Ir al contenido principal

Sin fórmulas

.
.
.
Un breve relato contraejemplo de lo propuesto.
.
Dice una historia de la tradición Zen que había dos maestros, cada uno dirigía un santuario. Acostumbraban a enseñar a sus alumnos el arte de la respuesta. Un día se encuentran el alumno de un maestro con un alumno del otro. Uno le pregunta al otro que iba a la verdulería: -¿A dónde vas?. Aquél le responde: - Adonde me llevan mis pies. El primero anonadado, vuelve al maestro a contarle lo que el otro respondió. El maestro le sugiere: la próxima vez, cuando te diga "adonde me llevan mis pies" le dices "¿Y a dónde irías si no tuvieras pies?". Verás como el que quede consternado será él. Se vuelven a encontrar, le pregunta nuevamente: - ¿A dónde vas?. El otro le contesta: -Adonde me lleva el viento. Vuelta a quedar desubicado, regresa a lo de su maestro y le cuenta. El maestro insiste:- la próxima vez cuando te diga "Adonde me lleva el viento", le respondes: "¿Y a dónde irías si no tuvieras viento que te lleve?". Se vuelven a encontrar: -¿A dónde vas? le reitera. Responde el otro: - A la verdulería.
.
Si el control propone respuestas, recetas, obtendrá el fracaso. Porque no se trata de transmisión de conocimiento, como en el ejemplo que acabo de dar. Tampoco de una enseñanza artesanal, de un savoir-faire. Más bien de un savoir-y-faire, de un saber hacer ahí: ¿Saber hacer ahí con qué?: con su ser. Si el instrumento de un violinista es su violín, es imprescindible que suene bien (esto lo decía Michèle Montrelay en una entrevista). Es necesario que el analista tenga una buena relación con su ser, con sus bondades y aún con sus maldades, que las acepte con cariño. No para un retorno a la contra-transferencia, sino para cotejarla con la letra, pues si no hay confianza hacia lo que su propio ser le brinda, la práctica del análisis es irrealizable.
.
.
Isidoro Vegh
El análisis de control
Coloquio de verano "Resistencias al discurso análitico"
Escuela Freudiana de Buenos Aires
Enero de 2000.-
.
.

Entradas populares de este blog

Amar: dar lo que no se tiene a quien no es.

“Amar es dar lo que no se tiene, a quien no es”-Apotegma añejado por Jacques Lacan que a veces no se entiende. Si bien lo hemos dicho muchas veces en esta Blog (siempre que hablamos de Narcisismo, por ejemplo) merece ser abordado una vez más, ya que de esto se trata todo el secreto donde radica “la solución, doctor?” de todo conflicto entre dos sujetos que hablan.
Suena categórico y hasta paradigmático: es que lo es. Si creemos que la letra con sangre no entra (a diferencia de muchos -incluso políticos del Primer Mundo del Capitalismo- que piensan que al fuego hay que responderle con fuego) y si creemos que –aunque suene romanticón o naif- el amor es la única cura posible para la neurosis (que no tiene cura); entonces es claro que suene un apotegma riguroso.
El adagio de esa singular frase se debe descomponer así:
1)Amar es dar.  Es decir: entregar, ceder.  ¿Qué cosa? 2)Lo que no se tiene. Es decir: la falta. Es decir: lo que Lacan bautizó como el objeto-a: un objeto que no existe porque…

Sartre / El Salto del Sujeto.

Nietzsche sabía que la esperanza es la mayor causa de la infelicidad. El Buda –a diferencia de la máxima Cristiana: “Espera el mañana, allí vivirás un mundo mejor”-  también promulgó el mismo apotegma Nietzschiano: “Abandona la esperanza, abandona el deseo, y entonces vivirás el aquí y ahora.”  Jacques Lacan identificó a la esperanza como “las mañanas que cantan” y dijo haber tenido noticia de cómo en su nombre muchos sujetos se dirigían al suicidio. La cuestión es que la esperanza –y su padre: el deseo- es un problema del sujeto inmerso en el lenguaje. El problema es del lenguaje. Gracias al lenguaje amamos, deseamos, tenemos esperanza; pero sólo por el lenguaje –y a diferencia del animal- somos esclavos de ello mismo. Es decir: no tenemos un deseo; el deseo nos tiene. Hay un deseo al que se le supone un Sujeto. El Sujeto está atrapado –dominado- por el deseo que lo constituyó como tal.
En estos tiempos donde nos venden buzones de todos los colores -buzones que hemos comprado desde la…

la pèrdida en el horizonte

- - - - ¿Se acuerda de aquel libro de Vinicius de Moraes, Para vivir un gran amor? ¿Qué necesita uno para vivir un gran amor?
.
—Lo primero es animarse a correr el riesgo. Lo que yo observo en el consultorio, como una de las grandes barreras para el amor, es el temor de la mayoría de los humanos a correr el riesgo de la pérdida. Toda relación de amor presupone que alguno de los dos va a perder al otro. El otro puede morir o dejar de querernos. No hay ningún amor que no tenga en el horizonte la pérdida. Y hay que animarse a tolerar esa posibilidad. Mucha gente, porque no se anima a perder, vive perdiendo. Quiero decir: dan por perdido el amor antes de haberlo vivido. Eso es mucho más relevante, numéricamente, de lo que se supone. Inclusive, hay mucha gente a la que usted ve en pareja, casados o no, y sabe que ya no se aman. Uno los escucha hablar y se da cuenta de que no se animan a disolver su pareja y a armar otra nueva porque ya han dado por perdido el amor. Y han dado por perdido el amor…

Seguidores