Ir al contenido principal

(a)muros

-
-
-
.
Hay que pensar que el gusto por la casa individual es también una respuesta a la amenaza sobre lo íntimo. Esta amenaza la podemos pensar doblemente. Hay por un lado la invasión real por el o los poderes, lo que concierne al Estado y también a los poderes económicos. Pero hay que considerar también otra amenaza, un fantasma que hace que los individuos se sientan amenazados en sus goces no solamente por el Otro sino también por los otros, justamente por sus vecinos. Por una parte, entonces, ante la intrusión organizada en lo íntimo habrá una tendencia a encerrar la intimidad, a mantener al goce lo más encerrado posible, lo más separado posible. Se buscará, por otra parte, anclarlo en una tierra, o sea, no solamente en un lugar, sino en un pasado, en el de la familia, en el de su “pueblo”, en el de su cultura en donde el sujeto supone reencontrar o crear raíces, tendiendo a una identidad otra que la de ciudadano de la nación en la que vive. La casa erigida sobre el Nombre del Padre, que nunca está lejos, como sabemos de ser el nombre de lo peor.
(…)
Pero el gusto de la casa individual implica además otra separación. No sólo una manera de sustraerse al poder, es también una manera de separarse del vecino que, resumiendo, definiría aquí como: el vecino es aquel que no goza como yo. Eventualmente, nos cae bien nuestro vecino, pero no hay que restar importancia a lo que podemos llamar: la intolerancia hacia los otros goces. Es una intolerancia bastante irreductible. El discurso racista conforma su punta ideológica, pero esta intolerancia es estructural. Se ama a su propio goce, y puede ser que no se ame más que eso. El racista es el que, por una parte, se siente invadido por el goce del Otro, que quiere decir que, en cuanto siente los olores de cocina, o los ruidos raros que hace el vecino se va a sentir agredido. Y por otra parte, es aquel que mira al vecino como una amenaza sobre su propio goce.
.
GÈRARD WAJCMAN
La casa, lo íntimo, lo secreto
En: Las Tres Estéticas de Lacan
(Psicoanálisis y Arte)
Ediciones del Cifrado; Bs.As.; 2006.-
.
..

Entradas populares de este blog

Amar: dar lo que no se tiene a quien no es.

“Amar es dar lo que no se tiene, a quien no es”-Apotegma añejado por Jacques Lacan que a veces no se entiende. Si bien lo hemos dicho muchas veces en esta Blog (siempre que hablamos de Narcisismo, por ejemplo) merece ser abordado una vez más, ya que de esto se trata todo el secreto donde radica “la solución, doctor?” de todo conflicto entre dos sujetos que hablan.
Suena categórico y hasta paradigmático: es que lo es. Si creemos que la letra con sangre no entra (a diferencia de muchos -incluso políticos del Primer Mundo del Capitalismo- que piensan que al fuego hay que responderle con fuego) y si creemos que –aunque suene romanticón o naif- el amor es la única cura posible para la neurosis (que no tiene cura); entonces es claro que suene un apotegma riguroso.
El adagio de esa singular frase se debe descomponer así:
1)Amar es dar.  Es decir: entregar, ceder.  ¿Qué cosa? 2)Lo que no se tiene. Es decir: la falta. Es decir: lo que Lacan bautizó como el objeto-a: un objeto que no existe porque…

Sartre / El Salto del Sujeto.

Nietzsche sabía que la esperanza es la mayor causa de la infelicidad. El Buda –a diferencia de la máxima Cristiana: “Espera el mañana, allí vivirás un mundo mejor”-  también promulgó el mismo apotegma Nietzschiano: “Abandona la esperanza, abandona el deseo, y entonces vivirás el aquí y ahora.”  Jacques Lacan identificó a la esperanza como “las mañanas que cantan” y dijo haber tenido noticia de cómo en su nombre muchos sujetos se dirigían al suicidio. La cuestión es que la esperanza –y su padre: el deseo- es un problema del sujeto inmerso en el lenguaje. El problema es del lenguaje. Gracias al lenguaje amamos, deseamos, tenemos esperanza; pero sólo por el lenguaje –y a diferencia del animal- somos esclavos de ello mismo. Es decir: no tenemos un deseo; el deseo nos tiene. Hay un deseo al que se le supone un Sujeto. El Sujeto está atrapado –dominado- por el deseo que lo constituyó como tal.
En estos tiempos donde nos venden buzones de todos los colores -buzones que hemos comprado desde la…

la pèrdida en el horizonte

- - - - ¿Se acuerda de aquel libro de Vinicius de Moraes, Para vivir un gran amor? ¿Qué necesita uno para vivir un gran amor?
.
—Lo primero es animarse a correr el riesgo. Lo que yo observo en el consultorio, como una de las grandes barreras para el amor, es el temor de la mayoría de los humanos a correr el riesgo de la pérdida. Toda relación de amor presupone que alguno de los dos va a perder al otro. El otro puede morir o dejar de querernos. No hay ningún amor que no tenga en el horizonte la pérdida. Y hay que animarse a tolerar esa posibilidad. Mucha gente, porque no se anima a perder, vive perdiendo. Quiero decir: dan por perdido el amor antes de haberlo vivido. Eso es mucho más relevante, numéricamente, de lo que se supone. Inclusive, hay mucha gente a la que usted ve en pareja, casados o no, y sabe que ya no se aman. Uno los escucha hablar y se da cuenta de que no se animan a disolver su pareja y a armar otra nueva porque ya han dado por perdido el amor. Y han dado por perdido el amor…

Seguidores