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La Verdad del Sujeto. Amor y Castración.









Hoy charlabámos en uno de los Grupos de Estudio, sobre el Amor y el encuentro de la Verdad del Sujeto. Una colega recordó entonces esta entrevista al yerno de Lacan, donde Miller versa sobre estas cuestiones y se desprende del discurso algunos puntos teóricos muy interesantes.

En el amor, el sujeto encuentra la respuesta al Grafo del Deseo, de Lacan; donde, en su parte superior, el maestro francés coloca la cita en italiano del Diablo Enamorado, texto de Jacques Cazotte, que reza: " Che vuoi ? "-

Preguntarse  por  "¿Qué quiere (el Otro) (de mí)?" o -para traducirlo más enfática y neuróticamente- "¿Qué me quiere?" es no sólo preguntarse por el axioma que dará consistencia a su fantasma (de allí el "me": "me quiere (su) caquita" o "me quiere (su) pecho", etc.; sino además que lleva ímplícito la pregunta que Jacques Alain-Miller hace en estos parráfos: "¿Quién soy?", que -strictu sensu- habría que enunciarla: "¿Qué soy?"-  Si bien es cierto que está contenido el núcleo del Ser; nosotros, como sabemos, hablamos de Falta-en-Ser. De allí que para Amar sea inevitable dar la falta, es decir: la castración.

 [ Dar la falta no resulta tan fácil para el sujeto. Es dar un pedacito de sí. Hoy recordábamos en el Grupo, algunos textos del genial Shakespeare, que nombra permanentemente este conflicto. Como bien señala Miller en esta entrevista, amar no es dar bienes tangibles. Como enunció alguna vez Isidoro Vegh, quien sabe amar se levanta a la madrugada, aún sabiendo que no hay kiosko abierto posible, y vuelve diciendo: "Mi amor, estaba todo cerrado."- Amar es el acto de dar la falta. De allí que en uno de los textos hoy recordados, El Mercader de Venecia habla, sin eufemismos, de "la libra de carne". Los sujetos, en el discurso amoroso, piden permanentemente esta "libra". De allí también que no es casual que sea en el Seminario sobre La Angustia, donde Lacan presenta ya sin tapujos a su "único invento": el objeto-a que es, en este contexto, la falta misma. Esa angustia es la que espera al sujeto para recordarle, en un duelo, que -como enunció el poeta Nemer lbn el Barud-: "Supe que habitabas en mí, cuando interrogué tu ausencia."]

El sujeto amante -el erastés Socrático de El Banquete- no sabe lo que tiene y va en busca de su amado -el erómenos- que tampoco sabe lo que va a dar. La metáfora amorosa se ejecuta cuando se puede sustituir esa paradoja: el amado, teniendo el falo, se castra y se coloca en posición de objeto. Cuando Miller habla de que el sujeto debe confesar su falta, se refiere a este punto "mágico" donde ambos están a la deriva -atrapados por lo inconsciente- de aquello que se está a punto de enunciar. El te-amo es el modo de esa confesión. Confesión muy particular -como toda palabra, como todo performativo- puesto que -a pesar de que el sujeto no lo sabe sino quizás no lo haría- tiene sus riesgos. En ese estado amoroso, el sujeto -sin embargo- se entrega sin red.

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04-oct-2014






Hanna Waar: ¿El psicoanálisis enseña algo sobre el amor?


Jacques-Alain Miller: Mucho, pues es una experiencia cuyo resorte es el amor. Se trata de ese amor automático, y a menudo inconsciente, que el analizante dirige al analista, y que se llama la transferencia. Es un amor artificial, pero de la misma estofa que el amor verdadero. Saca a la luz su mecánica: el amor se dirige a aquel que usted piensa que conoce vuestra verdad verdadera. Pero el amor permite imaginar que esta verdad será amable, agradable, mientras que de hecho es muy difícil de soportar.


H.W.: ¿Entonces, qué es verdaderamente amar?


J-A.M.: Amar verdaderamente a alguien es creer que amándolo, se accederá a una verdad sobre sí mismo. Amamos a aquel o a aquella que esconde la respuesta, o una respuesta a nuestra pregunta: "¿Quién soy yo?"




H.W.: ¿Por qué algunos saben amar y otros no?


J-A.M.: Algunos saben provocar el amor en el otro, los serial lovers, si puedo decirlo, hombres y mujeres. Saben qué botones apretar para hacerse amar. Pero ellos no aman necesariamente, juegan más bien al gato y al ratón con sus presas. Para amar, hay que confesar su falta, y reconocer que se necesita al otro, que le falta. Aquellos que creen estar completos solos, o quieren estarlo, no saben amar. Y a veces, lo constatan dolorosamente. Manipulan, tiran de los hilos, pero no conocen del amor ni el riesgo ni las delicias.


H.W.: "Estar completo solo": sólo un hombre puede creer eso…


J-A.M.: ¡Bien dicho! Amar, decía Lacan es dar lo que no se tiene. Lo que quiere decir: amar es reconocer su falta y darla al otro, ubicarla en el otro. No es dar lo que se posee, bienes, regalos. Es dar algo que no se posee, que va más allá de sí mismo. Para eso, hay que asumir su falta, su "castración", como decía Freud. Y esto, es esencialmente femenino. Sólo se ama verdaderamente a partir de una posición femenina. Amar feminiza. Por eso el amor es siempre un poco cómico en un hombre. Pero si se deja intimidar por el ridículo, es que en realidad, no está muy seguro de su virilidad.


Jacques Alain-Miller
Entrevista de H. Waar
Publicada en: Consecuencias, Nro.6
Revista digital de psicoanálisis y arte
Versión completa: aquí.
ARTE:
Vitto Campanella
Argentina

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Suena categórico y hasta paradigmático: es que lo es. Si creemos que la letra con sangre no entra (a diferencia de muchos -incluso políticos del Primer Mundo del Capitalismo- que piensan que al fuego hay que responderle con fuego) y si creemos que –aunque suene romanticón o naif- el amor es la única cura posible para la neurosis (que no tiene cura); entonces es claro que suene un apotegma riguroso.
El adagio de esa singular frase se debe descomponer así:
1)Amar es dar.  Es decir: entregar, ceder.  ¿Qué cosa? 2)Lo que no se tiene. Es decir: la falta. Es decir: lo que Lacan bautizó como el objeto-a: un objeto que no existe porque…

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