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La operación analítica en Lacan.


No hace falta que miremos a los cielos Parisinos ni traigamos importación de conceptos para repensar a un Lacan que muchos lo leemos de modo similar, aún sin ser herederos directo de su enseñanza. Argentina -núcleo indiscutible del psicoanálisis- ha dado y sigue dando buenos intelectuales analistas que  tienen la convicción de que explicar a Lacan no necesita ser una odisea indescifrable y oscura. De un Lacan leído –¡y a buena hora que surjan tan buenas lecturas!- por un colega que supo discernir las diferencias teóricas con Freud que –sine qua non- hacen a la diferencia clínica. Se trata de Juan Manuel Martínez, a quien tengo el gusto de acercarles esta vez –a través de uno de sus videos- para seguir esclareciendo la comprensión de la obra lacaniana.

Dice Juan Manuel: “Para entender lo que estamos haciendo, tenemos que entender con qué estamos operando…”- He aquí –como repito mucho en los Grupos- una cuestión base: no es lo mismo un analista que escucha desde Sigmund Freud que desde Melanie Klein o desde Lacan.  Porque hay formalizaciones (matemas) diferentes de idénticos conceptos. Es más: porque los conceptos ya no son idénticos después de Lacan. [Por ejemplo: para Freud el análisis va por buen camino si hacemos consciente lo inconsciente. Esa no es la idea de Lacan. Es decir que lo inconsciente freudiano leído por Lacan no es el mismo. La misma cuestión con la Pulsión. De allí que interpretar tampoco es igual para un analista o para otro.]

Un poco más adelante el colega nos provoca: "Ni siquiera en Freud se trata de la cura por la palabra. (…) Freud utiliza palabras porque no le queda otra, pero no es lo que realmente le interesa."- Animarse a decir esto no es poco. Y lo utilizará de peldaño para concluir un rato después –no sin antes puntuar que “…sólo es una cuestión poética hablar de que estamos hechos de palabras”- y pensar entonces de qué se trata en la operación analítica.  

Me permito hacer un breve rodeo aquí que quizás acompaña la idea de mi colega: Primero habría que pensar si realmente hay "cura" para Lacan -a pesar de que algunas veces menciona el término-: la Estructura no se cura, la falta es Estructural, ¿cómo curarse de la Castración?, y así su ruta… En todo caso la cura es un artificio como el análisis. Excepto –claro- que podamos darle una significación no médica al término cura, pero eso ya corresponde al fantasma de cada analizante que creo es lo estrictamente válido. Segundo habría que pensar que la palabra (la Mot en francés) no es lo que cura; sino –y en todo hipotético caso- hablar (es decir; la Parole). La palabra-hablada que puede producir a un Sujeto (de deseo).  Finalmente: ¿qué hay de la Parole del analista? (De los analistas que hablamos, no de los mudos, obviamente.) Es decir –y esto es Lacan del Seminario 2- ¿hasta qué punto no es la función del analista lo que posibilita esto que llamamos cura? Es decir que para Lacan, el analista no sólo dirige la cura, sino que también la sanciona posibilitando la apertura de un Sujeto. Es decir: la transferencia está en el corazón de un tratamiento psicoanalítico. Por eso los analizantes quieren analizarse con unos y no con otros analistas: por eso con algunos funciona, con otros no.

Por otro lado, en el carozo de su charla, Martínez se introduce de lleno a la cuestión del Significante: la Estructura Lacaniana por excelencia –de allí un pleonasmo como dice Juan Manuel- del Lenguaje. Y desde aquí apuesta a comparar a Freud con Lacan para poder articular –al unísono- la emergencia del Sujeto en transferencia.  Y puesto que para Lacan un Sujeto es efecto del Significante, y el Significante –como enunciamos up supra- es aquel que el analista elige para la lectura del trazo del sujeto; entonces se deduce –como concluye Martínez- que "El Sujeto es el resultado de una operación que efectúa el psicoanalista cuando elige significantes."- 

De allí que como analista estoy autorizado –por el analizante que me paga para ello- a elegir un significante para pedirle que me lo explique. Ejemplo de esta última semana: el pa(de)ciente se presenta por primera vez para resolver algo en el orden de su vínculo de pareja, pero pongamos que esa mañana estaba el analista con ganas de preguntarle algo que escucha reiteradamente en su hablaje y que ese algo es su tartamudez. Entonces: el Sujeto va a aparecer cuando el significante "tartamudez" -que el analista lee- pueda ser asociado con otro significante. Para muchos analistas "si el paciente no viene por su tartamudez, o por su obesidad, entonces ese no es un tema para el analisita". Frases contundentes así la podemos escuchar, como me recordó una colega de un Grupo de estudio, de la voz de Diana Rabinovich, quien ocupó la cátedra de Lacan en la UBA y supervisó las ediciones oficiales de los Seminarios. Bien: eso puede ser muy bonito en el marco teórico. Pero en la praxis, en mi praxis al menos, es diferente. Porque –para mi fantasma- ciertos signos pueden transformarse en significantes ya que los puedo leer como un exceso de goce. Entonces, después que ese madrugador analizante diga: "Nooo, desde siempre... desde que nací."- y yo le aclare: "No. Desde que naciste no, contame desde cuándo y por qué"-, caeremos en la significación de esa punta de lo real que el analista leyó. Y, entonces, esa tartamudez quiere decir: "desde los 4 años, cuando se separaron mis padres..."-  A partir de acá el trazo de ese sujeto -para este su análisis- queda señalizado por una nueva cuestión que lo divide y lo invita a preguntarse –repito: en este nuevo análisis- sobre esa división. No bancarse esa separación en breves minutos lo llevará a volver sobre el mismo síntoma que ya no queda representado por su tartamudez sino -por ejemplo- por el vínculo con su pareja. Y la pregunta que se le impone, en función de su demanda inicial, es entonces alrededor de este no poder aceptar la posibilidad de una perdida.

Demos el ejemplo que nos brinda Juan M. Martínez en función de la diferencia entre la escucha en Freud o la escucha en Lacan que introduce a partir de las Huellas Mnémicas y del ejemplo de la Pizarra Mágica. Cito: “En la teoría de Freud, hay Representación Cosa que es estrictamente inconsciente (…) Mediante las palabras se tocan las cosas, pero hay huellas indelebles como nos ejemplifica Freud en la Pizarra Mágica. (…) La idea de Freud es que esas marcas son indelebles: lo que pasó, pasó. Lo máximo a lo que se accede operando con palabras es a la resignificación. Por eso creo que la clínica en Freud –y la clínica en la mayoría de los psicoanalistas del mundo- es la clínica de la resignificación. (…) Entonces “que su papá lo quiso, lo quiso; o que no lo quiso, no lo quiso, Roberto… sobre eso no podemos hacer nada… (…) Si lo que pasó, pasó, entonces lo que el análisis puede cambiar es cómo esas cosas se interpretan… pero esa es una clínica muy limitada.” De allí que entonces –como muchas veces dijimos desde esta Blog- el colega Mendozino nos recuerda que “La clínica de Lacan apunta –no a resignificar el pasado- sino a cambiar el pasado.”

Arrivamos así al título que nos propone Juan Manuel Martínez para esta charla: ¿cómo operamos con el material en sesión? No sin antes aclararnos de qué material –materialismo / moterialismo (palabra)- se trata. ¿Se trata del símbolo –un alhajero representa el catarro vaginal de Dora; o un paraguas es un pene- o se trata de otro tipo de relación de significantes entre sí que puedan generar una operación clínica más allá del significado referencial? Para entender esta operación básica del dispositivo lacaniano, es necesario también comprender que un significante no significa nada; excepto para otro significante que representa a ese sujeto y que le otorgue sentido al primero. De allí que Martínez esquematiza perfectamente los tres niveles lenguajeros del sujeto, y así como quien subscribe estas líneas nombra siempre a su ficticia tía Eulalia, él nos trae a su tía Martita para que entendamos el primer nivel más cerca de la nomenclatura del Crátilo Platónico. Y entonces así los bautiza:

La tía Martita: Noción coloquial del lenguaje.
Saussure: Uso del significante para la lingüística.
Lacan: El significante no significa nada.

Llegando entonces a una idea que muchos analistas aún no acuerdan: que no hay realidad pre-discursiva. ¿Y por qué decimos que hay analistas que no acuerdan? Porque hay analistas que creen que hay una realidad para-discursiva: hay un puro real sin nombre.  Muchas veces discutimos esto con colegas de Grupos, que incluso habiendo estudiado Medicina o Biología, pueden entender perfectamente que real es una palabra. Podemos decir que algo es lo imposible, porque hay algo posible que es efecto del lenguaje. Después de todo lo verdaderamente real se llama Angustia, y eso es sólo patrimonio cultural. [Los animales no se angustian. Ni siquiera tienen miedo a la muerte por la simple razón que a) no saben que van a morir, b) no saben qué es la muerte y c) el miedo es una palabra; es decir: sólo corresponde al patrimonio de la Cultura.] Por tanto, operando a partir del hablaje –el material de nuestra clínica, del Acto Psicoanalítico-, el analizante puede cambiar su modo de goce. Si a eso lo queremos llamar cura; pues bien... Yo lo llamaría, junto a Lacan: un cambio de discurso.  
Los dejo entonces con esta metódica clase de Juan Manuel Martínez. Ojalá la disfruten y que sus palabras susciten más preguntas...   MAP / 2017



¿Cómo operamos con el material de la sesión?
Juan Manuel Martínez

Artes Visuales:
Carlos Alonso
[ Tunuyán, 1929 ]

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