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Sobre la psicopatología / Psicoanálisis - Medicina











O la realidad psíquica es lo que dice Freud, o estamos ante otro caso de homonimia. Ahora bien, si es lo que dice Freud, es uno de los elementos del par que forma con su inseparable compañera: la realidad material y/o histórica, en una topología esférica en la que el interior psíquico la tiene como su único exterior, por lo que cualquier otra alteridad que se le presente al sujeto (salvo que en la metafórica de la representación que le es inherente no hay lugar para el sujeto del significante) deberá atribuirse a la proyección. Como es más que legible en el texto de 1922, Sueño y telepatía, ahí tenemos una de las razones por las que la concepción freudiana es incapaz de acoger un rasgo radical del testimonio psicótico: un decir proveniente de un Otro que desbarata la dualidad realidad psíquica / realidad material. (...) Añado simplemente lo que creo que ya te dije una vez, aunque no eras vos entonces el destinatario, pero podrías serlo ahora: no es obligatorio ser lacaniano. 

Pero ser lacaniano, que no es algo de hecho, sino que resulta de un querer (el famoso y tan poco interrogado "si quieren" del Seminario de Caracas), comporta el peaje de considerar caducas algunas nociones freudianas, en la medida que el pretendido freudismo de Lacan no puede no estar en tensión con el "Freud no era lacaniano" que el propio Lacan señala... ¡y a propósito, precisamente, de la realidad psíquica en la que parece que nos desencontramos! 

Así que, aunque podemos volver a encontrarnos, y hasta entonces, en lo que a mí respecta, con la realidad psíquica, esa alma envuelta por otra realidad que nunca llega a ser plenamente Otra, nos despedimos de la psiqué de la psico-patología... sin que, al menos por esto, tenga por qué inquietarse esa cultura de Occidente cuya salud te desvela.  En cuanto a la otra mitad de la noción en cuestión, para la que yo decía: "no hay patología sin discurso de la norma, es decir, sin función del ideal", por lo que "cualquier reivindicación de la psicopatología, por ingeniosa que se muestre, nos devuelve a la psicología y a la medicina", argumento al que le concedés algún crédito... Hasta que el demonio de la anfibología se apodera de la palabra "norma" y te deja a un pasito de hacerle creer al inocente lector que a lo mejor yo soy de los que leen "críticamente a Freud desde una posición santurrona e incluso chambona con respecto a Lacan" (por supuesto, ambos sabemos que no es el caso, pero no está de más advertirle al mismo que en tu texto de respuesta al mío de paso aprovechabas para dirigirte al "lacanismo portátil")... 

Así que, sin insistir en esto, ni detenerme, al menos por hoy, en la curiosa homonimia de nuestros, o al menos tuyos, "neurótico", "perverso" y "psicótico", con los de la psiquiatría, caigo finalmente en la cuenta del malentendido que te hace concluir en la pregunta "¿Qué tiene de psiquiátrica esta psicopatología?", a lo que puedo responderte: tal como la argumentaste, nada... ¡pero si no era eso lo que estaba en cuestión! El problema de la psicopatología no es que sea psiquiátrica, es que sea psicopatológica, es decir, discurso médico. ¿Pero acaso no bastaba, como primera lectura de tu texto, la del diseñador de la revista, quien para el diagnóstico en psicoanálisis, título general de tapa que agrupaba los artículos entre los cuales estaba el tuyo vindicando la psicopatología, no encontró para ilustrarlo nada mejor que... un estetoscopio?


Ricardo Rodríguez Ponte
"A Juan Ritvo, Sobre La PsicopatologÍa"
Extracto del Texto Redactado En Noviembre / 2003, 
Publicado En La Revista Imago Agenda, Nº 76






El texto anterior de Rodríguez Ponte responde al que Juan B. Ritvo publicó en el número 75 de la revista Imago Agenda, 11/2003, con el título El rechazo de la patología rechaza al sujeto, citamos:


Desde hace un tiempo en este lado del mundo y en aquél (obvio: París), se suele decir, con mayor o menor énfasis, que la psicopatología obstruye la clínica hasta terminar por doblegarla. Una forma sutil de esta posición la muestra Philippe Julien cuando sostiene que la histeria no es una neurosis sino un discurso; con lo cual empobrece, a la vez, las nociones de discurso y de neurosis.1 

Creo que hay, en estas alegaciones y de un modo tan implícito como efectivo, una confusión entre psicopatología psicoanalítica y psicopatología psiquiátrica. Esta última es taxonómica y su tarea fundamental consiste en subsumir un caso particular en una regla general. La psicoanalítica es, antes que nada un “trayecto”, es decir un curso de navegación (utilizo figuras de Serres) que tiene que bordear obstáculos, franquear pasos y, sobre todo, tomar decisiones en momentos cruciales, que son los momentos en que emerge ese “poco de libertad” de que nos habla Lacan. No es una colección de rasgos fijos que operan gracias a un método de presencia y de ausencia (si padece amnesia, entonces tal y cual cosa; si no la padece, entonces esto otro...; si se calla para no ser repetitivo, entonces...), sino un instrumento flexible para saber lo que es posible saber, lo que es necesario aquilatar y los límites de la imposibilidad, de tal modo que en cada caso sea posible situar a las alternativas del analizante en función de la tríada acto, pasaje al acto, acting-out; y ya se sabe, el acto está entre el acting y el pasaje, del mismo modo en que el síntoma está entre la inhibición y la angustia.

(Síntoma y acto: términos medios que se borran para pasar a los extremos y al mismo tiempo para sostenerlos; a la vez, el síntoma coagula el acto y es condición de posibilidad de éste. La psicopatología psicoanalítica, si es algo, es una nosografía del acto, lo cual supone considerar lo que hay de real en el afecto, la deriva sin inscripción y la inscripción sin deriva, que habitualmente hemos calificado de “fijación libidinal”; supone, también y decisivamente, redistribuir el campo del acto en relación al goce, tarea que, por cierto, nos remite a un momento clave de la elaboración lacaniana: el seminario La Angustia, el que se conecta, más allá de las falacias de la cronología, con la bolsa del cuerpo, ese cuerpo humoral transido de agujeros y de remiendos que Lacan retoma de la vieja medicina mítica y lleva a sus últimas consecuencias en el seminario El Sinthoma, cuando proclama que la palabra puede ser, y de hecho es, un cáncer que prolifera en el sujeto y lo corroe. ¿Podemos integrar esta perspectiva con las disyunciones alienantes que siempre hacen del acto analítico, de sus antecedentes y de sus consecuentes, una encrucijada del sujeto antes que una ubicación estática en el campo de la enfermedad?)

La oposición que suele hacerse entre la estructura ( rigurosamente hablando es la estructura del rasgo unario, autodiferente y por lo tanto privado de origen y destino) y singularidad es algo a mi juicio insostenible y ruinoso para la clínica. La correlación entre el significante de la carencia y la carencia radical de significante, que es suplementaria y no complementaria2, correlación que hace a la esencia del rasgo y de su vínculo con lo imposible, dibuja en la estructura el lugar en hueco del sujeto, el que al ocuparlo queda, por un efecto paradójico, fuera del conjunto y al mismo tiempo comprendido en él.

Así, diagnosticar no consiste en subsumir un ejemplar en una clase nosográfica, sino en delinear lo que más arriba llamé trayecto: el trayecto de alguien situado frente a sus alternativas. Debemos, sin duda, separar la clínica de la psicopatología, pero para permear a ésta en el máximo grado posible por aquélla, no para instaurar un empirismo sin principios, sostenido en la genialidad posmoderna de psicoanalistas inspirados: es el camino ya transitado por tantos para abjurar, en nombre de lo políticamente correcto, de la paternidad y de la castración.

Juan B. Ritvo
Vindicación de la psicopatología
Imago Agenda. Nro. 75. Nov/2013














_______________________
1. Julien, Philippe, Psicosis, perversión, neurosis, Amorrortu, Buenos Aires, 2002. El autor sostiene que no es una neurosis porque instituye un lazo social que muestra lo imposible de la posición del Amo.
¡Son justamente las características de la neurosis histérica, que no es una neurosis entre otras sino el lenguaje de la neurosis como tal! ¿Julien supone, acaso, que la neurosis no es un lazo social?
2. Quiero decir: la carencia de significante no es recubierta por el significante fálico de carencia, porque este último se constituye como el menos en demasía de ese demasiado en menos que es el primero; tan demasiado en menos que ya ni el signo menos puede designarlo.

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