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La sonrisa ausente













La historia que relato me la contó un analizante. Uno, dos, o varios: porque siempre es así. 


Cuando la conoció le dijo una frase hecha, pero no menos entrañable: “¿Cuánto tiempo te quedarás conmigo? ¿Preparo café o preparo mi vida?”- 


De todos modos él sabía que todo ocurre en borrador; que quizás un café es toda la vida que pasa en un instante, o que tal vez la vida termine siendo una taza de café, y otra, y otra más…  


Y ahora que se separan, me dice: “Cuando la vi, supe que era ella.”- Y agrega: “No observé ni su hermosa cola, ni sus tetas, ni sus caderas, ni sus piernas. Me paralizó eso, ¿ves?”- Y señaló la parte del rostro que conjuga los ojos, la nariz y la boca. “Esta parte me paralizó. ¿Entendés? Y vi que con ella llegaba la luz.”-  


Porque, claro, nadie alumbra por sí mismo.  Y yo entendí.


Y recordó a la Bersuit: Un pacto para vivir, odiándonos sol a sol, revolviendo más en los restos de un amor con un camino recto, a la desesperación.”  Y recordó al tango: “…Si vieras la ternura que tengo para darte… ¡la falta que me hacés!”- 
  

Porque amar es dar la castración. Porque el amante es la falta del amado, y viceversa. Y entonces se podría decir: “¿Qué hago ahora sin esta falta, sin esta castración?”

Se podría decir también, con Sartre, que la libertad espanta. Que estamos arrojados a ser libres. Se podría decir, con Lacan, que sin el Otro uno queda algo así como desamparado. Se podría decir: ¿Dónde me refugio sin su boca, sin sus caricias, sin su mirada?”


También le dijo: “Todo mi mundo es ahora, porque estamos juntos.”- Y recordó a Jorge Luis Borges cuando enunció: “Estar o no estar contigo es la medida de mi tiempo.”


Pero a su delirio, ella le respondió con la realidad: “Conmigo no va eso de contigo-pan-y-cebolla…”- Sorprendidos los analizantes me dicen: "Fíjate, marcelo.”- Y agregan: “¿Dónde estaba yo? Ahora que nos separamos y ella me sigue demandando, me doy cuenta que siempre fue así: que me demanda la funcionalidad, que hace lo que siempre hizo. Contigo-pan-y-cebolla no: ¿Dónde estaba yo?”  Y le digo –les digo-: “Estabas en vos.  Y como estabas en vos, no pudiste verla… por eso ahora se corre el antifaz de tu rostro y algo se ve diferente.”  Dijo el poeta: Supe que habitabas en mi cuando interrogué tu ausencia.”


Él ahora tiene que matarla; sí: matarla de la única manera que alguien puede matar al otro: matando su narcisismo... Porque todavía tiene el café caliente; porque todavía está paralizado por la luz. Porque el sol que ella fue, lo quemó, y debe recuperarse de esa herida. Porque toda herida se cura con amor. Y ahí el dilema: ¿Cómo descubrir otro amor que cure este amor? ¿Cómo suplir con amor un amor? ¿Cómo matarse creyendo que es el otro quien se suicida? Antonio Porchia: “Cuando me hiciste otro, te dejé conmigo.”

Roland Barthes (amigo de los surrealistas, y fiel representante de una semiología psicoanalítica); conocía bien lo que su amigo Jacques había expuesto en el Seminario IV sobre Frustración, Castración y Privación; por eso enunció en El Ausente de su Discurso Amoroso: La frustración tendría como figura la Presencia (veo todos los días al otro y sin embargo no me siento colmado, el objeto está ahí, realmente, pero continúa  faltándome, imaginariamente). La castración tendría por figura la Intermitencia (acepto dejar un poco al otro, "sin llorar", asumo el duelo de la relación, sé olvidar). La Ausencia es la figura de la privación; a un tiempo deseo y tengo necesidad. El deseo se estrella contra la necesidad: está ahí el hecho obsesivo del sentimiento amoroso."


Ahora es el tiempo de saber olvidar... Si eso es posible, porque lo inconsciente recuerda de vez en vez con algún sueño, con algún fallido, boicoteando, con cualquier tropiezo.  Y es el tiempo donde llegan las dudas, las críticas, y los discernimientos: ¿Podré volver a creer? ¿Podré volver a encender una vela para la cena, a descorchar -feliz- un vino, a esperar hasta altas horas a otro ser que me divida? Es decir: ¿Podré hacer algo más por mi?

Y me dice: Es que a ella todo le da igual… Nunca valoró esta relación: le da lo mismo ir al cine sola o ir al cine con cualquiera… todo lo mismo: no sabe valorar nada… Ahora entiendo tanto más su historia y me da pena que se mueva así... compitiendo con un padre -al que busca para eso- y una madre que es igual a ella..."-  Entonces le digo: "Pero vos tampoco podés sostener a esta niña, sea porque no tenés ganas ya que te resulta a pura pérdida, sea porque ella no se deja sostener; quizás para ella sostenerse en otro es someterse al otro... Y al no poder aceptar la castración, prefiere engañarse creyendo zafar..."- Y me dice: "Puede ser... pero a ella todo le da lo mismo, se come cualquiera. Y yo estoy sin apetito.”-


Barthes, exponiendo la Languidez: “El sátiro dice: quiero que mi deseo sea inmediatamente satisfecho. Si veo un rostro que duerme, una boca entreabierta, una mano que pende, quiero poder echarme encima. Este Sátiro –figura de lo Inmediato- es exactamente lo contrario del Languideciente. En la languidez no hago más que esperar.”


Me cuenta ayer mismo (me cuentan, porque -como dijimos- es de la misma Serie neurótica): “Sabés que había puesto en mi celular una foto de un amanecer para poner en mi blog y mostrarte... y oh casualidad me olvidé el celular, nunca me pasa... Y pensaba por qué pudiendo estar con otras mujeres -la del otro día era obvio que está entregadísima- sigo pensando en ella..." Acoto: "El olvido proteje... de qué podrás estar defendiéndote y a la vez deseando? Será que como siempre decís, ¿a vos te gusta la noche?"-  Enmudece un poco y confirma: "Y... sí: yo siempre digo "empezar de nuevo! uff!" y claro, un amanecer es eso... un empezar..."

Amanecer: aman(en)ser, aman-ser.  Nos eramoramos por narcisismo. Somos amantes para ser activamente amados. Y nos separamos por narcisismo: porque ya no nos satisface el modo de ser amados. Pero siempre se vuelve a empezar, porque -como se sabe- la puesta de sol es la poesía del vínculo. El problema es mirar al sol de frente, totalmente entregado: uno puede enceguecerse rápido.  Pero una vida sin (clave de) sol suena a pantano. 

La música -como todo arte- es curativa.  El arte es el símbolo que representa la ausencia. Si ahora está dibujado entonces antes fue. La sonrisa de su mujer ahora es suya. La sonrisa de ella es un amanecer, una puesta de sol y ahora le pertenece. Jorge Luis Borges, en la Inscripción de Los Conjurados: "Sólo es nuestro lo que perdimos".


 
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la sonrisa ausente
agosto-2013
Gracias Cristián por tu Arte:
Durán
Le sourire de ma femme

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