Breve Discurso a los Psiquiatras

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Para muchos psiquiatras este discurso de Lacan ha sido un Antes y un Después en su formación y en su pasaje de la Medicina al Psicoanálisis. Así nos lo recuerda -en su Reseña Curricular- Marcelo Pasternac, colega argentino radicado en México: "La conferencia de Lacan que circula con el nombre de “Petit discours aux psychiatres”, a la que asistí en 1967, contribuyó a mi abandono de la psiquiatría y a la dedicación plena al psicoanálisis."  
( Como sabemos un alto porcentaje de los analistas porteños son psiquiatras; pero -obviamente- no funcionan como psiquiatras sino como analistas. )
Cito aquí algunos parráfos de dicho Discurso:
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No hay necesidad de conciencia de masa, hay efectos de masa pero en el nivel de los efectos de masa, que no son más que la adición de un cierto número de efectos particulares que se producen que tienen  por resultado hacer que el psiquiatra se ocupe cada vez menos de lo que llamamos el enfermo, en general. Se ocupa de éste cada vez menos, porque está muy ocupado con su formación psicoanalítica, y porque piensa que hasta tanto no tenga la clave que puede proporcionarle el psicoanálisis, bueno, en fin, no valdrá la pena hacer lo que hasta entonces no será más que grosera escarda, aproximación desconsiderada.
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El resultado, es que durante su período de formación, precisamente, que es el del internado, él no piensa en absoluto en lo que es de su posición de psiquiatra: él se con¬sidera como psicoanalista en formación. Es en un porvenir venturoso, que se esperará el resultado.
Además, un cierto número de malentendidos existen en la base, por ejemplo los que florecen en la boca de los candidatos... debo decir que en el curso de una existencia ya prolongada, ya ví presentarse ante mí no pocos candidatos a la posición de psicoanalista, y que, como una manera de empezar la entrevista, les pregunto: “en fin, ¿qué lo im¬pulsa a seguir ese camino?”... Desde luego, se trata de una pregunta para la cual sobreabundan las respuestas, pero hay una que siempre se adelanta, porque es evidentemente la más noble, es el deseo de comprender a sus enfermos. Evidentemente, no puedo decir que eso no sea un motivo completamente aceptable, la pri¬mera cosa, en efecto, que aparece, que puede manifestarse muy bien, es que hay algo que no anda del lado de la comprensión cuando uno está en presencia de lo que, de todos modos hay que decirlo, es el corazón, el centro del campo del psiquiatra, y que es preciso llamar por su nombre: es el loco. Psicótico, si ustedes quieren.
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Salvo que no es sólo eso lo que hay en la experiencia de un psiquiatra, también hay un montón de otros enfermos que, por razones policiales, vienen en el mismo marco, pero, en fin, afinemos nuestros violines, sepamos de qué tenemos que hablar, es del loco. Podemos hablar de un montón de otras cosas que no son los locos, aunque sean personas que vienen a los mismos lugares que aquellos donde cuidamos al loco, son los dementes, personas debilitadas, desintegradas, disgregadas, puestos de manera pasajera en estado de minusvalía mental; eso no es lo que, para hablar con propiedad, es el objeto del psiquiatra.
Es por eso que hay que hacer una gran diferencia entre cierta teoría que puede llamarse, más o menos justamente, desestructuración de la conciencia, u otro modo de órgano-dinamismo que juegue en el sentido de una menor función, sigue siendo cierto que parece y justamente, en toda la medida en que dicho órgano-dinamismo ha tenido todo el tiempo... en fin... para extender sus luces que es preciso cambiar de registro, cuando hablamos, para hablar con propiedad, del loco. Por otra parte, los propios representantes los mismos de este órgano-dinamismo, experimentan bien la necesidad de este cambio de registro, y no pueden clasificar de manera unívoca las demencias y las locuras, en el mismo registro, digamos, jacksoniano. Hay que hacer intervenir otra cosa, a la que se apela cuando se está de ese lado a título de la personalidad, para comenzar a... y no ya sólamente de la conciencia, cuando se trata del loco.

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Si hay algo que el psicoanálisis está hecho para destacar, para valorizar, eso no es ciertamente el sentido, en el sentido, en efecto, en que las cosas producen sentido, en que creemos comunicarnos un sentido, sino justamente por señalar en qué fundamentos radicales de sin-sen¬tido y en qué sitios los sin-sentidos decisivos existen, sobre lo cual se funda la existencia de un cierto número de cosas que se llaman los hechos subjetivos. Es más bien en la localización de la no-comprensión, por el hecho de que se disipa, se borra, se pulveriza el terreno de la falsa comprensión, que puede producirse algo que sea ventajoso en la experiencia analítica.

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...Como ustedes saben, la psiquiatría -he escuchado eso en la televisión-  la psiquiatría vuelve a entrar en la medicina general sobre la base de esto, que la propia medicina general entra enteramente en el dinamismo farmacéutico. Evidentemente, ahí se producen cosas nuevas: se obnubila, se tempera, se interfiere o modifica... Pero no se sabe para nada lo que se modifica, ni, por otra parte, a dónde llegarán esas modificaciones, ni siquiera el sentido que tienen; puesto que se trata de sentido.

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En verdad, un hilito, ¡eh!, que ustedes encontrarían solitos, en esa relación de concernimiento con esa cosa verdaderamente única, problemática, que les es dada, no diré bajo el título de loco, porque eso no es un título... un loco, es a pesar de todo algo... eso resiste, vean, y que todavía no está cerca de desvanecerse simplemente en razón de la difusión del tratamiento farmacodinámico. Si ustedes tuvieran un hilito, cualquiera que sea, eso les sería más valioso que cualquier cosa, tanto más cuanto que eso los llevaría de todos modos necesariamente a aquello de lo que se trata.
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Para mí, el hilito ha sido éste ― yo no era un gran listo ― es esta cosa que se articula así, esto es: el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Yo hubiera podido partir de otro punto, pero ése me pa¬reció serio. O el inconsciente no quiere de¬cir nada de nada, o, des¬de que nos es presentado [...] quiero decir no [...] pero interrogándolo él mismo como psicoanalista, es a título de esto que es un lenguaje, con un cierto número de propiedades que sólo existen en la dimensión del lenguaje: la traducción, por ejemplo.
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Entonces... evidentemente, esto no va de suyo, más que si a este res¬pecto, por esta experiencia, y por este hilito que engancha eso, uno sa¬ca de ahí, tras un cierto nú¬mero de preguntas, lo que quiere decir un cierto número de respuestas — y en particular sobre esto: ¿qué es un lenguaje? Porque si, así, como primera aproximación, es imposible descartar eso: el lenguaje está allí: es incluso lo que domina, ésta es la más bella ocasión de preguntarse... cuando comencé con este hilito todavía no se había llegado, les ruego que lo crean ― ustedes lo olvidan porque, ante todo, ustedes nacieron ayer, no saben ― todavía no se había llegado a que todo el mundo hable de lingüística y Dios sabe cómo, ¡en la confusión más total! Porque la difusión de las ideas, no es eso lo que esclarece el espíritu, quien condiciona sin embargo las luces. En fin, por el momento, no hay nadie en la boca del cual ustedes no vean llevar a rastras, en fin, esos términos de “significante”, de “significado”, de “comunicación”, de “mensaje”... andamos con eso, ya no tenemos otras semillas; cuando se hace fisiología se considera que la tiroides envía un mensaje a la hipófisis... uno llama a eso un mensaje... Entiendo, es una cuestión de definición. Se trata de saber si eso es un lenguaje. Lo que es muy difícil es que, a partir del momento en que ustedes introducen la palabra “mensaje”, ¡es difícil no imaginar que la hipófisis lo recibe!... ¡y responde a él! Se habla también de mensaje más o menos a propósito de no sé qué objeto que ustedes descubren en el cielo. Se traduce en términos de mensaje el hecho de que, simplemente, ustedes lo ven, eso envía unas fotos... ¡como mensaje!

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En todo caso, para que ustedes comprendan mi hilito: el inconsciente está estructurado como un lenguaje; esto es que el lenguaje, todo el mundo lo sabe, en fin, vivimos ahí adentro, pero es bastante curioso, es muy curioso incluso, cuando se habla del lenguaje especialmente, uno se cree siempre obligado a ir a lo que es exactamente lo contrario de la experiencia más común: el lenguaje no está hecho para la comunicación.

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Lo que fabrica el lenguaje, por ejemplo, es el deseo, ¡eh! El deseo, después de todo, no es algo... que sea... que sea muy conocido. Entre los filósofos, siempre se ha considerado que eso era más bien el objeto a apartar para llegar a lo que se llama el conocimiento: el conocimiento se ve turbado, supuestamente, por el deseo... por otra parte, es cierto. ¡Pero eso se sostiene en que se creía en el conocimiento! No quiero entrar en el detalle de todo eso, hacer el... un dibujo sobre lo que distingue a lo que ha prevalecido durante siglos en lo que concierne a la función del conocimiento, con las posiciones bien diferentes que son las que debemos adoptar ahora, por el hecho de haber creado una cien¬cia que no debe absolutamente nada a las categorías del conocimiento, y que no está más mal por eso; nosotros, quizá, nos encontramos más mal por eso; pero no es eso lo que está en cuestión. Es que la ciencia funciona y... una multitud de dimensiones que suscitaba, que sugería esta [psicología] del conocimiento, están perfectamente perimidas y fuera de juego.
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Lo que es interesante, es que al considerar como siendo absolutamente coextensivo con el registro cada vez más elaborado de la ciencia, lo que recién he llamado el sujeto, podemos llegar a dar una teoría completamente diferente, completamente distinta y manejable de muy otro modo que todo lo que se ha hecho hasta ahora, de lo que es, ha¬blando propiamente, el deseo. E incluso tenemos, dado el caso, la dicha de percatarnos de que hubo, en fin, en algunas personas muy raras, entre los filosofantes del pasado, no sé qué que podría denominarse un presentimiento de eso. Es en Spinoza que pienso.

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...Lo que deja el fin de la experiencia analítica no sea otra cosa que tener a su término una [...], por el hecho de esta experiencia, que les permite saber lo que es ponerse ustedes mismos en este lugar del sujeto, en esta dependencia muy especial del significante, que hace que tal o cual enunciado que se deduce de ello, por ejemplo la validez de esta fórmula que yo enuncio: vuestro deseo no se concibe, no toma su justo lugar, no se anima más que porque ustedes se hayan efectivamente percatado de que él se ha formado en ese lugar que recién he llamado el lugar del Otro, con una A mayúscula, que es, por su naturaleza y por su función, deseo del Otro, y que ésta es precisamente la razón que hace que ustedes no puedan en ningún caso reconocerlo por sí solos, y que es esto lo que justifica que el análisis, ustedes no hayan podido proseguirlo más que con la ayuda de un analista; lo que no quiere decir que el analista sea el Otro, con una A mayúscula, del que he hablado recién, él es muy otra cosa, que no puedo explicarles esta noche.

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...Para explicarles las cosas simplemente, hay hombres libres, y como lo he dicho desde siempre, pues lo he escrito en el Congreso de Bonneval, mucho antes que los diciesiete años de los que se trata ― ustedes incluso no pueden  imaginarse hasta qué punyo soy viejo ― los hombres libres, los verdaderos, son precisamente los locos.  No hay demanda del a minúscula, su a minúscula él lo tiene, es lo que él llama sus voces, por ejemplo. Y eso por lo cual us¬tedes están en su presencia justificadamente angustiados es porque el loco es el hombre libre.  El no se sostiene en el lugar del Otro, del gran Otro, por el objeto a, el a él lo tiene a su disposición. El loco es verdaderamente el ser libre. El loco, en este sentido, es de una cierta manera ese ser de irrealidad, esa cosa absurda, absurda... por otra parte magnífica, como todo lo que es absurdo.

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La posición psiquiátrica es perfectamente definible históricamente. Hay un se¬ñor que se llama Michel Foucault y que ha escrito La histo¬ria de la locura;  él explica, valoriza, demuestra magníficamente la mutación, la mutación esencial, que resulta del momento en que esos locos ― con los cuales, en fin, se había actuado con ellos hasta entonces, Dios mío, como se había podido... en función de todo tipo de registros, y principal¬mente los registros de lo Sagrado ― todos esos locos han sido tratados, han sido tratados de la manera que se llama humanitaria, a saber: encerrados.
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Jacques Lacan
Petit discours de Jacques Lacan aux psychiatres. 
Cercle Psychiatrique H. Ey, Sainte Anne, 10-11-67.
Traducción: Ricardo Rodríguez Ponte, EFdeBA

Arte:
Baruch Spinoza
Caricatura de Floris Slloleveld


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