre Cuando el destino nos alcance, y un relato infantil, emotivo y tenebroso, de Roald Dahl (la magnate a la que pone cara Tilda Swinton parece un trasunto femenino de Willy Wonka).

Película llena de claroscuros –rasgo inherente del creador de Memories Of Murder-, deja un poso amargo (esa visión pesimista del mundo actual en su descripción grotesca de los ambientes corporativos y mediáticos) y dulce al mismo tiempo (la relación maternal que se establece entre la niña protagonista y la cerda transgénica), en Okja Joon Ho se revela de nuevo como un autor de una personalidad y un dominio de la puesta en escena apabullantes. Secuencias como la llegada del animal a Nueva York (lo primero que ve de la ciudad, tras los barrotes de una furgoneta, es un cementerio gigante repleto de tumbas), o toda la parte inicial en una zona montañosa de Corea del Sur que sirve para explicar el vínculo emocional entre Mija -una niña huérfana que decide luchar como un heroína de acción para no perder a su madre adoptiva y animal- y Okja, son una buena muestra de la capacidad del coreano a la hora de transmitir con imágenes, sin necesidad de subrayados ni diálogos innecesarios, el tuétano de la historia.

En Okja se ríe –a veces de manera nerviosa y otras de forma blanca- y se llora, pero su subtexto es demoledor. Funciona como un aviso 'distópico' que logra esquivar el maniqueísmo (otro elemento distintivo de Joon Ho) sobre el peligroso ascenso de la industria alimentaria transgénica y todo lo que la rodea; esa descripción ambivalente y cómica del grupo terrorista en favor de la liberación de los animales, que, ojo, protagoniza una escena post-créditos divertidísima. Y su tesis es descorazonadora: hoy por hoy, la única alternativa a ese futuro desolador que plantea es ganar pequeñas batallas (a veces usando el 'idioma' del capitalismo caníbal), huir de las ciudades (representadas aquí como gigantes de asfalto sin alma), e irse a una arcadia natural para escapar de todo.

Xavi Sánchez Pons
Okja
/ 2017 /

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