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Límites y Fantasmagorías / Deseo y Obsesión






En los Upanishads hindúes, el mundo se considera una emanación de la energía divina o Mâyâ. En ocasiones,  Mâyâ se considera una consorte de Shiva o Visnú, por medio de los cuales surge el mundo. 

A tal punto el YO constituye una Ilusión del Sujeto; que el dispositivo al que Lacan ha recurrido para demostrarlo, es un Modelo Óptico; artificio genial que permite descomponer al Cuerpo del Sujeto en partes virtuales; y facilita entender la endeblez de esta máscara que a-trapa al verdadero real. 

Y no es menos válido que nuestra praxis lo percibe, lo escucha, todo el tiempo; a partir de la rigidez del discurso del analizante que, no por parecer fuerte no es menos lábil.    El prototipo clínico de este discurso lo constituye, como es bien conocido popularmente, el Neurótico Obsesivo.  Y aquí caemos al personaje de Calogero que lo envuelve en toda su fenomenologìa y en todo su esqueleto. 

Eduardo De Filippo creó a su Calogero con características bien definidas: un sujeto impecable en su vestuario, siempre pulcro, que no deja de acomodar los elementos que le rodean o de advertir todo el tiempo por la limpieza del lugar donde debe sentarse o comer.  Esto sumado a un discurso frío, metálico, que parecería contener un grabador interno: es decir, un discurso sin afectividad aparente, no comprometido con los vínculos que lo circundan.  Pero más allá de lo fenológico, el personaje de Calogero (como otrora fue el Hamlet de Shakespeare) es rico no por sus maqueteadas peculiaridades sino por lo que, a partir del guión, inspira en su Fantasma fundamental y en su Mito Individual que bosqueja, concibe y planifica en el recorrido de las tres escenas del texto.

Como también sabemos por Lacan, todo Fantasma no es más que un texto; un guión que el neurótico construye o, para decirlo mejor y en honor a lo inconsciente, por el cual el neurótico es construido.  Por tanto, tomado por el fantasma de un buen obsesivo (cuyo deseo debe quedar imposible, insatisfecho como en la histérica o prevenido como en el fóbico) Calogero entra, como pancho por su casa, en la propuesta de Otto; y ya no tiene opciones.  Su estructura hace que se encuentre inmediatamente “entre la espada y la pared”, típica condición obsesiva de pleno goce, y que ya no pueda abrir esa caja que el mago le ofrece a condición de su fe, de su creencia en, precisamente, una fantasía. 

Esa nada, esa ilusión, es –sin embargo- el motor de la estructura neurótica (que, repetimos, la pulsión bordea sin pausa).  Esa hiancia configura sin más la relación que el sujeto tiene con su falta.  Esa cajita gris y pálida (a modo de ágalma socrática) esconde todo el secreto de la Estructura de un Sujeto.  Allí el bicho-de-lalengua guarda no sólo una ilusión, un YO anhelado incapaz de rectificar(se) y de aceptar su propia falta, sino el objeto(a)  inventado por Lacan para matematizar el vacío necesario para que toda estructura –divida por el significante- se humanice y desee.  He aquí, justamente, la paradoja del goce obsesivo: tengo un deseo; pero está encerrado en una pálida caja gris que si la abro me hará perder lo que tengo: un deseo.  He aquí también el cíclico avatar de una neurosis que se precie.

Marcelo Augusto Pérez
Extracto del texto "Límites y Fantasmagorías"
-Sobre "La Gran Magia" de Eduardo De Filippo-
Publicado en Revista del Campo Grupal
Edición 153 / MARZO del 2013 / Buenos Aires
ARTE:
Roger de La Fresnaye
Le Mans 1885 / Grasse 1925
El Mago

 

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