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Tomado por el Fantasma

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Oscar Masotta nos recordaba a Freud y a Lacan con un apotegma tan agudo como conceptual: El Sujeto está estructurado como un chiste. Bien: acá tenemos los dos ejes que definen al parlêtre: el Sujeto tiene una estructura y esa estructura es homologable a un chiste.  Primero: que tenga una estructura quiere decir que hay una disposición de variables en juego dentro de un marco previo que lo constituye el Lenguaje. Estas variables se organizan, sabemos, con un pivote que la soporta y que fue uno de los descubrimientos freudianos por excelencia: el falo.  Sin el significante fálico, es imposible organización alguna a lo que al Sujeto atañe.  Segundo: que esa estructura se homologe al chiste implica diferenciar lo cómico del chiste en sí.  El chiste -para ir simplificando- lo entendemos desde Freud como un acontecimiento de lo inconsciente, por lo tanto no es un simple chascarrillo guionado hacia un pùblico-oyente en actitud pasiva: el chiste convoca a dos sujetos -y si me apuran digo tres- en posiciòn de barrados donde importa más la enunciación (cómo se enuncia) que el enunciado (lo que se dice) y fundamentalmente, el chiste tiene un producto: la falta. El chiste produce un des-encuentro al mejor estilo del fallido; de ahi que Freud lo consideró dentro de las cinco manifestaciones de lo inconsciente.  Ese absurdo, esa doble polisemia del chiste; es lo que hace que la risa no sea producto de una conclusión dramática sino de lo más íntimo del núcleo del ser. Casi se podría decir que en vez de angustiarnos, nos reímos como consecuencia de algo inesperado, que -parafraseando a Lacan cuando define lo inconsciente- faltó a la disposición del sujeto para restablecer la continuidad de su discurso.

Ahora, lo que me interesa destacar -ya que respecto al chiste freudiano se ha dicho muchísimo- es el nexo entre esta agudeza inconsciente y el fantasma -obviamente también regido desde lo inconsciente- por el cual el sujeto es tomado. Uno podría concluir: el sujeto está estructurado como un chiste porque el fantasma es un chiste. ¿Por qué? 

Bueno: no solamente porque el fantasma tiene estructura novelezca, es un guión con tres escenas bien definidas (real-simbólico-imaginario) sino porque cada fantasma -y lo digo así de simple- nos hace reir. Cada sujeto -tomado por una novela que "se construyó" para ser amado (y más que tomado diría, creído; es decir: aceptado como la manera de su Ser-en-el-Mundo; y más que creído diría, tragado) termina por haciendonos reír por cuanto no hace más que mostrarnos -a inconsciente abierto- el modo cuasi trágico de su faceta de goce que, muchas veces, termina por engullirlo.  

Veamos: yo -hasta cierto punto- me creo que puedo ser bueno como analista y transmitiendo también el saber freudiano. Hasta ahi, digamos, nada raro: todo el mundo está adherido a sus creencias sino uno no podría ni siquiera respirar. Pero ahora: si yo me creo que soy tan pero tan bueno que si me invitan a una charla sólo podría aceptar siempre y cuando en la Mesa no esté más que yo; bueno: eso es estar engullido por el fantasma. El personaje me comió. Y este ejemplo no es casual: me ha pasado que organizando un Congreso hace años, un analista contestó que él iba si estaba sólo en la Mesa. ¿No parece un chiste?

Vayamos a otro ejemplo: alguien puede creer -tambièn hasta cierto punto- que su posición de hijo (o de padre) seduce y puede con ella recibir el amor del Otro. Bien: hasta acá todo normal, es así. Pero ¿qué sucede cuando esa posición nos engulle y aparece el padre totémico que creído en su axiomática sólo puede sostener el vínculo desde una totalización omnívora; o aparece el niño que sólo puede vincularse entre caprichitos, llanto y actings típicos de un sujeto de corta edad? Como se ve (y como siempre) el problema no es el fantasma sino su cristalización que impide -narcisismo ciego mediante- el lazo medianamente socializante con el semejane: si escucho sólo mi Novela, no puedo enlazar hacia la Historia del otro.  

Otro ejemplo para ir cerrando: un analizante me comentaba la otra semana: mi viejo siempre me decía que yo no aprendo más.  Bien. Como decimos en psicoanálisis, "lamentablemente" los padres siempre tienen razón... Es muy probable que si no se atraviesa esa fantasmagoría, este analizante "no aprenda más". ¿Por qué? Porque asi fue tomado (deseado) por el Otro: para no aprender; para hacerse amar hasta el punto de que alguien podría amarlo a pesar de que nunca aprende. Porque a él mismo -no aprendiendo nunca- no le fue tan mal.  Claro que -del otro lado- tenemos a otro sujeto con su lógica y sus tiempos que se dispondrá a amarlo hasta que su propio narcisismo lo permita; es decir -por ejemplo-: "Sí, okey, te amaré a pesar de que no aprendés más ya que mi viejo por otro lado me decía: a vos te gusta dar clases hasta por los codos; PERO quizás tal vez algún día no me crea tanto lo que mi viejo me decía y ahi, entonces, pueda amar a otro que alguna vez sí aprenda."  

Como se ve, el problema es cómo el sujeto se atornilló a esa axiomática sin poder ir más allá de esos Ideales que sostiene a raja tabla. Ideales que obviamente hablan de cómo el sujeto cree en un Otro sin barrar, que le dispensará amor incondicional cual (seamos Kleinianos por unos segundos) una gran-teta-siempre-dispuesta. ¿Si eso no es el Edipo, el Edipo dónde está? 

Un fantasma no vehiculizado hacia una menor proporcionabilidad de goce; es decir: un YO absolutamente inscrustado en su ceguera sitemática; no puede más que abastecerse infinitamente con su propia lógica fálica en dónde el sujeto sólo puede girar en torno a sí mismo, como en el siguiente paso de comedia que cito para cerrar y en donde se lee cómo el sujeto queda pegado y enceguecido en (y por) su creencia.   map-


Un grupo de matemáticos tiene un problema. Tienen que medir la altura del mástil para una bandera, pero sólo tienen una cinta métrica, que obviamente no les sirve para gran cosa. Mientras están en eso aparece un ingeniero, le cuentan el problema y entonces el ingeniero procede a desmontar el mástil, tumbarlo en el suelo, medirlo y volver a ponerlo vertical.

Los matemáticos agradecen y en cuanto el ingeniero se va, uno de los matemáticos le dice a los otros:

- Hay que ver cómo son estos ingenieros, eh? Le decimos que queremos medir la altura, y el tipo se queda todo satisfecho cuando consigue medir la anchura!


Arte:
Joan Miró
Mujer ante el sol


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