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Arte y Psicoanálisis. Pablo Picasso.








Pablo, Diego, José, Francisco de Paula, Juan Nepomuceno, María de los Remedios, Crispín, Crispiniano de la Santísima Trinidad Ruiz Picasso. Estos son los nombres que recibe el hijo del profesor de dibujo y pintor José Ruiz Blasco y de doña María Picasso López.

Su tío Salvador fue el médico que lo trajo al mundo. "En el momento del alumbramiento se supuso de Picasso que había nacido muerto, hasta que su tío le lanzó a la cara humo del puro que estaba fumando", relata Josep Palau Y Fabre .

En homenaje a su otro tío Pablo, canónigo de la catedral muerto hacía tres años, recibió su primer nombre de pila.

Tuvo dos hermanas: Lola y Concepción. Dos primas, su abuela Inés y dos tías que, sumadas a la madre y a la criada, formaban un grupo femenino poderoso en el hogar de los Ruiz.
Vivían modestamente de los dos sueldos que el padre aportaba como profesor de dibujo y conservador del museo provincial.

La familia decidió mudarse a La Coruña por la precariedad económica que padecía, Picasso tenía diez años y permanecen allí hasta los trece años y medio del mismo, en que van a vivir a Barcelona.

Nos dice Palau I Fabre: "La infancia de Picasso estuvo profundamente condicionada por el estado psicológico de su padre. Este, que cuenta cincuenta y cuatro años en aquel momento (el de su primer traslado), se siente derrotado por la vida. Tal vez habría deseado ser un gran pintor y es un simple profesor de dibujo y un pintor académico muy mediano. Tiene que sostener un hogar con muchas bocas que alimentar. Está a menudo enfermo.

Lo cierto es que un buen día don José, que permitía terminar sus cuadros de palomas a su hijo, -tema al que era aficionado- entregó a éste, a fines de 1894 o a principio de 1895, su paleta, sus pinturas y pinceles y no volvió a pintar más. Pablo tenía trece años". Picasso relata así a Geneviève Laporte este acto del padre: "Un día mi padre me dió su paleta y sus pinceles. De momento, no entendía por qué. Yo era muy joven. Me alegré y basta... Mucho después comprendí todo el alcance de su gesto."




Era un gesto propiciatorio en tanto acto de reconocimiento al genio del hijo, al mismo tiempo conflictivo, puesto que era la aceptación del fracaso de su sueño personal como pintor. Es un padre que delega en el hijo el logro de su deseo. No es lo mismo compartir por amor el objeto del deseo: mirada, pintura, querer que su hijo continúe lo que él comenzó, a fijar la mirada, quizá plena de expectativas en el hijo. Convergen también en Picasso los deseos y esperanzas de plenitud materna. Ninguno de los padres remite al otro de la pareja. Las miradas están puestas sobre él y Picasso queda atrapado en ésta ilusión de completud y goce de los padres. Goce entonces del Otro, no de él por ahora. En La Coruña Picasso conoce el primer amor y también la muerte. Su hermana Concepción muere de difteria a los ocho años cuando Pablo tenía trece (edad clave para él).

El padre organiza -antes de partir a Barcelona- la primera exposición de pinturas de su hijo. Se exponen allí: "Hombre con boina", "Viejo Gallego", "El mendigo de la gorra", "La muchacha de los pies descalzos" y "Escena campestre". En este último cuadro ya empieza a ir en desacuerdo, por el uso del color, con los conceptos académicos imperantes en su época. Ningún pintor hizo antes de los trece años una obra comparable. A partir de los quince años comienza a vivir y a viajar solo independizándose de la familia, aunque no en el aspecto económico.

"Su padre, afecto a un concepto de pintor próximo a la corte, a la curia o al Estado, concibe al artista ganando medallas, recibiendo encargos oficiales o trabajando como copista de museo" . El ideal del padre era el "pintor de pintores", Velázquez.

Concluyo esta breve reseña señalando que, allí donde el deseo del padre lo lleva a pintar palomas, hay un sueño del adolescente, sueño que se repite una y otra vez provocándole intranquilidad y temor: sueña que es un águila en pleno vuelo. Palomas el padre, águila el hijo.

El espacio donde aplicamos nuestra búsqueda creado por Freud con el nombre de psicoanálisis surge, a mi entender, de estas fuentes: la ciencia, la clínica, el arte y el amor.




El psicoanalista trabaja en una relación de amor transferencial. Desde esos riquísimos orígenes Freud plantea la sublimación.

Sublimación, uno de los destinos de la pulsión más allá del cuerpo, es un concepto límite entre el psicoanálisis y la creación. La obra de arte nos plantea interrogantes y quizás, al que la sepa leer, le de respuestas. Lacan, en el seminario Le sinthòme le asigna al proceso creador del objeto, una función nodal estructurante del ser del sujeto. En el orden de los tres registros: Simbólico, Imaginario y Real articulados teóricamente por él, la obra de un creador los anuda dejando caer un objeto en lo real, el objeto de arte. Cumple, por tanto, una función fundamentalmente liberadora. Libera al sujeto del goce del Otro y le brinda su propio goce, único y fugaz. La génesis de la obra es simultáneamente la del sujeto deseante.

En arte "...lo que se busca no es la forma sino la función", dice Paul Klee .

Comparto con otros psicoanalistas que trabajan el problema de las psicosis (me parece interesante el trabajo de Cristine Le Boulengé D'une nomination ) que, siguiendo al maestro francés Jacques Lacan, dice que "hacerse un nombre" a través de una obra puede suplir una carencia o forclusión del significante Nombre del Padre, es decir carencia o ausencia en su función nominante y, al mismo tiempo, determina un estar en el mundo y no solo en un mundo delirante. Es vital la función de reconocimiento que luego retomaré.

La función del arte parece estar ligada esencialmente al goce: intenta, y a veces logra (reconocimiento de los otros mediante), liberar a un sujeto de su cautiverio en las redes del goce del Otro.

En Picasso hay fuerte marca de un padre débil, fallido en su función, que fracasa al ceder en su deseo y fija al hijo a "hacer" lo que él declina en el campo de la mirada, de la pintura.

Lacan llama a ésto père-version, porque indica el aspecto perverso del amor del padre. Por homofonía en francés y castellano: perversión, esa especial manera del padre real que en vez de remitirse a su pareja y a él mismo para el logro de su goce, exige del hijo, bajo la forma de un inconsciente mandato superyoico, que este se lo brinde, que sea su objeto.
Versión contonces del padre hacia el hijo.

Sinthòme es acto creador de una obra y del ser del sujeto. Es suplir en la estructura, en lo real de la vida la función paterna: nominarse (a veces crear el nombre y hacerlo reconocer), mostrar -brindando a otros y brindándose- la posibilidad de reconocimiento del mundo cultural, y repetir éste movimiento una y otra vez. La estructura exige la repetición del acto.

El goce en esta realización del sujeto es similar al goce del místico en su unión con Dios y al goce femenino. Es relación de la falta del sujeto con la falta del Otro. Misterioso goce que surge de dos vacíos que se recubren. Lacan dice: relación al Significante de la falta en el Otro, S (A).

El creador deja trazos, marcas en los lienzos, en el mármol, en la piedra, en el papel. Sus huellas son inconfundibles: es el estilo, trazas del objeto causa de su deseo y de él mismo como sujeto.



Lacan dice en el seminario Le sinthòme: "Su arte suplió su débil sostén fálico y siempre es así" . Yo siento emoción estética (y también sufro) allí donde alguien suple con su arte su "débil sostén fálico". Creo que es como esas fallas en la roca (¿de la castración?) que permiten encontrar hermosas y riquísimas vetas de minerales preciosos.
Si lo sublime fue mencionado en relación a la sublimación es en tanto la obra es acto de amor...al padre en su carencia o debilidad.

EL ARTISTA Y EL PADRE, SU VERSIÓN: SUBVERSIÓN.

En el tercer tiempo del Edipo descripto por Lacan el amor al padre hace que el hijo varón se identifique con él y tome sus emblemas como propios. Esta identificación al padre es desencadenante del final del Complejo de Edipo y le permite devenir el padre.

Tomamos entonces ahora la versión del hijo hacia el padre. El artista es tal si va más allá que el padre. Esto nada tiene que ver con el valor estético de su obra o su éxito. Sólo con suplir la función paterna, saber-hacerse, nominarse y lograr o intentar al menos el reconocimiento cultural y de sus semejantes con la muestra de lo producido.

Esto se juega a nivel estructural: en lo simbólico a nivel de sus marcas significantes, en lo real de su capacidad creadora original puesta en acto en el objeto que crea, en el despliegue imaginario, fantasmático y en su nombre propio. No sólo debe matar al padre (simbolizado por todo el mundo del arte que le precedió y del cual recibió sus marcas) sino que la travesía hasta sus orígenes atravesando sus sombras, darán la dimensión de originalidad y de verdad a su trabajo.

La versión hacia el padre en el artista toma el carácter de subversión simbólica, de revolución con el arte de su época, con las normas y cánones plásticos existentes y en la instauración de su propia estructura. Al crear, subvierte supliendo la función paterna y limita el goce del Otro.

La creatividad implica la destrucción de lo establecido en el campo del Otro (Picasso es la pintura moderna en oposición al academicismo) para crear a partir del vacío. Se intenta crear desde el vacío puesto que se intenta perder y destruír todo: el objeto y las leyes del arte y esto se repite con cada obra.

Picasso dice: "Estoy lleno de contradicciones...al tiempo que me gusta lo que me pertenece, ¡siento unas ganas locas de destruírlo...! . Es más, lo destruye y luego hace "composiciones" plásticas nuevas.

Picasso crea desde el vacío, también creado por él. En su lucha, triunfa al lograr su propia mirada y visión del mundo. En el cubismo analítico (Braque lo acompaña) y luego en el sintético y en la abstracción, Picasso hace una ruptura del objeto, luego, a través de su creatividad "subversiva" desea pintar desde todos los puntos de vista, destruye también el concepto de que lo bello está sólo en la belleza (¿en cuál, puesto que cada época tiene sus normas sobre la misma?, logra mostrar lo "bello" de lo "feo". Utiliza colores de bajas tonalidades en pleno período académico o hace luego cuadros monocromáticos o en blanco y negro como el "Guernica". Rompe la continuidad de las líneas en los dibujos o realiza un dibujo completo a mano alzada. Hace estallar las formas, usa desechos para hacer esculturas o descubre la técnica del collage y del grabado en color en linoleum. Cambia la visión estética del mundo.

Hizo cosas jamás vistas.
Recordemos a Jean Dubuffet cuando destaca "...el desafío esencial a la autoridad inherente a toda obra de arte". Es más que desafío a la autoridad, en Picasso como en todo creador es suplir, terminar en su estructura el trazo del padre casi como, cuando era niño, concluía sus cuadros de palomas.

LA MADRE MIRA, EL PADRE NOMBRA

Nosotros los chiflados gozamos así
y todo de los ojos, ¿no es cierto?
¿Ah, y qué goce de los ojos...!
Vincent Van Gogh

La mirada constituyente del Estadio del espejo, mirada de amor, queda como objeto privilegiado en las artes plásticas.

Mirada encontrada en el campo del Otro Primordial, la madre, soporte del deseo y también cautiverio, si el padre no separó al hijo de la identificación a ese objeto. La mirada del artista en el acto creador busca la verdad a nivel de la pulsión escópica. La verdad inalcanzable, la del deseo del Otro, representada en la angustiante pregunta: ¿Che vuoi? ¿Qué desea el Otro de mí?

La mirada es el lugar de encuentro del hecho estético. El artista crea su mirada, su modo de ver, y los rasgos singulares de ese "modo", que inscriben en el objeto de arte. Objeto que, para seguir su destino, el creador debe mostrar en la exposición. La función de mostración es una función femenina (recordemos la enseñanza de Freud acerca de la función femenina de mostración de la falta), función que encontramos en el creador y que indica también, un cambio de posición subjetiva en relación al Otro, ya que asume en la creación una posición femenina, abandonando la suya, de ahí el nombre de ex-posición. Así, llamamos muestra o exposición a ese momento primero de desprendimiento del objeto e inserción en la cultura.

El objeto de arte obliga a descansar la mirada y llama al goce del ojo. En noviembre de 1971, Picasso había cumplido noventa años, realiza el cuadro "Viejo sentado con sombrero" donde se ve a sí mismo como un pintor manco. Recordemos el "Viejo con gorra" de sus primeras obras y el retrato que hace a Renoir en 1919. El 30 de junio de 1972 hizo su último autorretrato donde él, famoso por sus ojos de "águila" se atreve a mirar el vacío. Enfrentado a la muerte, la innombrable en su presencia, su pintura la muestra en el colmo de la angustia.

LA FIRMA Y EL NOMBRE

"Mi firma es como un dibujo. La invento cada vez. No hay dos veces que se repita. Y además no podría", dice Picasso.

Sabemos bien que todo dibujo es para él un ser vivo, cada trazo tiene energía y
movimientos propios que expresan toda la gama de las emociones, todo lo que lo dibujado es. La firma es más que un dibujo, es marca pasible de fonematización, es decir de escritura y lectura. Es del orden de la letra no sólo de la imagen, y tiene como función diferenciar y distinguir.

La firma de Picasso en su recorrido desde sus primeras obras infantiles hasta las últimas realizadas poco antes de morir -si es que en realidad murió- va presentándonos un proceso creador de su nombre y testimonia esa transmutación.

La firma de sus trabajos de los ocho a los diez años es Pablo Ruiz; P. Ruiz y Pablo Ruiz Picasso. Desde esos trabajos realizados en Málaga o en La Coruña hasta llegar a su primera muestra organizada por él en Els Quatre Gats en Barcelona en 1897 y hasta 1899 es P. R. Picasso (privilegia el apellido materno). En 1900 surge una leve modificación: P. Ruiz Picasso. Llama la atención que, en un trabajo realizado en tinta y lápiz (lo llamó "Woman with Furs"), firma Picasso y sobre su firma y en un círculo a la manera de un cartouche, escribe Ruiz con otro tipo de letra. Finalmente en la primavera de 1901 en el autorretrato llamado "Yo Picasso" define su firma.




El apellido paterno Ruiz y su nombre comienzan a perderse, casi como cuando comienza un trabajo figurativo y va llegando a la esencia del objeto hasta que de él queda solo un trazo que lo identifica y diferencia: entre octubre de 1900 en que envía el cuadro "Los últimos suspiros" a la Exposición Universal de París (fecha en que cumple diecinueve años) y noviembre de 1900, su apellido y su nombre comienzan a desaparecer. Después veremos algunas cosas que le suceden en este momento. A partir de enero de 1901 aparece por primera vez sólo el apellido materno Picasso ya como significante del pintor cuya obra, "elevada a la dignidad del objeto", será universalmente reconocida.

Hacerse un nombre es "hacerse", es decir surgir como sujeto deseante; crearse el nombre, y hacerlo reconocer. En éste último aspecto puedo entender mejor por qué Platón castiga al creador con el ostracismo: le impide el reconocimiento, momento del logro no sólo del goce de la creación, sino momento lógico de anudamiento estructurante en el artista. No olvidemos el trágico desenlace de Van Gogh al no obtenerlo.

Menciono rápidamente algunos acontecimientos en la vida de Picasso entre su diecinueve y veinte años en que crea su nombre: se independiza de su familia, realiza su primer viaje a París y vende allí algunos cuadros consiguiendo su primer marchand, es decir, alguien que lo reconoce como pintor profesional.

Su amigo Casagemas se suicida. Veremos como aparece el terrible impacto de esto en los cuadros "El muerto" y "El entierro de Casagemas" (cuadros que Picasso retuvo para sí y surgieron a la luz sólo después de su muerte).

Sufre una desilusión amorosa. Comienza el "Período azul", con tendencia a lo monocromático y que, por el contenido literario y altamente sentimental, nos hace pensar en un momento de duelo, es decir, de pérdidas y reordenamiento significante. Allí aparece la falta como falta imaginaria, como privación: la soledad, la miseria, el desamparo. Los mendigos y guitarristas ciegos y el retrato de "La Celestina o la tuerta", "Viejo judío" y el autorretrato que titula "Yo Picasso". En este autorretrato se lo ve con la ropa y atributos de pintor. Creo es el momento en que define su destino de artista más allá del padre. Es sólo Picasso. Cuando yo me pregunto si Picasso murió es porque su presencia, la de sus trazos está en cada una de sus obras (sus sobras, sus deshechos transformados en hecho estético) y su nombre es una de sus creaciones.

"Toda su vida es una lucha contra la muerte" dice Palau I Fabre. Podemos agregar que finalmente demostró que la muerte es más débil que el amor.

¿Qué es toda esta inagotable obra?...esos cuadros, esculturas, grabados, collages, cerámicas, litografías, murales, tintas, dibujos? Un poeta se interroga desde el lugar de la creación. Dice Borges:

"¿Soy yo esas cosas y las otras
o son llaves secretas y arduas álgebras
de lo que no sabremos nunca?"


Lacan "contesta" en Las formaciones del inconsciente refiriéndose a un final de análisis: "Ésto eres tú." Pero el creador, de eso, nada sabe.

Viviana Dreidemie
"Yo Picasso"
-LA PENÚLTIMA VERSIÓN DE LA REALIDAD-
El artista nos da siempre "La penúltima versión de la realidad"
Publicado en las "Actas de la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis"
Mar del Plata, 1989.
ARTES VISUALES:
Pablo Picasso
[ Málaga, 1881 / Mougins, 1973 ]

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