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El Siempre Bien Aventurado YO

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Estimado Marcelo Perez; quería preguntarle en relación a su respuesta a la colega de Santa Fe y con respecto a estos temas que acabo de ver en mi postgrado en Buenos Aires; por qué se dice que el “yo” es una enfermedad… Yo soy de Colombia, fui a Buenos Aires a hacer postgrado en psicoanálisis y entendí que no podemos estar sin “yo”, ¿verdad? Por otro lado: la pulsión ¿no es una fuerza que empuja y que en realidad es lo que daña al sujeto, y no su “yo”? ¿No dijo Freud que se trata de que el “yo” desaloje al Ello? Gracias por su respuesta. Saludos desde Tibirita.






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Bueno... Respondo directo desde la Blog... Cuántos colombianos/as llegan a Bs. As. Bienvenidos a la sede mundial del psicoanálisis: con sus esperanzas y con sus anhelos de diploma de postgrado… Pero como sabemos el diploma ambicionado a veces no alcanza para entender la letra que Lacan supo leer de Freud. Y digo “la letra” porque se trata de un problema de traducción desde el vamos: eso nos diferencia a un analista de otro: cómo leemos el texto del analizante.

Como se recordará Freud tiene un artículo (“Los vasallajes del Yo”) en donde nos dice que el YO debe “pelear” con la Realidad, con el Súper-Yo y con el Eso (el Ello, mal traducido). También es cierto que los postfreudianos hicieron de la sentencia de la Conferencia 31 (Wo Es Wall soll Ich werden) una práctica ajena a la lectura de Lacan. Ellos tradujeron “El YO debe desalojar al Ello” (y con eso vitaminizaron el YO), donde Lacan tradujo otra praxis (y esto lo menciono en uno de los videos, si mal no recuerdo la parte 4 o 5 del Cuerpo DEL psicoanálisis).

Primero, el ESO freudiano no es lo inconsciente. Segundo, el Ich freudiano no es el YO, sino el Sujeto. Tercero, el YO obviamente es parte del nudo de la estructura del Sujeto y decir “es la única enfermedad” no significa que haya que eliminarlo (esto aparte sería un imposible y un YO astillado ya sabemos qué genera), sino que hay que cuidarse de él como cuando se padece una diabetes crónica o una miopía. Y ahora que lo pienso no debe ser casualidad que haya escrito recién estos dos ejemplos: el YO endulza y enceguece al sujeto. Esa es la enfermedad; porque el sujeto (como lo dije en ese posteo) “se la cree” y no “ve” más allá de su ombligo.  La traducción lacaniana para ese enunciado es: "Allí donde el Sujeto de Goce estaba, es deber que el Sujeto (causado por su deseo) advenga". Lo que es lo mismo traducir -como lo ha hecho Isidoro Vegh- la famosa sentencia de Lacan como: "Del Padre Gozador es posible prescindir a condición de servirse del Padre de la Ley."  Como siempre: el tema es ajustarse a la Ley (del deseo, obvio: de la castración).

Ahora: el YO es una construcción pulsional: se ha formado a partir de la PALABRA del Otro. Y aquí quisiera introducir el tema de la pulsión, que obviamente golpea y fuerte al Sujeto.  La pulsión es un montaje y no pertenece en absoluto al registro orgánico. Pensarla como una fuerza es totalmente disparatado. Es no entender el corte epistémico que implica el pasaje a lo Cultural.  Es no entender que la letra es construcción significante: que el analizante sueña con palabras, no con imágenes; y que la sexualidad -y todos sus fetiches asociados- está bañada por el significante: ningún ser hablado/hablante se junta a tener sexo con otro por lo que le genera sus fenoromas o su aparato endócrino o por alguna rara necesidad de reproducción.  La pulsión es, justamente, lo que nos separa de la Naturaleza. Ese montaje se escribe, repito, con la pluma del Otro. Cuando José Grandinetti -dictandónos Escuela Francesa en la Facultad- una vez en una clase preguntó: “¿Qué es lo que pulsa?”- insistentemente, todos callamos. Yo tenía muchas ganas de decir “la palabra”, pero no me animé. Nunca lo olvido.  Él -entonces- lo dijo y rompió el silencio temeroso del grupo. Hoy me animo porque por fin entendí que no hay otra cosa que funde a un Sujeto sino la Palabra. Que la Palabra es Pulsión y que la Pulsión responde en el agujero que la palabra deja vacante porque –como sabemos- no puede decirse todo: la Demanda re-surge. Por eso Freud planteará el Des-Montaje articulado con el AMOR, siendo el amor el intento de recuperar lo perdido (lo no-todo); y por eso el matema de la pulsión (S ^ D) lleva la molécula de la Demanda: y toda Demanda -como sabemos- es de Amor.

Solidario con esto y volviendo al comienzo, el YO (es decir: la imagen que el sujeto cree haber(se) construido para que el Otro lo ame; en definitiva, su fantasma) es una enfermedad en el sentido del estancamiento de su dinámica; es decir, de su cristalización; que se construye para defenderse –cual muralla- del deseo (el fantasma es defensa) y -a la vez- es la causa del verdadero vasallaje del que padece el Sujeto cuando se interroga por su causa.

Por eso la agresividad imaginaria –y con ella cualquier guerra que se instala en este mundo- es consecuencia de la puja de YOES incapaces de aceptar el intento de recuperar por otra vía –por vía de la palabra- las faltas constitutivas. Así las guerras (desde las pasionales hasta las políticas) son el triunfo de lo imaginario sobre lo simbólico (de la imagen, del narcisismo, sobre la palabra): cuando el agujero no lo cubre el Verbo (y para eso se han creado la O.N.U. o las reuniones de consorcio) lo tapa el imaginario: o me compro un perro más grande que el vecino o pego un par de tiros o invado un territorio. Ese es el concepto de “enfermedad del YO” : enfermedad –o síntoma- de la posición narcística que re-cubre la angustia de castración y, obviamente, la reniega. Nunca olvidar que el YO es el almácigo de toda defensa. Por eso el Sujeto percibe su angustia (que Lacan llegó a decir que es "el único afecto") con su Yo; es decir: en el núcleo mismo de su Cuerpo, de su Ser.

Por otro lado, y clínicamente hablando, hay que permitir que el analizante (se) escuche desde que lugar está hablando. Desde dónde está siendo tomado (gozado) por el Otro. Los analizantes enseguida toman nota que es desde el sostén de ese YO que se paralizan, se inhiben, y hacen vista gorda a su deseo. Por eso Lacan, en el Seminario-1, dirá que se trata –en el dispositivo- de una dialéctica giratoria (cambio en la posición subjetiva) y diagramará el Modelo Òptico diciendo que “lo que está en A se escucha en B y a la vuelta lo oye el Sujeto”. Este “eco del discurso” no podría tomar existencia sin la presencia del (A)nalista que pueda ir –incluso causar- la palabra-plena: no olvidar que el imaginario (el blablabla) es palabra-vacía. Y aquí también está claro como el YO –en su manía defensiva- intentará tapar –con palabra vacia- el agujero de la falta. Por eso la frase que más escuchamos de nuestros analizantes es: “no sé”. A lo que solemos responder: “Sí, usted lo sabe. Tómese su tiempo…” Y cuando enuncian al fin lo sabido –siempre atónitos, con sorpresa de lo que van a enunciar- es el mismo YO (incluso avergonzado) que deberá aceptar que lo se está enunciando, justamente ES. “Tú eres ESO”- dirá Lacan. En nuestra praxis tenemos ejemplos cotidianos de cómo –incluso en los sueños- el YO habla desde su egoìsmo más extremo. No olvidemos que siempre el Sujeto es protagónico en un sueño (ese es su sueño justamente: ser siempre el falo).   Es en el Sueño dónde el Sujeto puede darse el lujo de matar, volar o simplemente enfermar para, por ejemplo, no accionar en otros aspectos que pueden hacer tambalear el marco del fantasma.

En definitiva, colega, a la pulsión la podemos sublimar o hacer con ella una Guerra... Es preferible la creación, como hace esta mujer, la Señora Macy Gray: de paso un poco de ritmo no viene mal después de tantas palabras... Me gusta el corito de "blancas", je... Cordiales saludos, marcelo pérez-

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