Ir al contenido principal

Pulsión de Muerte / Trauma / Castración



Quiero presentarles una bondadosa y exquisita entrevista de Matías Tavil  a Norberto Rabinovich. El adjetivo que utilizo es dual: exquisita por sus preguntas, que parten ya de un título provocador pero no menos cierto: "Lo que los psicoanalistas no entienden: la pulsión de Muerte”; y también por sus comentarios vinculados que acompañan al entrevistado; donde M. Tavil intenta subrayar, desenredar y ampliar los enunciados del fundador de Lacantera Freudiana, y que como bien expresa en el introito: “Si no entendemos el tema de la Pulsión, si no entendemos su lógica se nos va a dificultar mucho entender todas las manifestaciones clínicas.“

De allí que este video no es sólo una entrevista a un psicoanalista de trayectoria y recorrido clínico sino que es un diálogo fértil entre dos investigadores de la causa lacaniana. En los tiempos que corren donde mucho analista sube al púlpito de Lacan pero apenas expone ecolalicamente sus conceptos o repiten a un Freud alejadísimo de Lacan; esta charla nos pone de relieve no sólo las investigaciones de N. Rabinovich sino también la lucidez intelectual en el campo freudolacaniano de su entrevistador.

Me gustaría recapitular antes un poco esta propuesta que introduce la charla de Matías Tavil; porque es un tema que yo mismo he escrito hace unos años citando incluso la propuesta de Rabinovich. Y porque muchas veces recibo correos en relación a este tema que parece no agotarse. Siempre remito a dicho escrito de referencia, posteado hace unos años que resume un poco mi idea de la lectura de Jacques Lacan sobre este tópico; y que -como les digo siempre a quienes me preguntan- lejos de ser la única no es más que una hipótesis adjunta a tantas otras: http://psicocorreo.blogspot.com.ar/2013/09/pulsion-de-muerte.html

Si bien la mayoría de los analistas están de acuerdo en hablar del dualismo pulsional, no soy el único analista que teoriza solo una pulsión, que ya Lacan también ha postulado: LACAN J.; De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible sobre la psicosis, 1955.

El problema del trauma en psicoanálisis sigue estando rodeado de muchas interpretaciones y es imposible desvincularlo con el concepto de goce y de pulsión de muerte. Sigue estando –es evidente- en el corazón de la teoría freudiana. [Mis lectores saben que –siguiendo la línea de Roberto Harari y considerando básicamente que lo inconsciente no es un descubrimiento sino un invento (al analizante se le pide no que recuerde sino que invente: es decir, que diga lo que se le viene al hablaje), el trauma entonces no existe.]

Para decirlo como muchas veces lo expresamos: no hay otro trauma que el ingreso al lenguaje, por el cual el Sujeto gana el deseo pero pierde la posibilidad de la fórmula-sexual. Es decir que este ingreso nos hace extraviar –para siempre- el objeto prefijado del instinto animal (objeto-fijado a un saber concreto que le permite sobrevivir y reproducir su especie).  Como sabemos, la pulsión se satisface –y sólo en su recorrido- con un objeto contingente y encontramos así que el Sujeto –lejos de sobrevivir- puede explotar de pulsión oral (comida, drogas, bebida, incontinencia en el hablar, etc.) o cualquier otro tipo pulsional que lo aparta definitivamente de lo Natural y lógicamente esperable en la Especie.

Dice Lacan: “Soy un traumatizado del malentendido (…) Todos ustedes, ¿qué son sino malentendidos? Traumatismo no hay otro: el hombre nace malentendido”. Como vemos el encuentro entre dos seres hablantes siempre es fallido: he allí la concepción del trauma freudiano. Lo imposible de ser dicho. Así como es lo simbólico –la palabra- que azota el cuerpo ("leña seca de la mortificación del cuerpo por el significante"; Lacan, La Tercera)   algo de satisfacción queda y es allí donde el Sujeto fija su goce. ¿Allí dónde? En el hueco de lo real. Por eso Lacan juega con la homofonía Traumatique / (Trou)matique : Agujero. He aquí el único trauma del parlêtre. Es decir que, si hablamos de Agujero, hablamos de Castración.

Muchos analistas diferencian también el trauma del acontecimiento traumático. Incluso algunos (Eric Laurent por ejemplo) hablarán de psicoanalista-trauma. Si aplicamos lo traumático según ya Freud nos lo propuso en su “Proyecto de psicología para neurólogos”; donde dijo que no tiene otro sentido más que el económico; entonces sería aquello que excedería la capacidad del sujeto para dominar un cierto exceso vivencial. El tema es que deberíamos considerar que esta vivencia nunca es exterior. Aquí está uno de los puntos nodales del problema, puesto que si –además- podemos hablar de la realidad fantasmática; volvemos al comienzo: no hay trauma más que del hecho de hablar y no poder decirlo todo.



De aquí pasamos pues –inevitablemente- al tema de la Pulsión. En esta charla Norberto Rabinovich enuncia en frases bien puntuales, contundentes, lo que venimos repitiendo algunos. La importancia de considerar la Pulsión de Muerte como separadora (quizás el significante "muerte" puede llevar a confundirnos) es isomórfico a pensar a la pulsión no como una fuerza, como una energía, sino como una Respuesta a la Demanda del Otro. De allí que insistimos en una ética del goce, donde el Sujeto pueda responder simbólicamente y -vamos a decir así- no en lo real. (El síntoma también es una respuesta simbólica de lo real, claro, pero la idea sería darle un estatuto diferencial. Lo que Lacan llamó Sympthome, que no es más que un modo que tiene el Sujeto de responder y de hacerse cargo de su real.)

Como he escrito en otra oportunidad referido a la teorización de N. Rabinovich, si bien la Pulsión de Muerte pega el hachazo y castra; no estoy de acuerdo en llamarla de Castración porque leo a ésta última como un mero acontecimiento del YO que se opone –en sentido clínico y obviamente subjetivo- al Goce. Sin dejar de recordar –obviamente- que no hay Castración sin una Satisfacción anexa.  Es cierto que ambas (Castración y Pulsión) posibilitan que el Sujeto emerja; pero creo –de todos modos- que difieren en la operación que confronta al Goce. 

De alli N. Rabinovich diga en esta entrevista, por ejemplo: "Lacan remarca la dimensión ética de la función separadora, es decir, lo que Freud llama Pulsión de Muerte. (...) Donde desaparece del campo el Otro, es donde aparece como Sujeto."  Cierto que como dice Matías Tavil “…como se suele transmitir en las universidades la Pulsión de Muerte está del lado del incesto; pero si nos ponemos a leer a la letra lo que trabaja Freud en Más allá del principio del placer, todos los ejemplos clínicos que da donde capta la repetición traumática no hay nada de incesto sino todo separación.Y que –entonces- es allí donde el analista debe leer a la Pulsión como el intento del Sujeto para zafar del campo del Otro. Pero –insisto en esta cuestión meramente angular- mientras que la Pulsión responde desde un lugar donde el Sujeto se eclipsa y se hace objeto del goce del Otro; en la Castración (del YO) es donde aparece –justamente- el Sujeto del deseo. De allí que no tengo inconveniente –aún frente a cierto estupor de muchos- en ecuacionar la igualdad deseo = castración = angustia = separación.

Lo importante –más allá de estas sutiles divergencias- es que nos encontramos con analistas que investigan y teorizan el más allá del principio del placer freudiano. Y que –siguiendo también a Lacan- nos permiten pensar a la Pulsión de Muerte –valga el pleonasmo- no como una energética sino como constituida por y dentro de LaLengua; lo más propio de cada sujeto, Pulsión donada por el Lenguaje.  Pulsión que -repetimos- no es más que la (mala) respuesta que encuentra cada parlêtre para poder separarse del Campo de la Demanda del Otro. (Allí sí –claro- la Pulsión de Muerte y la Separación son hermanas de la Castración; pero esa Castración no es la esperable –la que Lacan postuló como positiva para el sujeto-.)

Los dejo pues con esta charla mateada, ojalá la disfruten y podamos seguir investigando estas problemáticas que nunca se cierran en una Obra Abierta como la Freudiana.   MAP / 2017



Lo que los psicoanalistas no entienden - Pulsión de Muerte.
Norberto Rabinovich / Matías Tavil
[ Buenos Aires / Argentina ]

Artes Visuales:
Santiago Caruso
[ Quilmes, 1982 ]
www.santiagocaruso.com.ar

Entradas populares de este blog

Amar: dar lo que no se tiene a quien no es.

“Amar es dar lo que no se tiene, a quien no es”-Apotegma añejado por Jacques Lacan que a veces no se entiende. Si bien lo hemos dicho muchas veces en esta Blog (siempre que hablamos de Narcisismo, por ejemplo) merece ser abordado una vez más, ya que de esto se trata todo el secreto donde radica “la solución, doctor?” de todo conflicto entre dos sujetos que hablan.
Suena categórico y hasta paradigmático: es que lo es. Si creemos que la letra con sangre no entra (a diferencia de muchos -incluso políticos del Primer Mundo del Capitalismo- que piensan que al fuego hay que responderle con fuego) y si creemos que –aunque suene romanticón o naif- el amor es la única cura posible para la neurosis (que no tiene cura); entonces es claro que suene un apotegma riguroso.
El adagio de esa singular frase se debe descomponer así:
1)Amar es dar.  Es decir: entregar, ceder.  ¿Qué cosa? 2)Lo que no se tiene. Es decir: la falta. Es decir: lo que Lacan bautizó como el objeto-a: un objeto que no existe porque…

Sartre / El Salto del Sujeto.

Nietzsche sabía que la esperanza es la mayor causa de la infelicidad. El Buda –a diferencia de la máxima Cristiana: “Espera el mañana, allí vivirás un mundo mejor”-  también promulgó el mismo apotegma Nietzschiano: “Abandona la esperanza, abandona el deseo, y entonces vivirás el aquí y ahora.”  Jacques Lacan identificó a la esperanza como “las mañanas que cantan” y dijo haber tenido noticia de cómo en su nombre muchos sujetos se dirigían al suicidio. La cuestión es que la esperanza –y su padre: el deseo- es un problema del sujeto inmerso en el lenguaje. El problema es del lenguaje. Gracias al lenguaje amamos, deseamos, tenemos esperanza; pero sólo por el lenguaje –y a diferencia del animal- somos esclavos de ello mismo. Es decir: no tenemos un deseo; el deseo nos tiene. Hay un deseo al que se le supone un Sujeto. El Sujeto está atrapado –dominado- por el deseo que lo constituyó como tal.
En estos tiempos donde nos venden buzones de todos los colores -buzones que hemos comprado desde la…

la pèrdida en el horizonte

- - - - ¿Se acuerda de aquel libro de Vinicius de Moraes, Para vivir un gran amor? ¿Qué necesita uno para vivir un gran amor?
.
—Lo primero es animarse a correr el riesgo. Lo que yo observo en el consultorio, como una de las grandes barreras para el amor, es el temor de la mayoría de los humanos a correr el riesgo de la pérdida. Toda relación de amor presupone que alguno de los dos va a perder al otro. El otro puede morir o dejar de querernos. No hay ningún amor que no tenga en el horizonte la pérdida. Y hay que animarse a tolerar esa posibilidad. Mucha gente, porque no se anima a perder, vive perdiendo. Quiero decir: dan por perdido el amor antes de haberlo vivido. Eso es mucho más relevante, numéricamente, de lo que se supone. Inclusive, hay mucha gente a la que usted ve en pareja, casados o no, y sabe que ya no se aman. Uno los escucha hablar y se da cuenta de que no se animan a disolver su pareja y a armar otra nueva porque ya han dado por perdido el amor. Y han dado por perdido el amor…

Seguidores