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Lacan y los pintores. Goce estético.







El arte nos recuerda que el mundo en que vivimos es producto del olvido, se sostiene por olvidar el vacío que es el centro mismo de nuestro ser. El objeto de arte es el umbral de otro mundo, siempre enigmático e inquietante, que se abre en el corazón de ese mundo cotidiano.  Tal vez por ello, cierta vez Picasso dijo: "No quiero que nadie se duerma delante de mis cuadros suspirando de beatitud. El arte jamás es casto".
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El objeto desprendiéndose de la Cosa permite que se articule la función de la causa, que si opera suficientemente transforma en búsqueda la falta original. La relación del objeto con la Cosa pasa a ser un tema central vinculado al goce estético.  Lacan vincula la sublimación a la Cosa, dándole al psicoanálisis la posibilidad de pensar de otro modo la creación artística. Precisa que el objeto del arte remite a la Cosa que esta mas allá de él, que participa tanto para delimitarla, para presentificarla, como para ausentarla.
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En el objeto de arte, producto de la sublimación, se encuentra un proceso totalmente diferente, ya que él no empuja al taponamiento del agujero, sino al recorrido por su borde, no pretendiendo colmar sino sostener la falta; velando, pero también evocando lo real. Dicho objeto puede concebirse, entonces, como presencia que invita a buscar su mas allá, un velo que no tiende a hacerse fetiche.  Un agujero se constituye por una consistencia que lo soporta, el ejemplo clásico que da Lacan es el del alfarero construyendo la paredes de la vasija, que son la consistencia que hace de borde para dar existencia al agujero. Así, este es tanto la causa como el efecto de la vasija; tanto lo que impulsa al hombre a construir como lo que reproduce construyendo.  En la sublimación, todos los hombres son un poco ese alfarero que amasa el símbolo para elevarse de las necesidades básicas y usos primitivos, de la carne animal que también son.
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Esa lógica del significante y del goce fálico que le es inherente, permiten eludir la actualización de la Castración. La neurosis  paga con gusto el costo de quedar limitada a un goce "ideotizante", de hundirse en el aburrimiento para evitar la angustia. Pero es un dato clínico que cuando el sujeto queda demasiado eclipsado, cuando es excesivo el ronroneo erótico de ritmos y palabras, necesita un corte, una interrupción que lo lleve en dirección contraria, hacia el vacío original, como modo de despertar y recuperar algo (dicho vacío) que es esencial para los seres hablantes. También es cierto que cuando eso sucede, el sujeto se encuentra amenazado por la angustia, porque ese acercamiento remite a los puntos estructurales en que el orden significante no puede evitar el acoso de la Cosa, no puede asegurar la delimitación de una demanda que amenaza con capturarlo. En definitiva, dejarse adormecer por el sentido lleva al aburrimiento, pero despertarse lleva a la angustia, por lo que las neurosis sostienen la alternancia de ambas.
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En el creador, una ausencia radical devino causa, deseo no de falo (aunque no sea sin falo), que la busca y no se detiene por reencontrarla, goce sublimatorio que la recrea donando luego como mensaje su practica de vaciamiento, como dice Marguerite Duras: "La soledad no se encuentra, se hace". El creador da así lo que no tiene, anudando en él el amor, el deseo y el goce en torno a un agujero central. Él no es el padre de su obra, pues cuando firma, mas que nombrarla es nombrado por ella, que le da su nuevo nombre (...) Así, todo creador es hijo de su propio acto.
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Finalizo con el decir del poeta a propósito de ese doble aspecto del objeto. Roberto Juarroz dice: "Debajo de cada color hay un vacío. Cada color será el comienzo de un abismo o solo su superficie soportable".

Osvaldo Couso
Extracto de su conferencia:
El goce estético
Incluida en la compilación editorial:
Jacques Lacan y los pintores.
EFBA, Buenos Aires, 2014.
ARTISTAS PLÁSTICOS:

Joseph Turner
lluvia vapor y velocidad, 1844.
Andrea Mantegna
lamentación sobre el Cristo muerto, 1480/90.
Henri Matisse
la danza, 1909.
Salvador Dalí
el enigma del deseo, 1929.

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