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Agresividad, Boxeo y Toreros...

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¿Entienden entonces la frase de Lacan cuando dice en chiste que los yo “fuertes” –los yo fuertes de la Psicología del yo- no tienen nombre? Son anónimos, son los que dicen: “yo soy yo”. Es un ideal muy común de la psicología moderna el sacarse de encima el nombre impropio del padre, el llegar a tener un yo: “Yo quisiera ser yo mismo” “Yo no quiero dejarme influir por nadie”, “Yo quiero tener mis propias ideas” dice el obsesivo. “Yo quiero ser auténtica” dice la histérica. En todo caso se trata de sacarse el nombre. El nombre viene de un cambalache y de un mal entendido total, es un negocio ignorado entre generaciones y generaciones de cuerpos. Entonces el obsesivo dice: “Bueno, si se pudiera cortar con ese negocio yo soy yo y me caso con ella que es auténtica.” Pero resulta que ni él es él ni ella es tan auténtica como parece.
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Así se puede decir que el YO de la histérica es un varón. El YO no es su propia imagen en el espejo es la imagen de un varón donde la histérica puede hacer maniobras infernales para atrapar esta imagen y atornillarla a su lado, para no sufrir la ausencia de algo que la imagen viene a cubrir. Es una manera de explicar porqué la gente desdichada sigue junta. La teoría de la utilidad no lo explica porque hay maridos inútiles. La teoría de la satisfacción sexual tampoco lo explica porque generalmente los maridos, después de un tiempo, se vuelven rutinarios sexualmente. La teoría de la comunicación tampoco lo explica porque la gente suele embrutecerse en los matrimonios y cada vez habla menos y peor. No se ve que los matrimonios vayan juntos a aprender literatura, arte, a refinar su lenguaje para entenderse mejor sino que tienen cuatro o cinco frases hechas que escuchan en televisión y se dedican a martirizarse unos con otros. Esto, sin embargo, suele ser santificado y es como se dice, la célula de la sociedad.
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La teoría de Freud es que los neuróticos nos enfermamos por no poder perder nada. Cuando alguien viene llorando a un diván a decir que perdió a su novia, no la perdió todavía, porque si la hubiera perdido iría a bailar. Es al revés, viene llorando porque no puede perder a su novia, puede no tenerla pero no la perdió, porque perder algo deja lugar a otra cosa. Sufrir por algo -Freud decía que las histéricas sufren de reminiscencias- quiere decir que hay un duelo no realizado, hay algo que vuelve al mismo lugar. La histérica vuelve infinitamente a ese punto traumático real de insatisfacción oral, que la vuelve anoréxica en un caso, que la entrega a la bulimia en otro. De ahí que haya negocios del mercado mundial para la regulación de este problema oral de las mujeres que es el mercado de “adelgace, engorde”, “antes, después”, “mire cómo estaba”. El mercado está armado sobre este objeto real oral que siempre puede retornar, para que la histérica cierre la boca y no coma más y se muera de hambre, o para que coma todo el día y se vuelva irreconocible para los muchachos.
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Cuanto más semejantes son las personas es más fácil que haya agresividad entre ellas, o mejor dicho, es más fácil que la agresividad se convierta en agresión.
Odio al goce del Otro: racismo. Tensión subjetiva con el semejante: posibilidad de pasar de la agresividad a la agresión Esto se ve bien en la metáfora del boxeo donde para que dos personas peleen tienen que tener por lo menos la misma talla, el mismo peso. No pelean un peso pluma con un peso pesado. Quiere decir que para que haya una tensión subjetiva suficiente que mantenga a todo el mundo atento es necesario que exista la posibilidad de que gane cualquiera de los dos. Si no se parecerían en nada no habría esta posibilidad. Si uno fuera un gigante y el otro muy pequeño no existiría esta posibilidad. Hay que poner a dos parecidos para que esta tensión subjetiva, la agresividad estructural, se convierta en un juego de agresión reglado por una regla social. Podríamos decir que ese punto el boxeo está del lado de la agresividad, mientras que el toreo no. El toreo es una danza astuta para dar muerte al toro, algo que no tiene que ver con el sujeto, es lo Otro. Los españoles lo festejan como el triunfo de la cultura sobre la naturaleza. El torero, que es un ser más pequeño, puede derrotar a un ser que pesa cientos de kilos más. Este acto conmemoraría el gesto del dominio de la naturaleza por el hombre.
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Germán L. García
Variaciones sobre Psicosis
Clases 1 y 2 –fragmentos-
Ed. Otium / Tucumán / Junio 2011.

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