Ir al contenido principal

Solidaridad / Escrito desde Colombia.








Las buenas intenciones de la modernidad occidental llegaron hasta el siglo XX. Ahí se encendieron las alarmas, pero no fue posible frenar, detener la explosión demográfica. Todos esos sueños eran posibles con máximo cinco mil millones de personas en el planeta. El problema fue que alcanzamos muy rápido la cifra de seis mil millones y ya cruzamos la de los siete mil millones. El año pasado hablé en varias de mis columnas del punto de no retorno, y, en efecto, acabamos de pasar ese punto y ya no hay nada que hacer. El caos lo iremos viendo poco a poco.

Cuando uno mete una determinada población de animales en un espacio cerrado, es posible que convivan y que inventen dinámicas de supervivencia. Pero si yo sobresaturo el sistema de inmediato los individuos de esa población empiezan a atacarse los unos a los otros. Eso es muy claro en las prisiones. La sobrepoblación genera cada vez más violencia.

Lo mismo estamos viendo en el planeta entero: va a empezar la reversibilidad de todos esos valores que se promulgaron con tanto entusiasmo. Adiós a la hermandad y la fraternidad. Lo que vamos a ver es la ley de todos contra todos.

Modificamos el clima, abusamos de los recursos no renovables, nos reprodujimos a una velocidad enfermiza, masacramos a las otras especies. Nos creímos semidioses con derecho a hacer lo que se nos diera la gana. Ahora vamos a empezar a sentir rechazo, asco de nosotros mismos.

Eso se nota con claridad en las políticas de Trump en contra de los inmigrantes, el fastidio declarado abiertamente hacia los visitantes de ciertos países tercermundistas. Muchos de ellos ya están atrincherados en casas de amigos o familiares con miedo de salir a la calle para no ser capturados por las autoridades de inmigración.

Se nota en el Brexit y en el fin de ese sueño de la Modernidad que se llamó Europa. Los candidatos de la derecha como Marine Le Pen en Francia, Frauke Petry en Alemania, Timo Soini en Finlandia o Norbert Hofer en Austria van ganando cada vez más electorado. Su discurso es muy claro: identidad, xenofobia, islamofobia, antisemitismo. Se trata de afirmar el discurso nacionalista y de atacar los valores de la igualdad de derechos de los inmigrantes y de colectividades minoritarias como la comunidad LGBTI. Con tintes claramente racistas y segregacionistas, estos partidos se van apoderando de los votantes a velocidades alarmantes.

Marine Le Pen dijo en una entrevista con determinación:
- No le daría trabajo a un español si lo puede cubrir un francés.
Norbert Hofer afirmó públicamente:
- No quiero que en unos años Austria sea de mayoría musulmana.
Y en una calle del centro de Madrid había un graffiti el año pasado que decía:
- Los sudacas nos gustan más cuando están lejos.

Los norteamericanos no quieren más gente con rasgos aindiados, bajitos y morenos. Los italianos y los griegos no quieren más negros africanos llegando a sus costas en pateras, hambrientos y en busca de cualquier empleo que les permita sobrevivir. Los europeos en general no quieren más refugiados islámicos orando cinco veces al día mientras miran hacia La Meca.

Lo mismo nos sucede ya a nosotros los latinoamericanos también. Macri desea fortalecer las fronteras para que no le sigan entrando indiecitos sospechosos de procedencia boliviana y peruana. Los chilenos no quieren más inmigrantes ecuatorianos ni colombianos en busca de oportunidades de trabajo. Y ya en nuestro propio país se escucha en las calles a cierta gente diciendo que están cansados de tanta inmigración venezolana.


Adiós a la tolerancia y la igualdad. Adiós a la diferencia y la alteridad. Se vienen los años en los que el otro es una amenaza. Y el problema es que si no hay otro tampoco hay uno mismo. 


Mario Mendoza
[ Bogotá, 1964 ]
Adiós a la solidaridad.

Mario Mendoza escribió las novelas “La ciudad de los umbrales” (1992), “Scorpio City” (1998), “Relato de un asesino” (2001), y “Satanás” (2002), libro ganador del Premio Biblioteca Breve de Seix Barral; y su último libro “Los hombres invisibles” (2007). Fue profesor universitario de literatura, también ha publicado la colección de relatos “La travesía del vidente” (1995). 
Gracias Mario por autorizar esta publicación para los lectores de mi Blog.

Artes Visuales:
Wilman Ariza Paniagua
[ Tolima, Colombia. 1960 ]
Esclavitud / 2009

Entradas populares de este blog

Amar: dar lo que no se tiene a quien no es.

“Amar es dar lo que no se tiene, a quien no es”-Apotegma añejado por Jacques Lacan que a veces no se entiende. Si bien lo hemos dicho muchas veces en esta Blog (siempre que hablamos de Narcisismo, por ejemplo) merece ser abordado una vez más, ya que de esto se trata todo el secreto donde radica “la solución, doctor?” de todo conflicto entre dos sujetos que hablan.
Suena categórico y hasta paradigmático: es que lo es. Si creemos que la letra con sangre no entra (a diferencia de muchos -incluso políticos del Primer Mundo del Capitalismo- que piensan que al fuego hay que responderle con fuego) y si creemos que –aunque suene romanticón o naif- el amor es la única cura posible para la neurosis (que no tiene cura); entonces es claro que suene un apotegma riguroso.
El adagio de esa singular frase se debe descomponer así:
1)Amar es dar.  Es decir: entregar, ceder.  ¿Qué cosa? 2)Lo que no se tiene. Es decir: la falta. Es decir: lo que Lacan bautizó como el objeto-a: un objeto que no existe porque…

Sartre / El Salto del Sujeto.

Nietzsche sabía que la esperanza es la mayor causa de la infelicidad. El Buda –a diferencia de la máxima Cristiana: “Espera el mañana, allí vivirás un mundo mejor”-  también promulgó el mismo apotegma Nietzschiano: “Abandona la esperanza, abandona el deseo, y entonces vivirás el aquí y ahora.”  Jacques Lacan identificó a la esperanza como “las mañanas que cantan” y dijo haber tenido noticia de cómo en su nombre muchos sujetos se dirigían al suicidio. La cuestión es que la esperanza –y su padre: el deseo- es un problema del sujeto inmerso en el lenguaje. El problema es del lenguaje. Gracias al lenguaje amamos, deseamos, tenemos esperanza; pero sólo por el lenguaje –y a diferencia del animal- somos esclavos de ello mismo. Es decir: no tenemos un deseo; el deseo nos tiene. Hay un deseo al que se le supone un Sujeto. El Sujeto está atrapado –dominado- por el deseo que lo constituyó como tal.
En estos tiempos donde nos venden buzones de todos los colores -buzones que hemos comprado desde la…

la pèrdida en el horizonte

- - - - ¿Se acuerda de aquel libro de Vinicius de Moraes, Para vivir un gran amor? ¿Qué necesita uno para vivir un gran amor?
.
—Lo primero es animarse a correr el riesgo. Lo que yo observo en el consultorio, como una de las grandes barreras para el amor, es el temor de la mayoría de los humanos a correr el riesgo de la pérdida. Toda relación de amor presupone que alguno de los dos va a perder al otro. El otro puede morir o dejar de querernos. No hay ningún amor que no tenga en el horizonte la pérdida. Y hay que animarse a tolerar esa posibilidad. Mucha gente, porque no se anima a perder, vive perdiendo. Quiero decir: dan por perdido el amor antes de haberlo vivido. Eso es mucho más relevante, numéricamente, de lo que se supone. Inclusive, hay mucha gente a la que usted ve en pareja, casados o no, y sabe que ya no se aman. Uno los escucha hablar y se da cuenta de que no se animan a disolver su pareja y a armar otra nueva porque ya han dado por perdido el amor. Y han dado por perdido el amor…

Seguidores