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Amor Goce Deseo

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El amor genera límites al goce desatado. Por él frenan feroces apetitos. A su vez el amor encuentra barrera en aquello que pulsa, pues el amor, librado a su afán de fusión narcisista, lleva muerte a los amantes que manifiestan alimentarse sólo del amor y renuncian a todas las otras apetencias.

(…)

Las palabras no hacen el amor, pero para hacer el amor necesitamos palabras. Ése es uno de los grandes misterios de nuestra esencia humana. El amor va de la mano del enigma, que se extiende también al objeto de amor cuya presencia persiste en descentrar nuestra razón e incomodar nuestra naturaleza.

(…)

Pero si el objeto de amor no es superponible al objeto de goce, tampoco es seguro que coincida con el objeto de deseo.  Que es posible desear sin amar y amar sin desear es archisabido. Freud mismo lo desplegó en su trilogía sobre la psicología del amor, especialmente en el más abordado texto “Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa” (Freud, 1912). Hay sujetos que sólo gozan degradando su objeto, y sólo aman idealizando un objeto que no desean.


Así, cuando el deseo se presenta desamarrado, sin acceso a una porción de goce y sin realización amorosa alguna, suele desplazar su valencia incesantemente de un objeto a otro, sin anclar en ninguno, manteniendo sólo su cualidad metonímica. Es aquello de lo cual padece el conocido Don Juan.  Pero qué ocurre  si, a su vez, el amor se pronuncia desenlazado. Se ama, pero sin desear nada; el amor realiza en la apariencia la fusión anhelada, y ser amado es su único fin. Una expresión pertinaz de esta modalidad amorosa se revela en algunos síntomas como la impotencia sexual o la eyaculación precoz. Costo abonado por el sujeto que renuncia al goce fálico en el altar del narcisismo. Y finalmente, ¿qué ocurre cuando el goce se desamarra del amor? No encuentra más que el destino pulsional, al seguir el ansia de alcanzar la inmediata y absoluta satisfacción; absorbe en su torbellino el objeto hasta su aniquilación, pues su persistencia hace presente ella misma una falta.

ALBA FLESLER
El niño en análisis y el lugar de los padres 
Capítulo 2: Los Padres.
Paidós, Buenos Aires, 2011.

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