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Sacerdocio contra natura.







En el clero se vive la sexualidad como un espacio complejo, de tabú, de rechazo. De nuestra sexualidad no se habla. Es algo que debés tomar como si no fuera parte de vos. Entonces no hablamos de nuestra sexualidad. Pero todo el tiempo hacemos bromas. Es una manera de defendernos, de tocar siempre el tema sin abordarlo realmente. La sexualidad es parte de tu identidad personal y no importa si hay actos sexuales o no. Uno debe vivir la propia sexualidad en paz, en armonía. Somos corporales, no somos ángeles. La vida está marcada por cómo uno vive su sexualidad. Pero en la Iglesia existe sólo la heterosexualidad. Cualquier otra es vista como una desviación. Se la ha llamado de diversas formas: desde pecado hasta delito, desde enfermedad hasta desviación contra natura. La sexualidad en la mentalidad católica siempre fue algo no bueno, algo que se debía esconder. Tardamos muchos siglos en comprender que la sexualidad no sirve solamente para procrear. Sirve también para expresar amor.

¿Está en contra del celibato?

Los que elegimos el clero no hemos elegido el celibato sino que se nos ha impuesto una vida asexual sobre la cual la ciencia moderna tiene muchísimas dudas. Hoy, a la luz de la psicología y la antropología modernas, llevar una vida asexuada por obligación no es sano. El celibato es sano si es opcional. La Iglesia debe empezar a reflexionar sobre esta imposición. Hice muchísimos esfuerzos por entender las razones de la Iglesia para imponer el celibato. Y en un cierto momento me di cuenta de que corresponde a algo irracional. Los apóstoles de Jesús no eran célibes y muchos obispos en la Iglesia primitiva tenían mujeres. Pablo dice que hay que elegir por obispo a quien tenga una mujer y le sea fiel. ¿Sabés por qué? Porque si es un hombre maduro con mujer e hijos, y además sabe administrar su familia y su casa, será un buen obispo.

¿Cuándo se dio cuenta de que era homosexual?

Siempre lo supe. Y lo escondí y me odié. En la Iglesia, un homosexual debe encerrar su sexualidad dentro de sí mismo, debe odiar la propia identidad. Este es el sentimiento que se infunde. No importa tanto si has cometido actos homosexuales o no. En el clero somos especialistas en homofobia interiorizada, que es aquélla que del odio a uno mismo nos lleva a odiar a las personas semejantes a nosotros. Viví en el Vaticano qué significa discutir sobre la homosexualidad. No es informarse sino ridiculizar y desacreditar con estereotipos a la comunidad gay.

Si siempre tuvo claro cuál era su orientación sexual, ¿qué lo llevó a confesarlo recién ahora?

Me llevó mi tiempo. Formé parte durante doce años de la Congregación para la Doctrina de la Fe, una de las oficinas más importantes del Vaticano y, al mismo tiempo, la principal agencia homófoba de la Iglesia. El coming out tiene tres fases: la más dolorosa, que es delante de uno mismo; luego la confesión a las personas queridas y a los amigos; y por último, decirlo a la luz del sol. El último envión fue el amor de mi pareja, ese amor que la Iglesia Católica desprecia, humilla y condena. Imaginate: los documentos de la Congregación llaman “inhumano” al amor homosexual. He hecho lo que aprendí de Jesús: el testimonio. Di mi testimonio. Soy gay y soy un buen cura. He trabajado durante años para la Iglesia, intenté comprender sus razones, me esforcé en obedecer todas su reglas durante la mayor parte de mi vida. Y ahora le debo decir: soy gay, estoy feliz, me siento orgulloso de mi identidad y exijo que mi Iglesia abra los ojos a la realidad.

(...)

¿Cree que si Francisco hubiera podido decidir sobre su situación sin el contexto y las presiones del Vaticano su destino habría sido diferente?

Sin duda. El papa Francisco es una esperanza para las personas homosexuales. Francisco es revolucionario. Es el primer papa que ha utilizado la palabra “estigmatización” y le empezó a hablar a esta mentalidad católica que está muy afuera del Vaticano. Monseñor Piero Marini, que fue ceremonial del papa Juan Pablo II, fue la primera persona que Francisco recibió en audiencia privada. Luego de verlo, Marini dijo: “Con el papa Francisco hemos empezado a vivir. Es como salir de una oscuridad. Tenemos de nuevo derecho a discutir, a hablar claramente”. El problema del Vaticano es que este rechazo a la apertura que propone el papa Francisco no es racional. La Congregación para la Doctrina de la Fe debería estudiar los temas de manera científica, pero el rechazo es casi ideológico. Por eso yo sufría ahí. Tenía que estudiar cosas a escondidas porque, de lo contrario, estaba sospechado. El problema del Vaticano es que no tenemos ninguna comisión interdisciplinaria.

Usted hizo su confesión un día antes de la inauguración del Sínodo sobre la Familia impulsado por el Papa. ¿Cómo evalúa sus resultados?

Eso fue también parte de mi denuncia. He visto cómo día tras día se boicoteaba la propuesta de Sínodo del papa Francisco. La Congregación para la Doctrina de la Fe no ha promovido ningún estudio serio que el Papa ha pedido. No hemos tratado seriamente la voluntad de nuestro jefe, que es el Papa. La Congregación ha hecho una auténtica guerra contra el divorcio sin un verdadero estudio, que era lo que el Papa había pedido que hiciéramos. Francisco quiere que empecemos a estudiar, a pensar sobre la familia, la sexualidad, el matrimonio. El Sínodo ha dicho la verdad sobre la Iglesia Católica, que actualmente es paranoica, irracional y promotora del odio homofóbico en un mundo donde justamente la homofobia se ha transformado en algo punible para las leyes de muchos estados. La Congregación es la vieja Inquisición que se ocupa de la defensa de la verdadera fe, de la doctrina de la Iglesia. Es la responsable de la defensa delante de las herejías.

(…)

¿Cuánto tiempo hace que Eduard y usted están juntos?

El suficiente como para comprender que entre nosotros hay un profundo amor y ese amor me ha convertido en mejor cura.
  
Krzysztof Charamsa
[ Polonia, 1972 ]
Extracto de la Entrevista de Marina Artusa
Para Revista Viva. Buenos Aires, 22/XI/15

Arte:
Paul Delvaux
[ Bélgica, 1897 / 1994 ]

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