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Afán de control y Miedo a la pérdida: hermanos de la neurosis.










Sólo eres libre, cuando no tienes nada que perder.
Gao Xingjian
[ China, 1940 ]

La castración es eso: perder para ganar.
Jacques Lacan
[ Paris, 1901 / 1981 ]



Si algo caracteriza al neurótico, es que no quiere perder. Y cuanto menos quiere perder y más hace para no perder, más se acerca a la perversión, haciéndose instrumento del goce del Otro; renegando su falta. En su obsesivo afán de controlarlo todo, incluso hasta de detener el tiempo (es decir: la finitud), el neurótico se encomienda a un Otro no castrado que sea Garantía de eternidad, de un futuro sin pérdida, sin falta, sin agujero; es decir: sin lenguaje. Donde el olvido, el lapsus o el dolor, sean meros resabios de un pasado terrenal, donde se pueda -en definitiva- vivir sin un cuerpo; sólo con un alma exenta e inmune a toda congoja, a toda angustia, y a todo goce. Veamos:


El analizante trae hace unas cuantas sesiones la siguiente problemática: Se enamoró de otro sujeto, de su mismo sexo, que incursionaba en el alcohol y la droga con cierta frecuencia. A razón de esto y de permanentes discusiones entre ambos, donde la pregnancia imaginaria ganaba siempre (y por tanto, ninguno quería tenerla más chica), se separan. No pudiendo resignarse a estar sin él, el analizante "lo va a buscar" al boliche que sabe su ex irá ese día. Se reencuentran y regresan juntos. Hay un cambio de discurso en su ex: después de estos meses separados, parece que ha dejado las drogas porque ha ingresado a una comunidad evangélica. Con un detalle: como su deseo es deseo por un sujeto de su mismo sexo, lo aparten momentáneamente, en un eufemismo protocolar denominado "inactividad" y lo hacen esperar -a modo de penitencia y de desintoxicación- para que pueda encarrilarse en los ideales esperables de un Cristiano. El analizante por un lado está tranquilo porque en este retorno, hace ya semanas, su pareja es "un dulce total" pero por otro lado debe ir anclando en otro puerto: dentro de seis meses máximo será un evangelista "activo" y deberá alejarse de cualquier deseo fuera de cánon, y "líbranos del mal, amén". Ser evangelista y gay son dos actos incompatibles.

Ahora bien. Qué ocurre? Varias cosas. El analizante ya sabe que “no hay futuro” en este vínculo: sabe que deberá alejarse. Lo que quizás aún no quiso saber, es que su actual pareja –futuro evangelista purificado- ya se ha alejado desde el momento que ha elegido otro Significante que lo represente.  Por un lado tenemos el obvio mecanismo de instrumentarse al Otro para pedir su Salvoconducto: "esto no puede ser todo lo que hay en la vida, tiene que haber un más allá y el camino de ese mas allá es este"- digamos. Es decir: no me banco la finitud, la religión me sirve para tapar mi herida, y así su ruta. Me instrumento, entonces, como objeto del goce del Otro y me encomiendo a Él: "serás el gran amor de mi vida, pero más amo a mi Dios"- Todo muy de una lógica neurótica, porque todo se termina (incluso el amor) pero Dios -y la vida encomendada a Él- es infinito. El Otro sin barrar: el Eterno, el que todo lo puede. (Hace semanas este sujeto llego a decirle que él (el analizante) era perfecto: vemos como hay una renegación constante de la falta. La necesidad de que todo sea perfecto en un mundo Ideal sin fisuras.)

Pero vayamos al analizante. Viene de relaciones lábiles, donde parece ser que la finitud es moneda más corriente que lo habitual y donde suele quedar atrapado como ratón en su laberinto: atrapado por un goce que lo mortifica. Últimamente, y a raíz también de esta imposibilidad de competir con Dios, queda un poco desilusionado de "la poesía" de la vida, como la llama varias veces en la última sesión. Es decir: su posición subjetiva que se había falicizado narcísicamente en su pareja, cae contundentemente. Además el mundo gay es un desastre, hay mucha infidelidad, y así su ruta. Aparte: "con los padres que tuve que no pudieron tener una relación estable sin tanto conflicto, ¿qué querés?" Le recuerdo que está sentado frente a un analista, justamente, para atravesar ese fantasma de "y con los padres que tuve..." Y tras cartón dice: "tuve un sueño"-  Sueña que está junto a sus dos primas y que de pronto hay un gato que se va a comer a un ratón, y aparece mucha sangre, elemento que a él lo golpea con asco, y despierta.



Como sabemos desde Freud, detrás del asco (del vómito histérico) se juega un deseo. Para decirlo con mayor exactitud: el asco, el vómito, es ya un fantasma puesto en acto. Y, como también sabemos, el sueño es ya un deseo realizado: se realiza en el sueño lo que en la vida onírica no.  Lo primero que asocia es con gato y ratón: él y su pareja. Y también sus padres. Es prudente aclarar que en las primeras sesiones, el analizante se enojó mucho cuando se le señalizó que en la queja que él traía de una madre sumisa y un padre "fuerte" y castigador, la madre ocupaba una posición de responsabilidad en el vínculo: como sabemos, nadie pone un revolver a nadie en la cabeza, excepto un violador o un ladrón, obvio. Con el correr del análisis, advirtió que era cierto, y que su madre era más "fuerte" de lo que suponía. Es decir: mas fálica que lo que en el imaginario se supone: "pégame, pégame, que vas a ver cuánto y cómo lo soporto"- podríamos decir. No vamos a descubrir ahora que el masoquista -como el depresivo- es harto mas Fálico que sacrificado y que –como nos recordaba Lacan- somos mártir de nuestro inconsciente: sólo nos diferenciamos de la manera de dar testimonio de ello; de allí que coloca sus testículos (su testimonio) en ser el objeto del otro, su instrumento de goce. Ahora, ¿donde coloca su narcisismo nuestro analizante en cuestión? Sigamos con el sueño: "¿y tus dos primas?"- "Una es una pija total, se hace la que puede y sabe y controla todo, una fálica total... La otra es la pobrecita."- Chan! Tenemos entonces el fantasma en cuestión. Agrega, sin necesidad de que pregunte nada: "¿Vos no estarás queriendo señalizar que yo me parezco a mi mama?"- El analizante toma esto como una novedad porque su fantasma, muchas sesiones antes, no le permitió escucharlo, pero muchas veces se lo ha señalizado. Paréntesis: no dejo de sorprenderme –y de ratificar- como la realidad es fantasmática y sólo el fantasma (y con él) se percibe el Mundo. Para no decir, mejor, que todo Mundo es del Fantasma: este mismo analizante entra al consultorio cuando está saliendo otro analizante, un colega analista que él conoce. Y me dice: “Es fulano…”- “Ah sí… La otra sesión también salió cuando vos entrabas… porque cambió de horario.”- “Ah, no lo vi.”- De más está decir que se toparon del mismo modo y hasta se observaron. Pero el fantasma recién lo pudo ver después. Cierro paréntesis y retomo:

Da la casualidad que el analizante, en su supuesto rol de víctima identificado con su Madre, en esta sesión trata de justificar el accionar de su pareja para con Dios; y el hecho inminente del desenlace y que su novio termine por no elegirlo. Dice frases como “Debo aceptar que es así, es por su bien, yo lo amo y debo aceptarlo, no?”- Pero como detrás de todo enunciado hay un sujeto de la enunciación; cada vez que quiere justificar(lo), da la casualidad que se pone disfónico. A lo que le señalo: "¿Vos te das cuenta que cada vez que queres justificar a tu pareja, te pones disfónico? ¿Por qué no aceptas que te da un odio terrible, que te da bien por las pelotas, y que no te lo bancas? Si lo reprimís, haces un síntoma. Quién te crees que sos Teresa de Calcuta, que ni siquiera era Teresa de Calcuta porque tranzó con todos los gobiernos?"- se ríe, acepta su odio, y entonces yo agrego: "Vos me decís que leíste algo que escribí de la guerra. Bueno, te quejas de que tu pareja dejó la droga. No es así. Ahora tiene otra adicción, la iglesia evangélica. Están en la misma posición que antes solo que no discuten. Y solo que ahora tienen que separarse igual porque él elige a Dios y a no a vos. Lo que hace es inmolarse como esos sujetos que leíste en lo que postié. Pero vos tampoco te inmoles. Ponerse de ratón ante el gato y esperar sangre, es lo que hizo tu vieja durante años y años, y de lo que te quejabas. Algo hay que perder, pero hay que aceptar perderlo, aunque te dé repulsión: la sangre es metáfora de esa pérdida; además tiene que ver con algo de lo que te quejaste cuando recién empezabas el análisis: tenés hiv, okey. No sos culpable, pero sí responsable, no sos víctima. No le podés pedir análisis de sangre y dni a cada uno, pero podés cuidarte."- Es decir: el afán por ser el falo se traduce en una posición cuasi-masoquista donde el sujeto -con tal de ser amado, como su Madre- prefiere no perder sin darse cuenta que, de todos modos, sale perdiendo. 



Sí, lo que caracteriza al neurótico es su afán por no querer perder. Pero su engaño radica en que siempre algo está perdiendo. Piensa en lo que gana, pero no en lo que pierde. Veamos otro ejemplo. Esta semana un colega trae a supervisión un caso de una mujer que atiende desde hace tres meses. Esta mujer tiene tres hijos. El mayor esta diagnosticado con una bipolaridad, en tratamiento con otro médico que le administra antipsicóticos. Aclaramos al lector un dato que viene a cuento: los sujetos bipolares tiene un porcentaje importante de probabilidad de suicidarse tanto en la fase maníaca como en la depresiva.

Durante su discurso, el analista en supervisión cuenta que esta mujer quiere "controlarlo todo" y que se está devorando a este hijo porque es "una madre muy fálica." Que de hecho vive con sus otros dos hijos y que quedó viuda hace muchos años. En un momento del control dice que hay una especie de "algo que no se dice" y que trata de preguntarle a su paciente qué puede ser... En ese momento, justamente, le pregunto cuál cree él que es la demanda de la paciente hacia el pedido de análisis; algo que él no enuncia claramente, y entonces dice: "tiene miedo"- "Miedo de qué?"- "Miedo que se mate su hijo bipolar"-  Un ratito después, en mitad de sesión, le pregunto: "y que te dice de su padre?"- Recordemos que el analista está supervisando a una mujer. Mi pregunta apunta por el padre de esta mujer, pero él, fantasma mediante, entiende que le estoy preguntando por el padre del hijo bipolar, es decir: el marido de la mujer en cuestión, ya fallecido. Entonces paro la pelota en este fallido del analista/analizante, porque, como sabemos, se trata de controlar el real del analista y digo: "Evidentemente se te mezcla el caso de tu paciente con el caso del hijo de tu paciente. Por qué? Por qué estás preocupado por el hijo? No serás vos quien tiene miedo a que se mate?"- Hace un silencio y dice: "No será casualidad que cuando venía para acá pensaba que hace exactamente un año y un día que se mató mi otra paciente que supervisamos"- Chan! Otra vez el fantasma de querer controlarlo todo, como su paciente. El fantasma de no aceptar la pérdida. Sí, es cierto: el principal miedo de un analista es que un analizante haga un pasaje al acto, pero lo que acá se trata de escuchar es que no hay analista que no funcione con su neurosis, que por eso se lleva a control un caso, y que lo inconsciente, como en el primer ejemplo, es implacable: Sabe lo que el Yo desconoce. A un año exacto de un acontecimiento significante para este analista, el analista vuelve sobre el mismo punto donde su narcisismo se aloja y obviamente le impide una escucha acorde al psicoanálisis. 

Pero hay una frutilla de la torta: la ex mujer de este analista, con la cual tuvo su única hija, es también psicótica. El analista siempre dice que tuvo que "hacer de padre y madre" y tiene un miedo muy arraigado que este significante “psicótico” (la bipolaridad es una psicosis) remita a “muerte” sine qua non.  Vemos cómo el afán de control (la negación de la muerte/castración) pulula en todo sujeto. Y no sólo el afán de control sino su hermano del alma: el miedo a perder. Miedo que –para la posición del analista- se traduce en colocarse como objeto (como falta) y no como falo. Lo mismo de lo que se quejaba que era su paciente: "una madre muy fálica."- Como él que tuvo que hacer de padre y madre en su vida cotidiana con su hija.




Un caso parecido ocurrió la semana pasada con otra colega que trajo a control a una mujer. En un momento la colega farfulla de mala ganas "Como puede ser, como puede ser..!"- "Como puede ser, qué?"- "Y no cogen nunca..."- Volvemos al mismo punto de querer controlar –en este caso- "el goce" del otro y del siempre compungido furor curandis del que Lacan nos advirtió curarnos para no curar. Señalizo entonces: "Quizás para vos, o para mi, estar en pareja y no coger nunca es una locura, pero para esta mujer no. Ya sabemos que así está gozando como una hija de puta."- 

Es decir: el analista, neurótico per se, tampoco puede castrarse, colocarse de objeto, y aceptar que algo se debe perder no solo para dirigir la cura y escuchar el goce más allá de su Ideal, sino para poder “convivir” con otros neuróticos que plasman, sesión tras sesión, ideales y deseos que no coinciden muchas veces con los nuestros. Igual que en el primer caso: no podemos competir con un Otro que goza al sujeto. En el mejor de los casos, podemos ofrecer una escucha y (a)postar a que algo, más allá del Ideal, caiga, para que el sujeto no se derrumbe y ruede por los sinuosos caminos que la pulsión ha ido construyendo en su travesía. Podemos recordarle que si está perdiendo para perder, sería bueno que pierda para ganar.

Marcelo Augusto Pérez
Hermanados en el afán de no perder.
[ Tres ejemplos clínicos ]
19 - NOV - 2015
ARTE:
Jaroslaw Jasnikowski
[ Legnica, Polonia, 1976 ]

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