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Matrimonio Asexual

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Transcripciòn de un Mail recibido recientemente:

"Hola Marcelo: Soy Juan Manuel, de Formosa; ya te habìa escrito hace un año -estoy terminando la carrera de psicologìa y tus videos me ayudaron mucho- En esta oportunidad es para preguntarte què opiniòn tenès como psicoanalista de todo este tema del matrimonio gay tan en tapa hoy dìa. Muchas gracias otra vez! Saludos!"

Juan: ya que lo que me preguntàs es una cuestiòn que ùltimamente se viene reiterando; con tu permiso voy a publicar tu mail y mi respuesta en mi blog aprovechando la oportunidad.

Como sabemos las Leyes se crean -al menos esto es lo deseado- porque las fuerzas ciudadanas van instituyendo -al igual que como se produce una lengua- la necesidad de reglamentar algo que ya està de hecho instalado pero que falta el marco político para que eso que ya existe tenga no sólo derechos sino tambièn obligaciones sociales compartidadas. Es decir que el Estado tiene la obligaciòn de no hacer oìdos sordos a algo que ya està insitu instalado en lo social pero no institucionalizado. Por otro lado, dar marco legal a un proceso social o a acontecimientos que ocurren al margen de la ley està en el orden no sólo del deber político sino de la "higiene de la convivencia social"; por ejemplo el aborto -que ocurre más de lo que la gente cree- si tuviese un marco legal permitirìa que los médicos estuviesen amparados por la Ley y, a la vez, que las mujeres no aborten clandestinamente con los riesgos quirùrgicos que eso a veces implica. Hoy en día nadie podrìa imaginarse que el tràfico de automòviles no estuviese coordinado y reglamentado por ciertas leyes de tránsito que debieron implementándose con el correr de los avances sociales.

Ahora: el matrimonio no tiene sexo; al igual que el amor. Los gays vienen tratando de que se les brinde un derecho legal -como tampoco antes existìa en la mujer para ejercer su voto- pero tambièn -psicoanalíticamente hablando y como todo sujeto de lenguaje- necesitan un Significante que los amarre. Este significante (matrimonio, esposo, etc) ejerce sobre el sujeto un efecto de consistencia yoica que no sólo dinamiza el lazo social sino que amortigûa la angustia frente a la existencial pregunta: Què soy para el Otro? Pregunta que, como sabemos, Lacan extrae del Diablo Enamorado de Cazzotte para subrayar el lazo del grafo del deseo que èl mismo inventa para interpretar la dinámica deseante.

En lo particular, opino que ninguna ley transformará el goce del sujeto; aunque muchas veces puede delimitar su monto angustioso. Es decir: si el sujeto -represiòn mediante- no puede besarse con su pareja del mismo sexo frente a otros (frente a los hijos, por ejemplo, que ahora tambièn se solicitan en adopciòn) o simplemente no pueden tomarse de la mano por la calle como lo puede hacer cualquier pareja heterosexual; una ley no va a cambiar esta represiòn o esta demanda del Otro que instituye una connotaciòn inferior o maléfica de la sexualidad de ese sujeto, culpa mediante. Estos sujetos pueden fortalecer esa represiòn argumentando enunciados como "no necesito exhibirme" o "para què demostrar"... pero -como sabemos- esas no son más que racionalizaciones que ningún heterosexual que ama a su pareja se le ocurrirìa plantearse. Por otro lado, ¿què tendrìa de malo demostrar el amor que un sujeto siente por otro?

Espero mi larga respuesta pueda delimitar tus dudas. Un abrazo, marcelo.-

marcelo augusto pérez

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