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Castración: Périda Eficaz











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A partir del monólogo de A. Chéjov (una vez hemos posteado el mismo: (http://psicocorreo.blogspot.com.ar/2011/11/dominio-del-falo.html ) y con respecto a lo que le sucede a Iván Ivánovich Niujin; Isidoro Vegh nos relata en esta clase  (de la que extraigo un fragmento)  el fatal destino de un sujeto que no puede separarse del Otro, astillado en su metáfora paterna donde la Castración no ha operado convenientemente. Aquí tenemos un ejemplo más de cómo –contraofertando la acción del Otro que goza al sujeto- , la castración siempre debemos pensarla en términos positivos: como dice I. Vegh “una pérdida eficaz”. Justamente el descubrimiento Freudiano (con su paradigma en la Neurosis Fóbica) nos relata eso: el síntoma como sustituto de la falla en el anudamiento del Nombre-del-Padre.  Por eso –como decimos siempre- es imposible prescindir de un Padre: sea con los actos, sea con los síntomas, sea con la creación; allí está: en el fantasma de todo sujeto.  map






El fantasma no es un significante más en el Inconsciente con su lógica de incompletud, es un conjunto de significantes anclados por un objeto de goce. Objeto de goce que tampoco es natural, que se gesta en los encuentros del sujeto con el lenguaje del Otro.


Se gesta en una contingencia, que depende de la relación, desde el comienzo, del sujeto con el Otro. Sí, el padre de Mozart le enseñó música desde los dos años, pero respondió un pequeño que tenía talento para la música. Borges nació rodeado por los libros del padre, pero la biblioteca cobijó a un pequeño que en las letras encontró el gusto de su existencia. Mozart, como Borges, como Goethe, no fue al colegio. Bernard Shaw decía: “Me eduqué bien hasta que entré al colegio”. Todos ellos fueron guiados por sus padres, pero eso se da en muchos casos, depende de una contingencia: lo que llega del Otro y cómo el sujeto responde. Otra historia surge cuando el sujeto renuncia a sus sueños –como el personaje que recién vimos y escuchamos-, que resuelve, ante su incapacidad para avanzar de acuerdo a sus sueños, invertir el recorrido. En lugar de realizar sus sueños, queda al servicio del Otro. “Doy clase de esto, de lo otro, de aquello, ¿en dónde? En el instituto de mi mujer. Hoy vengo a hablar con ustedes de lo que me ordenó mi mujer.” El precio, el mismo relato lo cuenta: el sujeto se siente degradado, sufre. Termina diciendo: “Ahí viene mi mujer”, “en esto seguiré sin poder salir”. Es un relato que nos enfrenta a lo que llamamos el antihéroe. Nos recuerda a personajes clásicos representados por Chaplin o Woody Allen en versión moderna. Suelen ser personajes extremos en los cuales advertimos el riesgo que para cada uno implica ignorar el precio de una pérdida necesaria. Una pérdida que no es una desgracia, es una pérdida eficaz. En cambio, cuando el sujeto no paga la entrada, le queda una función deslucida, más de lo mismo.


Valor del fantasma que, en su extremo, es un axioma; que funciona como un pret-à-porter, como una vestimenta confeccionada, con significantes y un objeto; que es el sostén del deseo cuando está bien articulado; y que es también el lugar posible de la regresión.


(…)


El Otro se convierte en el disco que guía su vida. Es lo que él vive como su destino. Para que se pueda producir el pasaje de un destino a un estilo, tiene que perder ese lugar. Parece fácil, sin embargo; ¿por qué el sujeto tiene tanta dificultad para lograrlo? Vamos a decirlo esquemáticamente: por dos razones, porque retirarse de ese lugar no es sustraerse de cualquiera, es del Otro con el que hay relaciones de afecto, el que formateó el primer programa, Otro primero que legisla, aforiza, es oráculo; también porque el sujeto carece de recursos, de letra, para avanzar. Hay veces que las barajas de la vida vienen muy mal, hay veces en que no hay padre, pero hay abuelo o tío; hay veces en que no hay madre, pero hay alguien que sustituye; pero hay veces en que no hay alternativas. Esa carencia de letra y afecto introduce una dificultad mayor para el avance de un análisis.  Progresiones y regresiones invocan al analista para que el sujeto, de ese lugar, pueda ser removido.



Isidoro Vegh

Senderos del análisis

Progresiones y regresiones

Capítulo 6: El fantasma en la escena

Paidós; Buenos Aires, 2013.
ARTE:
Katia Acín
ESPAÑA

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