A cada cual su puesto (de goce)










Hace tres años escribí un posteo que ahora reproduzco en relación al Fantasma, al Goce y a Creerse el Falito (del Otro). Vuelvo a citarlo porque últimamente me llegaron algunos correos en relación a estas cuestiones. Y no sólo eso: la vida cotidiana -que es psicopatología de la vida cotidiana, como lo enunció Freud- nos da ejemplos a diario de estas cuestiones. Hace poco -supervisando a un colega- no nos asombró escuchar que su analizante enunció en que "él sabe perfectamente que está en este mundo para cuidar que un amigo no desborde con su obsesión."- Es decir, traducido: él va a poder modificar el goce, el síntoma, del otro. Estas genialidades se escuchan -camufladas en otros discursos- incluso en los medios públicos de políticos, economistas, médicos, etc. Resulta que ahora no sólo se podría modificar una Estructura -una obsesión, una histeria- sino que además la podría modificar no el sujeto que la padece sino otro que se adecue y que persista en dicha tarea. Habría que recordarles, a estos últimos, que todo lo que el Sujeto hace lo hace por él, y no por otro. Creo que el espíritu de la letra de este escrito que a continuación cito, es ese: entender que todo nace y muere en el Narcisismo. Que incluso el mayor altruísmo es el mejor modo de reconocerse Fálico. MAP




Si bien es en el cuerpo donde el goce se monta, se representa y se hace verbo, el cuerpo no es tal sin el fantasma: marco sine qua non para abordar la realidad con ese cuerpo mismo. Ahora: ¿Por qué el fantasma es algo así como “la fábrica del goce”, como “el condensador del goce”, como el “lugar psíquico” donde se asienta toda la estructura del sujeto?

Porque el sujeto va por el mundo con una premisa básica: ser el falito del Otro. Eso quiere decir: ubicarse en posición alienante para responder a la dialéctica edípica y evitar la castración latente. Y para eso es necesario el fantasma que lo determinó, que lo posicionó en esa alternativa fálica. Porque el sujeto se hace objeto en el fantasma; por tanto sucede que todo fantasma neurótico es perverso y que ese objeto es el que el sujeto supone colma el apetito del Otro: la manera que fue capturado, amado, por el Otro.  Se ve entonces que el sujeto no sólo no quiera sino que apenas si puede atravesar esa axiomática que lo captura: cada atravesamiento implica un monto de angustia muy alto; se ve también porqué cada sujeto defenderá sin más esa posición con la cual fue tomado.

Entonces, esa solidificación, es por la que el sujeto luchará a rajatabla. ¿Por qué? Porque siempre el narcisismo priva, siempre hay que buscar el “sentido narcisista” de la operativa del sujeto. Es claro entonces que lo que aparezca contradiciendo esa axiomática, será enemigo liso y llano de quien cree ser el falito: es decir, de quien se la creyó. Por eso el EGO es sordo y ciego. Seguramente será el mismo sujeto que frente a cada momento donde vea tambalear su posición, o bien huirá o bien emprenderá la embestida agresiva.

Los ejemplos abundan: el sujeto que se cree “imprescindible”. Sujeto que va por la vida creyendo que tanto en el trabajo, como en la familia o como en el club, es el que mejor “saca las papas del fuego”, el que “puede con todo”, etc.  Resulta que –como ya se puede intuir- su fantasma trastabillará en cuánto otro sujeto intente “salvar” una situación que, según lo previsto, puede sólo ser redimida por el primero.  Estos sujetos quedarán desamparados cuando el semejante ya no “valore” su posición en el mundo; cuando el otro ya no lo crea “imprescindible”.

Otro ejemplo: el sujeto "víctima": aquel que toda su vida guirará en torno al eje de su padecimiento; aquel que alguna vez pudo enunciar -frente al mal del prójimo- "Si vos tenés esto, ¿yo qué tengo que tener?"; aquel que todo su deseo será enterrado bajo el lodo de las heridas, deteriodos, estragos y detrimientos; elevando la corona de espinas a calidad de evangelio. Aquel que pudo pronunciar en una cruz: "Padre, ¿por qué me has abandonado?"-

O -por ejemplo- el fantasma de “la mujer fatal”, la que siempre puede seducir a todos los hombres (y a todas las mujeres, obviamente); la que siempre cae bien parada en todos lados con un par de movimientos de cadera y con una cuidada sonrisa… Resulta que, de pronto, otra mujer (“la otra”) aparece en la oficina y se presentifica como posible “competidora” de esa posición: bien, ahí, la susodicha “mujer fatal” abrirá toda su artillería para sacarla del medio.

Como se ve, cualquier axiomática recorre siempre el fantasma del “héroe”: es decir, del protagónico, del fálico: ser “víctima” es la mejor manera de quedar posicionado como el anti-héroe, y esta es –a la vez- una bonita manera de heroísmo.  Ni hablar de ser el “imprescindible” o de ser “la mujer fatal”.

Siempre, como vemos, resulta esencial ocupar el podio. Por eso cada hermano tiene un lugar bien determinado y las peleas suelen aparecer cuando esos lugares se conmueven y desvirtúan. Tenemos al hermano “exitoso”, al hermano “víctima”, al sujeto “discapacitado”, al “que no asienta cabeza”, al “mujeriego”, al “buen padre dispuesto a abdicar su deseo en pro del ideal de familia”, a la “buena madre que siempre planchó las camisas de rigor”, al "perdedor sin remedio", a "la costurerita solterona", etc.

Lo que el sujeto desconoce (en su sordera ególatra) es que si no se atraviesa alguna porción del fantasma, éste queda preso del Otro: creyéndose un rebelde no hace más que repetir sistemáticamente lo que el Otro “destinó” para su existencia. Es decir: su manera de estar/ser en el mundo, no puede más que ser el tributo al goce del Otro. El Otro se lo sigue devorando. La Metáfora Paterna, fallida, no alcanza para producir la vuelta: entonces el sujeto o bien sintomatiza y hace –por ejemplo- una metáfora fóbica, obsesiva o histérica; o bien se rebela en defensa de su axioma cada vez que un semejante intente “quitarle” su lugar-en-el-mundo.

Ya lo dijimos en otras oportunidades: “el falito del Otro” es equivalente al “buenito”, al “más rebelde”, etc… o –como lo expresó Masotta, al “salame de mamá”… Lo que decimos en criollo básico: “creérsela”- Lo perverso de cada fantasma es que el sujeto no hace más que empecinarse por ser DEVORADO por el Otro (y eso es ponerse de objeto): por eso la vuelta gramatical pulsional es el "hacerse... comer, cagar, etc". (Y esto no hay que confundirlo con la perversión de buscar a un otro para gozar de ese fantasma: una cosa es el fantasma perverso por definición y otra actúar un fantasma "usando" al otro para el propio goce masoquista). El sujeto intenta zafar de su castración (de ser un sujeto de deseo y no simplemente de goce) a condición -paradójicamente- de meterse en la boca del cocodrilo: en la Matriz del Otro. Por eso, en la clínica, se descubre que los sujetos (por más que se sorprendan al escucharlo puesto que justamente de eso se quejan) no son más que los que los Padres han destinado para ellos; por eso decimos en psicoanálisis -sarcástica y tristemente- que "lamentablemente, los padres siempre tienen razón".  Cuando uno escucha que el analizante dice: "mi papá me decía que yo me iba siempre a golpear la cabeza contra las paredes" o "mi mamá siempre me decía que yo abandonaba todo lo que emprendía"; el analista ya puede intuir cómo se arma el fantasma de ese sujeto. Lo que ese padre no supo qué por algo construyó ese hijo: en cada núcleo familiar, los puestos sirven siempre para algo; es por eso que uno comienza creyendóse ese laborioso lugar de trabajo narcisístico.

Un sujeto sufre porque se la creyó demasiado; traduzco: porque pensó que, con su fantasma a cuesta, podría garantizarse el amor incondicional del otro. Sólo se lo garantiza en el fantasma (al Otro) y esa es su verdad, lo cual -como sabemos- es pura ficción. Siempre que un sujeto vea amenazado esa posición que adoptó, se armó y se creyó, se defenderá para seguir protagonizando el lugar –Freud dixit- de His Majesty the Baby

La diferencia –que no es poca- es que los adultos ya no son bebés para seguir pataleando caprichosamente: deben atravesar la barrera del malestar-humano para seguir a-postando al deseo y creérselas un poquito menos sin pensar que por eso se destituyen del mundo. Cuánto más se defiende un sujeto, más inseguro; es decir: más centrado en su imagen (en su Ego –al cual debe adherirse para no angustiarse-), en su exoneración, en su posible expulsión. Por eso, justamente, es en el fantasma donde cada sujeto encuentra el anclaje que lo atornilla al mundo. 

Marcelo Augusto Pérez
El fantasma que determina el goce en la posición subjetiva

Diciembre / 2012

Arte:
Jorge Torres
Colombia

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