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Creérselo. La construcción fantasmática.

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Marcelo: quería preguntarte por qué siempre decís que el problema del sujeto es creérsela, y qué relación tiene eso con el Estadio del Espejo? No sé mucho de psicoanálisis pero me encanta leer y escuchar tus clases. Por otro lado, me analizo hace muchísimo tiempo y el otro día mi analista me dijo algo que leo siempre en tus escritos:”No vayas a creerte el personaje”.  ¡Espero no caer en eso! Debo necesitar más análisis, jaja… Gracias, N.R.




Hola. Ante todo decirte que si te analizás sabés mucho de psicoanálisis... Nadie que estudie psicoanálisis puede saber realmente psicoanálisis sino se analizó antes.
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Bueno, empecemos por preguntarnos esto: ¿Por qué Lacan decía que la única enfermedad del sujeto es su YO? Porque el sujeto termina por creer en su YO. He ahí el problema: el problema es creérselo: sí. Porque el YO es espejismo… El mismo espejismo que cuando en un desierto vemos agua… es nuestro deseo que así impone el espejismo… 
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Pongamos un ejemplo clásico que muchos analistas mencionamos siempre en las charlas sobre el amor: cuando uno termina una relación –y después del duelo respectivo- uno vuelve a ver a su ex y enuncia atónito: ¿Qué le vi? Exactamente: ¿Qué le vio? Es decir: ¿Qué construyó en base a su fantasma y en base a idealizaciones pertinentes?: un espejismo. Por eso creérselo es el espejismo mismo.
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Uno se cree tan irremplazable, tan imprescindible que piensa que los enunciados “el más bonito” o “el más inteligente” o “el más…” lo que sea, corresponde a una realidad objetiva. Como si no supiese que “el menos” puede transformarse en “el más” en cuestión de un tiempo lógico. Lógico, no cronológico: porque cada sujeto tiene su propio tiempo en la “construcción del otro”. 
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El otro día una analizante me decía: “Mi ex me sigue llamando después de un año… se cree tan pero tan único que piensa que yo puedo seguir viéndolo como antes…” Esto coincide con su inversa: hay gente que nos relata cosas como: “Mi ex me decía que después de tantos meses que nos separamos, mi piel sigue siendo tan suave…” Y, tras cartón, agregan: “Y ese día no me había depilado”- Es genial, obvio… porque no pasa por el real, sino por el imaginario.  
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Creérselo: todo un problema. Y no es que un poco no vamos a creernoslo, sino no tendríamos YO: si (yo) no me creo un poco que puedo ser bueno dando una charla o analizando; no podría hacerlo; el problema es cuando el personaje nos captura o quedamos alienados y pensamos que somos únicos.  Los dos extremos empobrecen nuestra dinámica: si pienso que soy único soy un boludo creído; y si pienso que no sirvo para nada (Si ya pintó Picasso, para qué voy a pintar yo; si ya Lacan dijo todo, para qué yo... etc.) también es negativo para poder seguir produciendo...
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Lacan decía “Vamos de la insuficiencia a la anticipación”. El niño –prematuro biológico- se ve al espejo y se reconoce ante otro aún antes que pueda hablar: la imagen lo captura. El otro le garantiza que es él: “ese es mi bebé”… El sujeto –alienado y tomado por el lenguaje- responde en tercera persona: “el bebé”-dice, señalándose. El enamorado -pongamos por caso- es un niño que cree: cree (aún) en la palabra del otro. Por eso por amor un sujeto puede hacer cosas impensables. Y por eso también cuando deja de creer, deja de amar. Porque el Otro -y el otro- ya no es garante de esa Palabra. Porque se da cuenta que el Otro miente, está barrado. Allí cae como Ideal.
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Esto de creérselo es un problema clínico -y ético- importante: un sujeto puede presentarse a dar un examen (o un casting, o un concurso) sin haber estudiado o sin estar totalmente formado justamente porque se la cree. Por eso siempre es necesario el Otro que avale –que garantice e incluso autorice- esa credibilidad: autorizarse sin otro se parece a la pura paranoia, es como decir(se): “Soy genial, y entonces ¡adelante!”  Esa “genialidad creída” es lo que conocemos, obviamente, como “creerse el falito (de mamá)” o –como digo a veces- lo que nos decía la tía Eulalia: “El bebé bonito y buenito”.   
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También por eso Lacan decía que está tan loco un sujeto que se cree Rey como un Rey que se cree Rey.  Hay que darse cuenta que es el otro el que nos hace. Por eso todo duelo implica ipso facto matar un pedazo de nuestro narcisismo. Por eso en un duelo, sí o sí, tenemos que aceptar perder.   Un análisis pretende bajar las identificaciones alienantes que hacen que un sujeto crea (y se la crea) que sigue siendo el falito Ideal del Otro. Justamente por eso la castración empieza y termina cuando se acepta la del Otro: aceptar que el Otro está castrado es –obviamente- aceptar que uno no puede rellenar(le) el hueco de su falta. Que no puede completarlo. Y eso, para nuestro narcisismo, es mortal.  Saludos, m.pérez-

arte:
Michael Manalo Vicente
Filipinas
http://theflickerees.wix.com/michaelvincentmanalo

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