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El vacío y el nacimiento del Sujeto

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Para que las palabras sean tomadas por el sujeto, el sujeto debe primero ser tomado por ellas. El inconsciente nos es revelado en palabras, decimos que tiene una estructura de lenguaje donde lo conocido solo puede serlo en palabras, al mismo tiempo que el inconsciente se sirve de estas como medio de expresión; pero, si bien el inconsciente nos es revelado en palabras, esto no indica que sea todo palabras.

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Es Otro quien en palabras le presenta el mundo al sujeto, a este seno estructurado por el lenguaje podemos llamarle dimensión simbólica, ésta se caracteriza porque cada elemento que la conforma esta correlacionado con el otro, formando parte de un mismo sistema o estructura. Una segunda característica de esta dimensión simbólica consiste en la dialéctica de la pareja presencia-ausencia.

Sin esta posibilidad de representar la ausencia no hay sujeto, el significante es siempre significante de lo que falta y solo hace función si sirve como indicador de lo perdido. Resulta imposible representar aquello que en lo absoluto de su presencia no permita que la palabra opere como potencia de convocar internamente lo ausente. Un niño no tendrá a quien llamar si la madre esta presente siempre, no habrá agua que solicitar si esta le es anticipada antes de “hacerle falta”. Y es importante detenerse en este “hacerle falta”, pues la falta es entonces algo a hacerse. La falta implica un acto del otro y algo propio de la experiencia del constituirse sujeto. Sobre este punto volveremos mas adelante.
 La representación procura hacer registro de aquello que falta. Si no falta nada, no hay sujeto. Para efectos de la metáfora que aquí se pretende, diremos que lo que ha de procurar representarse es la nada.

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Falta inasible que constituye al sujeto, en tanto imposible de representar pues el Otro también esta en falta; en el seno mismo del tesoro de significantes tampoco hay completud, imposibilidad de ofertarle certeza, pero potencia de ofertarle vacío, espacio abierto para la constitución del deseo.

Para constituirse sujeto se requiere de Otro que deje un vacio, un agujero en ese absoluto, que alude a lo inasible, a ese mas allá de la palabra y que desde el psicoanálisis ha cobrado distintos nombres, Das Ding o lo real, desde Lacan, lo originario para Aulagnier, la representación cosa, el ombligo del sueño, o la mas oscura y profunda falta del hombre ubicada mas allá del principio de placer que es la muerte en Freud; términos imposibles de homologar por su riqueza conceptual individual, pero posibles de reunir bajo la condición de lo inasible; y que con fines metafóricos en este trabajo nombramos como la nada.
Se requiere entonces de Otro que deje un vacío en esa nada, donde lo que deja son bordes que sirvan al sujeto como vías para transitar, volvemos a Jerusalinsky cuando señala: “La pulsión no es del orden de lo natural, es necesario que el Otro haga un corte significante en el cuerpo para que emerja el registro de la falta que inaugure el recorrido de la pulsión”.

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Pero cuando encontramos un niño estructurando un estado autista, encontramos al niño mimetizado, armando la misma experiencia buscando estar siempre en el mismo lugar, atrapado en una situación gozosa que lo va consumiendo en tanto sujeto. El niño en este estado es incapaz de armar una experiencia infantil diferente, pues parece constituir una situación donde gran parte de su energía psíquica esta puesta en su defensa.

¿De que se defiende el niño en este estado?, para algunos autores se trata del duelo de separación mientras otros ponen el énfasis en el encuentro/desencuentro con el Otro. Pensemos que para separarse es necesario haberse encontrado antes con Otro; por lo pronto dejaremos abierta esta cuestión, aunque ya desde ahora podemos señalar que sea por defenderse del separarse o por el encuentro con el Otro, ambas situaciones implican una renuncia, la primera al dolor/angustia del pasaje de la fusión a la separación, y la segunda aun mas primordial del dolor de recibir la inscripción de Otro y toda su dimensión simbólica, lo que implicaría renunciar a un estado primario, a-subjetivo, diremos.

(…)

La inscripción de la nada en la estructura simbólica seria posible solo a partir del vacio, si no falta nada no hay sujeto, la nada debe faltar, representarse y esto solo es posible a través del ejercicio de presencia-ausencia, donde la nada deje de ser una presencia absoluta para pasar a la dimensión simbólica, donde se inscriba un vacío donde el sujeto no-todo es.

Para esto se requiere de Otro que deje un vacío, bordes que sirvan al sujeto de vías para transitar, para devenir. Una vez mas podemos detenernos en la particularidad del lenguaje y reparar en que cuando hablamos de vacío hablamos de una acción posible para el sujeto, podemos hablar del verbo vaciar; vaciar tiene dos connotaciones, por un lado donar un vacio y por otro extraer, retirar una cosa; ambas implican ausencia y como se menciono en un principio la falta es algo a hacerse que implica un acto del Otro. En cambio de la nada no hay verbo, en lo absoluto de la nada, no hay sujeto, ni acción posible.

El contacto con las cosas, es a partir de que las nombro, marcadas por el significante, donde no hay significante hay Das Ding (hay nada).

Podemos decir que la falta es un vacío que contiene la nada o mejor dicho algo de la nada, un no-todo. El vacío permite al sujeto salir de la dimensión de lo absoluto a partir de la inscripción del significante y su insuficiencia de representarlo todo, dejando al sujeto en posibilidad del no-todo.

Hemos dicho que el vacio se dona; para el niño poder acceder al vacio, es necesario encontrar primero el vacio en el otro. Si el Otro da todo, no esta en falta, y no es en tanto sujeto, sino como objeto y el objeto no existe como ser. La madre que no tiene dudas sobre lo que el hijo quiere, fomenta una relación enloquecedora.

Hay una distinción clara entre este lugar del que da todo. En la pregunta común de una madre a su hijo, ¿Qué quieres?  se dibuja la suposición de que ahí hay un sujeto que quiere y en consecuencia que esta en falta, la convocatoria de que ahí hay un sujeto a responder y por otro lado la falta de la madre en su no-saberlo todo y suponerle un saber al otro, un saber sobre su falta. Un vacío sobre el que nadie puede responder en tanto el Otro no puede completar ese hueco, quedando abierto el camino para el deseo. Esto produce el verdadero encuentro con otro. Si hay encuentro con otro es partir del vacío. Esto da cuenta de la frase de Lacan “el deseo es dar lo que no se tiene”.

La madre ha de procurar la falta en el niño, para poder entrar en contacto con la propia, la falta ha de procurarse y el efecto de esta, es la inscripción del vacio, de bordes inscritos que permitan el estar y el no-estar, bordes que permiten relacionarse con la nada; pasaje de la dimensión de lo absoluto a la dimensión simbólica, de la omnipresencia de la nada a los bordes del vacío.

Entre presencias y ausencias el sujeto se ve potenciado a representar la ausencia del objeto de satisfacción, donde al mismo tiempo que algo se inscribe, queda un vacio, así el sujeto deviene y se expresa ante el corte.

Pero resulta común escuchar en los padres de niños que vienen estructurando este estado autista frases como: “siempre le hemos dado todo”, “nunca lo dejaba llorar de bebe porque no soportaba su llanto”, “me anticipo antes de que pida”, “conozco muy bien a mi hijo, se todo lo que quiere”, “lo chiflo mucho, le he dado mucho amor, siento que si le falta algo es porque no se ser buena madre”, “mi esposo dice que no lo chifle tanto, pero pobre de mi hijo enfermo, yo le doy las cosas sin que el se de cuenta”, discursos totalizantes que no permiten la inscripción del vacío, que funcionan como tapón de la falta y que como puede escucharse, no solo de la imposibilidad de vivir duelo y ausencia por parte del niño, sino también del lugar del saberlo todo, darlo todo por parte de los padres; como mencionamos antes, si hay encuentro con otro es a partir del vacio; en este lugar sin vacios hay subjetivamente un desencuentro. En este sentido podemos decir que el estado autista implica la falta de la falta. Lo que falta en esa estructuración fallida es justamente que algo falte, no hay vacío.

Mauricio Alfredo Gómez Álvarez
Extracto de su texto:
Reflexiones acerca de la constitución subjetiva, 
el estado autista y su clínica.


Agradezco a mi colega de Monterrey (México), Mauricio Alfredo,  por sus cordiales palabras y por acercarme parte de sus reflexiones con las cuales viene trabajando hace varios años; y su licencia para poder compartirlas con los lectores de mi Blog.


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