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Entrada en análisis & Deseo del analista.










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La entrada en análisis es una sesión analítica especialmente, pero no por la división subjetiva y el sujeto supuesto saber, sino por el deseo del analista que ahí se instaura y se compromete por primera vez. Por ese deseo todas las resistencias y los obstáculos y los cierres posteriores son relativos a esa apertura fundante. Es a ese deseo que no conviene ceder.

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No basta que haya división subjetiva articulada al sujeto supuesto saber, fenómeno estructural. Es preciso adjuntarse a una por un deseo que les hará sentir al máximo a qué distancia están de los buenos y malos ideales que los animan. Aprovechar una apertura del inconsciente porque llama al saber que tienen es ya infatuarse. Aprovecharla para lo que desearían saber es otra cosa, y por lo que hay que pagar el precio de las fantasías que los orientan. Eso es una sequedad real, sin goce, y por eso injustificable, pues no hay que estar en los retornos ni de los éxitos ni de los fracasos, contrariamente a aquello en que los mejores esfuerzos de nuestra comunidad se desbarrancan. No deberían decir que están contentos porque tienen un nuevo analizante, porque ha habido entrada en análisis. Deberían horrorizarse.

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La entrada en análisis es un desafío que sólo se acepta, con un matiz paranoico, por el deseo, no de la relación sexual, sino de una real fraternidad frente a lo real.

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Es mucho constituir la entrada en análisis, me parece, según Lacan, para un análisis puro. Le agrega algo más bien horroroso. Le agrega un deseo de revelar lo real del síntoma. Nadie quiere eso, créanme. 

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El deseo del analista (...) es un deseo que dice: "sostengo el análisis de tu síntoma sabiendo ya que mi deseo no se va a satisfacer con nada de lo que el inconsciente te de como respuesta de ese síntoma". Tal vez ese deseo tenga una conexión, un poco, si lo presento así, con la histeria. Pero bueno, es una manera de decirlo. Lo que lo diferenciaría de un analista histérico, lo que somos en general en el mejor de los casos, es que este no podría estar nunca satisfecho de lo que el analizante produce como desciframiento de su síntoma. Quiere más, pero siempre a nivel de nuevos significantes, mientras que la posición de Lacan  es la de articular un deseo al síntoma que está más allá de lo que lo inconsciente da como desciframiento. Créanme que en este punto preciso, la histeria prefiere al amo, aunque se acomode, ya casi "genéticamente", a cualquier modo en que este se le aparezca, incluso como analista.
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Un debate sobre la sesión analitica es si el analista puede ubicarse como tal sesión por sesión, y no como lo teníamos, un poco en el sentido de: "Estoy cuando se abre el inconsciente, me voy a ocupar de lo real más allá, hacia el final del análisis, y mientras tanto hago lo que puedo, "me autorizo a mi mismo". Sería otra cosa si, en cambio, se logra cerrar cada sesión consiguiendo introducir este aspecto del deseo del analista que está más allá de lo que se ha logrado como desciframiento. Eso ya es mucho. Hay que hacer algo sesión por sesión.

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Sólo si hay ese agregado, por el cual el deseo del analista incrusta en la apertura del inconsciente un plus, un algo más allá de todo lo que va a responder el inconsciente, se entiende que sea en este deseo en donde viene a instalarse el complemento de objeto del síntoma. Y es por ese deseo que el objeto pasa del lado del analista. Sólo por ese deseo que se implica en un síntoma porque quiere lograr que se revelé su dimensión real, se entiende que se constituya el dispositivo analítico como discurso, es decir, que el objeto este del lado del analista.  (...) Tiene que estar el objeto del lado del analista y la división subjetiva del lado del analizante.  (...) Quiero decir con esto que, o es una cosa que debemos entender de una manera global, o una vez que se constituye, ¿cómo verificamos que ese discurso se mantiene en sus términos en cada sesión? Ustedes saben que eso no es nada fácil. Uno puede creer que esta sosteniendo el dispositivo analítico, cuando una histérica ya nos coloca en el lugar del significante amo, y no hacemos sino producir saber. Como el saber producido por Lacan es mucho y nuevo, tenemos para rato. Así uno, como un tonto, le enseña y le explica todo lo que puede para que se conduzca en la vida. Luego hacemos un control y se nos hace la luz respecto a que hace un año que ocupamos un lugar en un discurso histérico. No hay que amargarse demasiado por esta crisis, y para rectificar nuestra posición es mejor admitir que durante ese año no ha habido una sola sesión analítica. Para colmo a veces una histérica obtiene, ejerciendo su discurso a planeo una o dos veces por semana, resultados superiores desde el punto de vista social que cuando hay realmente discurso analítico.

Juan Carlos Indart
La sesión analítica 
Extracto. En: Las fórmulas del deseo. 
Tres Haches Ediciones, Buenos Aires, 2000.
ARTE:
Juan Carlos Romero
Argentina

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