Deseo del Analista

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El deseo del analista es definido por Lacan como el deseo de la máxima diferencia en la medida que separa el Ideal del objeto. La ética del análisis consiste en que "allí donde eso era, el sujeto deba advenir" ("Wo es war, soll Ich werden") o, mejor: Wo es war, muss a werden, imperativo propio del analista.
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El analista debe dejar advenir el objeto a para que el analizante lo pueda rechazar Se trata de un deseo producido en la operación analítica: implica la renuncia al goce y el des–ser. Cuando se opera en términos de goce está siempre en juego la recuperación. El lugar del analista está vaciado de goce pues ahí se trata siempre de operar con la pérdida, es decir, con la causa del deseo del Otro.
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El deseo del analista desnuda la estructura misma del deseo, es decir, su sitio definido como hiancia ya que siempre se ubica en el intervalo: entre percepción y deseo, entre demanda y necesidad, entre enunciado y enunciación.
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El posicionamiento del deseo del analista sólo puede considerarse advertido si esa advertencia implica un saber en hueco, es decir, un saber que no afirma nada de su objeto en términos positivos. La advertencia remite a la sustracción de la suposición de existencia del sujeto supuesto saber. No se trata tanto de que el sujeto supuesto saber no existe sino que el pasante no deja de "pasar" el saber sobre la inexistencia del sujeto supuesto saber. " Un deseo advertido de la inexistencia del sujeto supuesto saber no es deseo que haya sustituido un saber por otro, sino un deseo que se encuentra en otra relación con el saber". (14)
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"Para el analizante, el deseo del analista, que viene al sitio del deseo del Otro, no deja de ser un enigma, una x, en la medida en que el analista no responde a la demanda. Si el analista no responde a la demanda, no es en nombre de no se sabe qué virtud de la frustración, ni por un gusto intenso por las adivinanzas, sino efectivamente por una cuestión de estructura del deseo, a saber, porque el lenguaje viene a agujerear el ser de carne, y porque su demanda de articularse en significantes deja correr bajo ella un resto metonímico". (15)
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El imperativo "no ceder sobre el deseo" no puede ser concebido como un imperativo categórico porque es lo opuesto a la pretensión de establecer una premisa universal. "No ceder sobre el deseo "es hacer del deseo la marca de la imposibilidad de una proposición metalingüística que sostenga la idea de universo. La ética no se vocifera; se calla, no da preceptos" (16): "Se anuncia una ética, convertida al silencio, por la avenida no del espanto sino del deseo" (17). Es el deseo quien funda una ética del silencio como la única que podrá hacer surgir la palabra singular e imprevista allí donde el espanto evoca otro silencio: el que resultaría de la desaparición del orden simbólico por el intento de hacer existir el Otro del Otro.
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No se trata de conducir el resto ineliminable de la transferencia hacia Dios para alcanzar la beatitud, el apaciguamiento, la apatía, que la cura de amor, esencialmente religiosa pretende lograr eliminando de este modo la posibilidad de amor, que disuelve en goce. El deseo del analista es más bien deseo de ocupar el lugar de ese exceso que en el encuentro amoroso constituye un resto ineliminable: "Si la transferencia es aquello que de la pulsión la demanda aparta, el deseo del analista es aquello que lo trae de nuevo". (18)

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La demanda como demanda de amor procura que la propia falta sea colmada ofreciéndose el sujeto al Otro como objeto que puede llenar la falta de éste. La perspectiva del amor es así el borramiento de la diferencia, la anulación de la singularidad, la fusión del Uno con el Otro en el linde de la locura.
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La reintroducción de la pulsión por efecto del deseo del analista no excluye el amor; trata sólo de hacerlo soportable por medio de la obtención de la diferencia absoluta, diferencia que es la "que interviene cuando, confrontado al significante primordial, el sujeto viene en posición de sujetarse a él". (19)
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El análisis no pretende alcanzar la apatía del sujeto; "apuesta más bien a la posibilidad de que éste pueda sostener finalmente la posición de causa del deseo como salida frente al impasse del amor; porque si el amor excluye al deseo, éste no excluye al amor, puede más bien hacerlo soportable allí donde la imposibilidad de llenar la propia falta ofreciéndose al Otro como objeto que pueda colmar su falta lo constituye como paradigma de lo insoportable". (20)
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La existencia misma del psicoanálisis está ligada a esta imposibilidad del amor tal como se desprende de la pregunta que Freud le dirige a Pfister el 9 de octubre de 1918: "Respecto a la posibilidad de la sublimación hacia la religión, sólo me queda envidiarlo desde el punto de vista terapéutico. Pero lo hermoso de la religión desde luego no pertenece al psicoanálisis. Es natural que aquí, en la terapéutica nuestros caminos se separen y así puede continuar. Muy al margen, ¿por qué no fue uno de tantos piadosos quien fundó el psicoanálisis? ¿Por qué fue necesario esperar a un judío totalmente ateo?" (21).
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Rolando H. Karothy
EL DESEO DEL ANALISTA
Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis; Rosario; 1999.
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NOTAS
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(14) Jean Allouch: "Presencia del analista, suscitación del objeto", en Artefacto 1, México, 1990.
(15) Porge, Erik: "Sobre el deseo del analista", en Ornicar? 1, Ed. Petrel, Barcelona, 1981, pág. 212.
(16) Daniel Gerber: "Nada en exceso", en La clínica del amor, Fundación Mexicana de Psicoanálisis, México, 1992, pág. 107.
(17) Jacques Lacan: "Remarque sur le rapport de Daniel Lagache", en Ecrits, Ed. du Seuil, Paris, 1966, pág. 684.
(18) Jacques Lacan: Le Seminaire, Livre XI: Le quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, Seuil, Paris, 1973, pág. 245.
(19) Ibíd., pág. 248. En Lacan (no en Freud) hay una búsqueda de la pérdida, entusiasmo por la pérdida. El sujeto busca perderse para devenir causa. No es perder al otro sino una prueba de cuánto me desea el otro a través de la pregunta ¿puedes perderme?. El duelo está en el Otro, no es por el objeto sino por el otro cuyo objeto causa fuimos. El "amo en ti algo más que ti y por eso te mutilo" da una idea de por qué Lacan coloca la caída y la pérdida del lado del analista, al caer éste de la posición del SsS. El duelo, el agujero ha de quedar en el nivel de ese deseo de diferencia absoluta que es el deseo del analista.
(20) Daniel Gerber: "Nada en exceso", en La clínica del amor, Fund Mexicana de Psicoanálisis, México, 1992, págs. 109–110.
(21) Correspondencia Freud–Pfister, Fondo de Cultura Económica, México, 1966, pág. 39 y citado en el texto antes mencionado.
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