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Estado de Ira

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En el prólogo a Hedda Gabler & Peer Gynt,  Jorges Luis Borges, declaró:

"Gracias a Ibsen, la tesis de que una mujer tiene derecho a vivir su propia vida es ahora un lugar común. En 1879, era escandalosa.  En Londres, tuvieron que agregar a Una casa de muñecas una escena final, en la que Nora Helmer, arrepentida, vuelve a su hogar y a su familia.  En Paris agregaron un amante para que el público entendiera la acción.

(...)

La destreza técnica de Hedda Gabler (1890) puede llevar a la sospecha de que toda tragedia es mecánica y ha sido elaborada para inducir tales o cuales emociones, no en función de un carácter.  De hecho, Hedda Gabler es enigmática.  Hay quienes ven en ella una histérica; otros, una mera mundana; otros, una pequeña ave de presa. Y diría que es enigmática precisamente porque es real, como lo es cada  uno para los otros o para sí mismo, como Henrik Ibsen fue para Henrink Ibsen.  Anotemos, de paso, que las pistolas que el general Gabler lega a su hija, son no menos instrumentales para la acciòn que los personajes.

El tema constante de Ibsen es la discordia de lo real y de las ilusiones románticas. George Bernard Shaw, su apologista, y Max Nordau, su detractor, lo han equiparado a Cervantes.

Henrik Ibsen es de mañana y de hoy. Sin su gran sombra el teatro que lo sigue es inconcebible."

"Estado de Ira" es un intento de puesta de Hedda Gabler que incluye mucho más que un ensayo-general. Me acaba de informar un analizante que en la reposición que hicieran ahora en Buenos Aires; quedan sólo dos lunes para verla. Espero no pecar de fanático si digo que es una obra altamente recomendable -yo la he visto en la puesta del Teatro San Martin- no sólo por sus impecables actuaciones, sino por su mecanismo de relojería en dónde todo parece estar armado en honor al Teatro mismo.  Reproduzco aquì comentario de la blog Luna Teatral (http://lunateatral.blogspot.com/2011/11/estado-de-ira-de-ciro-zorzoli.htmlmap


Hedda Gabler, uno de los grandes éxitos del dramaturgo Henrik Ibsen, tiene una mirada realista y psicológica de la alta sociedad de finales del siglo XIX, fue estrenada en 1891 y es el hilo conductor que une los tres niveles de Estado de ira. Para el director y docente Ciro Zorzoli es la excusa para una producción acorde a los espectáculos dentro del marco del teatro de la calle Corrientes. Estrenada en el Teatro Sarmiento en el 2010, ahora fue reestrenada en el Metropolitan. Una gran producción donde once actores se desplazan constantemente entre elementos de utilería y practicables, tratando de armar sobre la marcha de este “ensayo general” la probable escenografía. Las “puertas” parecen tener algo de vida propia pues se acercan a los actores/personajes cuando la acción dramática así lo requiere. También, las pequeñas e íntimas situaciones entre los personajes que no “ensayan” a modo de extraescena en algún rincón del espacio escénico, entre bambalinas, le imprimen a la puesta en escena un ritmo sostenido. Así se yuxtaponen fragmentos de la obra que se ensaya con la realidad cotidiana que se filtra espontáneamente: un celular que suena, el refrigerio, el salario, el fin de la jornada,…. Pero, además, los enfrentamientos y reclamos entre los personajes, corridas y gritos, van produciendo un nerviosismo tal que durante esta larga noche alcanza el inevitable estado de ira. La obra comienza en el escenario de un teatro, como Seis actores en busca de autor, de Liugi Pirandello, y en esta supuesta dependencia pública Antonia Miguens (Paola Barrientos), actriz de reconocida trayectoria teatral, debe realizar el reemplazo para el personaje de Hedda Gabler. El “teatro dentro de un teatro” y la ruptura del espacio escénico por los actores/personajes, asimismo rompen con la cuarta pared e interpelan al público como también  el efecto que produce la iluminación de la sala. Así por momentos el espectador es cómplice y pasa a ser parte de la obra: el público del ensayo de Hedda Gabler. Por lo tanto, esta reflexión sobre los diferentes desafíos y mecanismo del hecho teatral no deja afuera a ninguno de sus integrantes. Las buenas actuaciones permiten diálogos fluidos y con mucho humor dan cuenta de las pasiones exacerbadas que interrumpen constantemente el “ensayo general” y no permiten a la actriz principal, Antonia Miguens, “poder terminar una escena”. Quizá si la duración real del texto espectáculo fuera de menor duración mantendría el clímax alcanzado desde el inicio. Es un intento de parodiar y desmitificar la labor de los actores en ciertos elencos estables en relación de dependencia. Una de las caras del complejo mundo teatral porteño, donde también hay, por suerte, muchos profesionales que sostienen un espectáculo con investigación, con mucho esfuerzo y con tiempo. Si Hedda Gabler interviene sobre los otros personajes para llevar adelante sus sueños, Antonia Miguens es su opuesto, ya que todos los actores/personajes se interponen ante su profundo deseo de actuar. Paola Barrientos es la actriz que con solvencia une los tres niveles que hemos nombrado al principio: la obra que se ensaya, la vida de los actores actuando personajes y la obra propiamente dicha: Estado de ira.


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