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Goce y Estética : La línea es la que desea.









Tener un hijo es reconocerse como estando fuera de uno mismo, pero ese "fuera" es, a su vez, alguien. Volvemos a enfrentarnos a la cuestión del sufrimiento dentro del goce, aunque el sufrimiento sigue siendo puntual; pues el hijo es, en esencia, el que se va, del mismo modo que el placer es, en esencia, lo que se escapa. Pero el hijo que se ha ido adquiere entidad propia, y eso nos complace. El hijo representaría esa alteridad encarnada, ese "otro" que es real pero que habría tenido su origen en el deseo de gozar, y que se habría llevado el goce consigo...


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Matisse decía que siempre hay que obedecer al deseo de la línea. La línea es la que desea, y no el señor Matisse. Una línea, una sonoridad, una melodía, el colorido de un ritmo..., eso es lo que te atrapa. El pintor Hantaï insistía en el hecho de que el artista -él, en este caso- no era nada en absoluto; se ponía a cuatro patas y esparcía su pintura. Un día le dije que yo también podría hacer lo mismo. "¡Ah, no! ¡No, no!" Me respondió. "Pero, por qué no? -¡Pues porque esto soy yo!". ¿Lo encuentra paradójico? A mí no me lo parece, porque el artista es el único que interviene en su trabajo, el mínimo gesto es su gesto, y esto no tiene nada de "subjetivo". De modo que lo que tiene en común el goce sexual y el gesto estético es la extraordinaria singularidad que aporta el individuo, y un algo que sobrepasa dicha singularidad y la traslada a otro espacio. Pero la gran diferencia entre los dos consiste en que el goce estético engendra una obra que es mas comparable a un hijo que el goce sexual, en la medida en que se produce algo exterior a si mismo.


(...)
La paleta de un pintor expresa su relación rítmica con los colores. Pero el color tiene una cualidad muy particular: es una forma que necesita otra cosa, además de si misma, para existir. Para poder distinguir un color de otro, tiene que haber una ruptura, lo que es el dibujo en el sentido más amplio, es decir, la línea, sea o no voluntaria; de lo contrario, no existiría ningún color mas que en forma de mezcla. (..) El color necesita la línea para tener entidad. (...) Solo en ese sentido se puede entender el color como una exuberancia, un goce de la cosa. Esto es valido también para los colores suaves. En griego, el primer significado de chroma es el de tez, el matiz del color de la piel; y color, en latín, designa aquello que recubre para diferenciar, en contraste con corpus. Es una distinción, una forma de descartar.


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Lo que se invierte, con el cristianismo, es la entrada de [esos] placeres en el orden moral, a través de la condena que se hace de ellos en nombre de un peligro: la muere sin resurrección. Pero es como si ese mismo gesto fuera el que nos permitiese llegar al verdadero núcleo del goce. El punto de exceso, que es inherente al goce, es a la vez extático y peligroso. Si privamos al goce de la dimensión alegre y placentera, lo que queda es algo que hace temblar. Un temblor, una sacudida, de los que no se libra ni el personaje del amante en el Fedro de Platón. La realidad del goce es la de un espasmo que sobreviene una vez alcanzado un límite, bajo forma de contracción y de explosión. Pero, para acabar, no se puede evitar la turbación que acompaña al temblor, ni ignorar el umbral del pudor.

Jean-Luc Nancy
[ Burdeos, 1940 ]
Extracto de su Texto:
El goce
Jean-Luc Nancy / Adèle Van Reeth
Pasos Perdidos, Madrid. 2015
Arte:
Simon Hantaï
[ Bia, Hungría, 1922 / Paris, 2008 ]

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