Ir al contenido principal

los ilusionistas del poder

-
-
-
-

.
El tiempo histórico no es lineal y consecutivo, sino recursivo, en cuanto recupera como destino presente lo que quedò en suspenso en el pasado. También se lo podría caracterizar como "tiempo arqueológico", que emerge al rescatarlo de las capas que recubren y delimitan su estar a la espera. Adquiere tambièn el sentido de "tiempo crítico", en cuanto establece diferencias en la aparente completitud del tiempo transcurrido, al restablecer como destino actual lo que faltaba. Desde este punto de vista, la secuencia temporal alcanza en la actualidad del acto el encuentro trágico con aquello que estaba pendiente. Es entonces tiempo de cumplimiento de un destino faltante, es un modo de revelación temporal, donde cada ahora es un ayer nuevo, que trae consigo un pasado -paradòjicamente- inesperado. Esta temporaciòn no sólo resulta acto dramático de una narrativa tràgica, sino que define con ello el sentido histórico del presente, en cuanto muestra de què modo èste se inscribe como una nueva época que hace historia. Es en nuestro tiempo que se impone como propio el tiempo de la imagen del hombre. La arqueologìa de este tiempo histórico es el sube y baja de lo que repite el desoculatamiento de la verdad que las máscaras imaginarias delatan. Nuestro tiempo se demarca por la eclosión del homo imago, el hombre que se iguala a su imago y pone a ésta como un ideal que coincide con lo que èl pretende ser.

.

GUILLERMO A. MACI
El tiempo de la imagen del hombre
EN: Los Ilusionistas del Poder.
El uso de la imagen en la dominación social.
Letra Viva Ediciones; Bs. As., 2010.
.
.

Entradas populares de este blog

Amar: dar lo que no se tiene a quien no es.

“Amar es dar lo que no se tiene, a quien no es”-Apotegma añejado por Jacques Lacan que a veces no se entiende. Si bien lo hemos dicho muchas veces en esta Blog (siempre que hablamos de Narcisismo, por ejemplo) merece ser abordado una vez más, ya que de esto se trata todo el secreto donde radica “la solución, doctor?” de todo conflicto entre dos sujetos que hablan.
Suena categórico y hasta paradigmático: es que lo es. Si creemos que la letra con sangre no entra (a diferencia de muchos -incluso políticos del Primer Mundo del Capitalismo- que piensan que al fuego hay que responderle con fuego) y si creemos que –aunque suene romanticón o naif- el amor es la única cura posible para la neurosis (que no tiene cura); entonces es claro que suene un apotegma riguroso.
El adagio de esa singular frase se debe descomponer así:
1)Amar es dar.  Es decir: entregar, ceder.  ¿Qué cosa? 2)Lo que no se tiene. Es decir: la falta. Es decir: lo que Lacan bautizó como el objeto-a: un objeto que no existe porque…

Sartre / El Salto del Sujeto.

Nietzsche sabía que la esperanza es la mayor causa de la infelicidad. El Buda –a diferencia de la máxima Cristiana: “Espera el mañana, allí vivirás un mundo mejor”-  también promulgó el mismo apotegma Nietzschiano: “Abandona la esperanza, abandona el deseo, y entonces vivirás el aquí y ahora.”  Jacques Lacan identificó a la esperanza como “las mañanas que cantan” y dijo haber tenido noticia de cómo en su nombre muchos sujetos se dirigían al suicidio. La cuestión es que la esperanza –y su padre: el deseo- es un problema del sujeto inmerso en el lenguaje. El problema es del lenguaje. Gracias al lenguaje amamos, deseamos, tenemos esperanza; pero sólo por el lenguaje –y a diferencia del animal- somos esclavos de ello mismo. Es decir: no tenemos un deseo; el deseo nos tiene. Hay un deseo al que se le supone un Sujeto. El Sujeto está atrapado –dominado- por el deseo que lo constituyó como tal.
En estos tiempos donde nos venden buzones de todos los colores -buzones que hemos comprado desde la…

la pèrdida en el horizonte

- - - - ¿Se acuerda de aquel libro de Vinicius de Moraes, Para vivir un gran amor? ¿Qué necesita uno para vivir un gran amor?
.
—Lo primero es animarse a correr el riesgo. Lo que yo observo en el consultorio, como una de las grandes barreras para el amor, es el temor de la mayoría de los humanos a correr el riesgo de la pérdida. Toda relación de amor presupone que alguno de los dos va a perder al otro. El otro puede morir o dejar de querernos. No hay ningún amor que no tenga en el horizonte la pérdida. Y hay que animarse a tolerar esa posibilidad. Mucha gente, porque no se anima a perder, vive perdiendo. Quiero decir: dan por perdido el amor antes de haberlo vivido. Eso es mucho más relevante, numéricamente, de lo que se supone. Inclusive, hay mucha gente a la que usted ve en pareja, casados o no, y sabe que ya no se aman. Uno los escucha hablar y se da cuenta de que no se animan a disolver su pareja y a armar otra nueva porque ya han dado por perdido el amor. Y han dado por perdido el amor…

Seguidores