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Para què sirve analizarse...

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¿Para qué sirve analizarse y cuánto dura un análisis?
-Extraìdo de 5 preguntas frecuentes a un analista-
- www.psicocorreo.com.ar/entrevistas.html -
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Vayamos de entrada a una cuestión obvia pero necesaria de aclarar: el psicoanálisis no sirve para dejar de sufrir: lo que Freud descubre es que el cuerpo –el aparato psíquico- es un lugar de conflicto por definición… por eso Lacan ha dicho: el cuerpo está hecho para gozar. Gozar demasiado es un problema… Acarrea culpa, enfermedad, muerte. Por eso los neuróticos escapan a eso con un deseo siempre insatisfecho… La Histérica es la figura por excelencia de este principio lacaniano. Pero una vez a Freud una paciente le preguntó que podría hacer el psicoanálisis por ella; y él respondió con una frase hoy muy conocida: “pasar de la miseria neurótica a la desdicha –o al infortunio, depende la traducción- cotidiano…” Es decir: una cosa es sufrir como un neurótico desdichado ad infinitud y otra cosa es poder soportar el sufrimiento que toda vida conlleva desde su primer grito.

Quien ha realizado un análisis siempre advertirá que algo se ha modificado; aunque no sepa bien qué… Ahora, el paciente llega, vía la angustia, con un síntoma. Y, en ese caso, uno podría afirmar que si ese síntoma que lo hacía sufrir desaparece –o se transforma- entonces hay una cura. Esto lo digo con cierto entrecomillado porque a mi juicio el análisis no cura nada; ni mucho menos previene. La estructura no tiene cura ni se puede prevenir lo inconsciente. Por otro lado hablar de cura es ya posicionarse desde un lugar médico, científico. La cura está en oposición a la enfermedad; y yo afirmo que la enfermedad no existe, y menos la enfermedad-mental como cientos de cientos de congresos, auspiciados por analistas, se encargan de proclamar y titular en sus encuentros: está bien para un Estado hablar de Salud Mental; pero me parece que el analista que habla de eso –y que además dicta congresos sobre eso- no tiene la menor idea de lo que descubrió Freud. Eso sí: la enfermedad no existe pero sí existen los enfermos; los que se saben enfermos… Lo explico rápido: una persona puede ser paralítica; puede incluso haber tenido cinco o diez operaciones de cáncer; puede tener toda la dentadura cariada; y no considerarse enferma. Otra, puede no tener nada científicamente comprobable por análisis, radiografías, etc; y sentirse enferma. Simple. Como dice Georges Canguilhem, la enfermedad es un concepto vulgar y no científico.

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Finalmente; un análisis no debe ser simplemente un procedimiento de lectura sobre el texto del analizante. Debe servir para inscribir algo en el orden de lo que Lacan llamó “un nuevo significante”… y la función le corresponde al analista… por ahí pasa mucho el famoso “horror al acto” que hace que se abandone la partida. Yo hasta diría que un análisis, si bien no pretende discurrir sobre el pasado sino sobre el presente; tiene que modificar el pasado. Sino es imposible la inscripción. Y aquí radica, creo, esa famosa frase de Freud de los tres imposibles: educar, gobernar y analizar. Pero en eso estamos, porque hay deseo.

Es decir que el nuestro es un oficio imposible que trata de modificar algo del pasado para inscribir algo en el presente con el objetivo –no de recordar- sino de olvidar: la histéricas sufren de reminiscencias; famoso apotegma de Freud.

Con respecto a la duración; habría que hablar del comienzo. Creo que depende de cómo comienza, cuánto dura y cómo termina. Por eso cada analista deberá hacerse cargo de esto para cada caso. Uno como analista debe, es un derecho y una obligación ética, insistir sobre el motivo de consulta –sobre el síntoma charlatán que debe ser desplegado- y no dar por supuesto absolutamente nada. Hay pacientes que tienen muchos problemas: adicciones, falta de trabajo, soledad, ansiedad, miedo a volar, o incluso –lo digo irónicamente pero para que se entienda el concepto- tienen que tomar el colectivo a las cuatro de la mañana para ir a trabajar… muchos problemas… Eso no quiere decir que estén sentados frente a nosotros para resolver ESOS problemas… quizás vengan para hacer el duelo de la muerte de un ser querido o para poder dar la última materia de la facultad. Hay que preguntar y no dar por supuesto. Es como si llegase un gasista a la casa de uno y este profesional, con cierta tendencia a hacer de todo un síntoma, comienza a oler gas en las escaleras… pero cuando llegar le dicen que lo contrataron para cambiar la garrafa porque está muy dura la manija… Digo una boludes para que se entienda lo siguiente: esa familia está acostumbrada a vivir con la pérdida de gas (quizás incluso se muera de eso); es decir tiene una manera de gozar… pero lo que le importa es que alguien le de vuelta la manija de la garrafa para poder seguir cocinando… Ahora claro: con el correr de un análisis la idea es que la familia cocine y no se ahogue… es decir, se modifique algo en el orden de ese goce. Por eso se podría diferenciar la demanda del síntoma. Sabemos que hay cosas que al paciente lo está matando lentamente; incluso cosas nimias como que tenga 30 años y siga viviendo con sus padres; pero no tenemos la lámpara mágica como para adivinar científicamente si eso le impide ser feliz. Algunos sujetos mueren felices, aunque prematuramente.

El final de un análisis depende, pues, de la apertura. De pensar que todo síntoma esconde algo en el orden sexual, de la satisfacción sustitutiva. En pensar que el goce fálico del síntoma puede transformarse en Otro Goce que de lugar al término creado por Lacan: el sinthôme.

El famoso escrito de Freud, “Análisis Terminable e Interminable” creo que hay que leerlo de dos maneras: el análisis es interminable porque uno siempre habla; por tanto siempre cometerá fallidos, producirá sueños y hará síntoma. Pero uno no siempre le habla a un analista. En la fórmula creada por Lacan del Discurso Amo; en la zona inferior (donde se lee el matema del fantasma) tenemos la economía del síntoma y su atravesamiento… Uno siempre habla pero no siempre le habla a un analista. Y hablarle al analista no es hablar a un cura, no es una simple confesión. El analista, a diferencia del cura, sabe que cualquier cosa que uno diga va a ser usado en su contra. “Tu eres Eso” –dirá Lacan; es decir que el analista –muy antipáticamente- propone que al rol de víctima con el que el paciente se muestra; se le devuelva su responsabilidad frente al conflicto. A diferencia del cura; el analista cree y debe hacer creer al analizante, en lo que Freud ha llamado inconsciente. A diferencia del cura, el analista sabe que el paciente dice más de lo que dice, o de lo que calla.

Se podría decir, también, que en cada sesión debería haber un final de análisis.

Marcelo Augusto Pérez

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