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Decisión & Definición

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Ya en quinto o sexto año de medicina participo con un grupo que tenía una cierta orientación política - en una línea donde después estuvo el padre Mujica, al que mataron los militares; yo, por suerte, fui antes – hacíamos un trabajo mitad político y mitad de atención a la gente, donde la atención era, por un lado médica, al nivel de lo más elemental - los chicos se morían como moscas cuando venía la diarrea, y en invierno la tuberculosis - en fin, conseguir los remedios, llevárselos, atenderlos, etc.. Pero por otro lado, con esta heterodoxia que me venía de Pichon, atendía a la gente, en entrevistas. Atendía pacientes, incluso parejas. 

Ahí descubrí que uno de los problemas más graves de la clase obrera es el alcoholismo. Por algo muy simple - eso lo aprendí ahí, sin leerlo en los libros – que si en la vida uno no encuentra algo que le dé sal y pimienta, la vida es insoportable. Si somos obreros y no tenemos ni para comer, y nuestra mujer es fea y bigotuda y no tenemos ni ganas de acostarnos – porque el pobre obrero no solo es pobre por no poder viajar a Europa, es pobre hasta en los niveles más elementales - es decir, si está casado con una mujer llena de arrugas porque no tiene plata ni para cosméticos, es atroz. Y eso no se dice.


    ¿Y entonces que le queda al obrero para encontrarle un gusto a la vida? El alcohol. Por supuesto, las señoras gordas le dicen "borracho, negro, andá a trabajar". No, es el anhelo de encontrarle un sabor a la vida. Entonces yo atendía la gente. Fueron mis primeras experiencias, los antecedentes.


    Hasta que me recibí, y de inmediato empecé a atender pacientes. Junto con otros jóvenes analistas fundamos una clínica, que entonces se conoció como la Clínica Díaz Vélez. Al comienzo se llamaba Centro de Medicina. Imaginen, éramos jóvenes, yo tenía 21 años, y tenía la idea de conjugar todo, una especie de ideal hegeliano, donde íbamos a atender a los pacientes en una perspectiva total. Era una idea de Bauleo. Entonces, psicoanálisis, pero también atender el cuerpo, etc.


    Hasta que después de dos o tres años me curé de eso. Mi jefe de clínica en el Sanatorio Municipal, y me dijo "Vegh, Ud. dio una magnifica charla sobre el asma bronquial – me tocaba a mi dar el ateneo - me doy cuenta que es estudioso e inteligente, pero si sigue así no va a ser ni buen clínico ni buen psicoanalista; le prohíbo que venga los próximos tres días y defínase".

    Ahí me di cuenta que mi vocación era el psicoanálisis, absolutamente, y de ahí en más, eso continuó.

Isidoro Vegh
Entrevista de G. Herreros / Michel Sauval

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